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lunes, 20 de agosto de 2012

Crónica de una cadenus interruptus. Artículo de Thaelman Urgelles

Thaelman Urgelles

En Twitter: @TUrgelles

informe21.com

¡Uhhh… Ahhh… Contrato Ya…! Con este coro atronador los obreros de Sidor respondían a las engañosas ofertas de El Saliente, en la asamblea transmitida esta noche por cadena nacional, la cual tuvo que ser ostensiblemente interrumpida en medio de una confusa situación.

Desde el comienzo se notó una creciente tensión en el presidente saliente, quien trataba de mantener la serenidad para controlar la insatisfacción que bramaba en las tribunas repletas de obreros. En varias ocasiones logró su cometido, pero muy pronto sus afirmaciones sobre la situación de la empresa y anuncios de nuevos planes fantasmagóricos eran ruidosamente desmentidas por las barras obreras.

“En realidad no escucho bien lo que dicen, la acústica es mala…”, simulaba el cuestionado expositor. Interrogó a sus ministros, dio un pase al estado Anzoátegui y al regreso la actitud obrera se encontraba más caldeada. Entonces apeló a su “autoridad” y trató de “pecherear” a los protestatarios; alcanzó a decirles algo así como: “ustedes no le protestan así a la burguesía y en cambio le protestan a la revolución… Luego se puso a hablar de unas botellas, mientras gritos de “¡Justicia, Chávez… Justicia…!” se escuchaban más cercanos del presidium desde donde hablaba. Se le fue el audio, Nicolás Maduro se eyectó de su asiento en el presidium y dos edecanes presidenciales pasaron espantados por detrás. Al parecer, algunos obreros bajaron de las gradas adonde habían sido colocados y sus cánticos de justicia se aproximaban a El Saliente.

La imagen fue interrumpida y pasó hacia una cascada de agua, supuestamente de la central hidroeléctrica donde se realizaba el acto. Minutos más tarde, VTV pasó una extraña imagen muy contrapicada de El Saliente, solo y con un bebé en los brazos, mientras el periodista decía que “luego del acto, el presidente departió cordialmente con unas dos mil personas que allí se encontraban”. Mas en ningún momento la cámara mostró a esas dos mil personas, en realidad la única persona que con él departía era el bebé en sus brazos.

sábado, 9 de junio de 2012

Cada trampa desnuda su derrota. Artículo de Thaelman Urgelles

Cada trampa desnuda su derrota. Artículo de Thaelman Urgelles Thaelman Urgelles

En Twitter: @TUrgelles

diariodecaracas.com/blog

La decisión del CNE de no abrir un centro de votación en Miami obligará a los electores que viven en esa ciudad a trasladarse el 7-O a New Orleans, con alto costo en avión o de 14 horas por tierra o mar. Nadie duda que el gobierno pagará un alto costo en desprestigio por esta medida, pero con ella logra reducir en la mitad o más el número votantes efectivos entre los 23 mil registrados en Florida. Ya impidió, con el cierre del Consulado, el registro de miles de nuevos votantes. Si paga un costo en desprestigio por estas medidas, ¿por qué lo hace el gobierno? ¿Será porque tiene una ventaja de 30 puntos en las encuestas?

Cuando el TSJ entrega groseramente las denominaciones de Podemos y el PPT a auténticos usurpadores sin legitimidad, paga el chavismo también un alto costo en desprestigio. Todo ello se suma al expediente nacional e internacional por la descarada concentración de poderes. ¿Por qué, entonces, lo hace el chavismo? ¿Será porque tiene una ventaja de 30 puntos en las encuestas?

Por el contrario, la única razón posible de estas arbitrariedades es que el chavismno anda rasguñando ñereñeres de votos por todos lados: les restamos 15 mil en Miami, otro poco por Podemos y el PPT, otro poquito en Roma y Achaguas, otro pelo más allá… ¿Es ese el comportamiento de una fuerza que está ganando por una ventaja de 30 puntos irreversibles?

Quien va ganando de esa cómoda manera no arriesga su prestigio democrático por unos cuantos voticos aquí y allá. Mientras más atropellan de esa manera a los electores se desnuda más su desesperación ante la avalancha de votos que está consolidando Henrique Capriles. Olvídense de eso, tal aluvión de votos no se detiene con trampas burocráticas ni fraudes judiciales. Sería como detener un tsunami con las cuencas de las manos. @TUrgelles

jueves, 26 de enero de 2012

Análisis de Diego Arria por Thaelman Urgelles

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Thaelman Urgelles
informe21.com


Un buen amigo me relató que el primer debate entre cinco de los precandidatos lo observó por TV en compañía de uno de sus hijos y un sobrino, ambos profesionales de unos 23 años y de clase media alta. Cuando le tocó presentarse a Diego Arria, los muchachos le preguntaron al unísono: ¿Y quién es ese señor…? El episodio puede dar cuenta de la escasa cultura política de esos jóvenes, o de la poca información que aun existe acerca del proceso electoral de la MUD, o de cuánto ha cambiado el escenario sociopolítico del país. Pero de lo que no cabe ninguna duda es de lo que ello significa para la aspiración de Arria en este proceso, del lugar que él ocupa en el espectro de los aspirantes y de los desafíos objetivos que debe enfrentar si desea tener éxito, en la forma de ganar las elecciones primarias. No deseo, con esta anécdota, desmerecer a Diego Arria como factor protagónico en este momento político del país. De hecho, pienso que la misma pregunta hubiesen hecho aquellos jóvenes si en lugar de Diego Arria hubiesen estado allí Eduardo Fernández u Oswaldo Álvarez Paz. Y en descargo de todos ellos añado que la misma circunstancia me asalta a mí cuando tomo contacto con muchos de los miles de jóvenes que hoy aspiran a integrarse a la bullente actividad cinematográfica nacional, a la cual he dedicado casi toda mi vida...Este país ha cambiado mucho; un nuevo tramo generacional se ha plantado firmemente en la vía, con muy escasa solución de continuidad respecto de los tramos anteriores. El hombre sagaz e inteligente que es Diego Arria parece haberlo comprendido y a partir de ello ha diseñado su aspiración, habiendo alcanzado ya, en nuestro criterio, más de lo que muchos le augurábamos.

En el propio debate lo demostró: cuando el resto de los prometedores políticos, plenos de futuro, ofrecieron pocos matices diferenciales en sus muy competentes intervenciones, Arria fue capaz de presentar un discurso que lo demarcó del resto y al mismo tiempo le abrió cauce hacia una poco desestimable franja de electores seguros de oposición. Cuando los candidatos jóvenes evadieron los tradicionales temas de la oposición radical, Diego los abrazó sin rubor. Con ello logró, en esa escasa hora de TV, echar en su alforja electoral mucho más que lo que acumularon sus competidores.

Un poco de biografía

Diego Arria es un caso poco común de hombre público que ha logrado construir una carrera política sin el abrigo de ningún partido. Con singular audacia y sentido de la oportunidad, fue construyendo relaciones con personajes que a la postre detentaron poder y se hizo útil a ellos, a base de ser eficiente y digno de la confianza a tales dirigentes. Así, luego de una pasantía por la Corporación Venezolana de Hoteles y Turismo (CONAHOTU) durante el gobierno copeyano de Rafael Caldera (1969), fue capaz de traspasar su crédito como gerente al gobierno subsiguiente del adeco Carlos Andrés Pérez, a quien apoyó desde la campaña electoral. Pronto se ganó la confianza de Pérez, quien lo nombró en cargos importantes: la gobernación del Distrito Federal y el Ministerio de Información y Turismo.

No bien aceptado por el partido AD por su condición de funcionario independiente, Arria se desliga del gobierno de CAP y se lanza candidato a la presidencia a finales de ese mismo período (1978), apoyado por el partido situacional Causa Común, creado por él junto a algunos amigos. Al no alcanzar éxito en ese propósito, se retira de Venezuela durante unos diez años, aunque mantiene una estrecha relación de lealtad con el ex-presidente Pérez, quien ha quedado escaso de amigos luego del proceso denominado “Sierra Nevada”. Con CAP colabora eficazmente en sus relaciones internacionales y es un factor de primera importancia en el exitoso proyecto perecista de retorno al poder, en 1988.

Ya con mayor interés por el ámbito internacional, no desea regresar a Venezuela para la segunda presidencia de CAP; entonces, sus méritos y lealtad son premiados con la designación como Embajador de Venezuela en la Naciones Unidas (1991-1994). En este cargo, como en todas las oportunidades en que desempeñó alguna posición de importancia, en Embajador Arria tuvo la habilidad para establecer nexos para el futuro y para capitalizar sus logros hacia el fortalecimiento de su imagen pública. Así, durante esta gestión, sus dotes de negociador le permitieron obtener para Venezuela la posición de miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU y su talento de publicista le ha permitido redimensionar al máximo su pasantía de un mes como Presidente de dicho organismo, un cargo protocolar que el ingenioso Arria ha logrado proyectar casi como si se hubiese tratado del Secretario General de la ONU por 5 años.

Lo anterior lo decimos sin ningún ánimo descalificatorio, sino con la intención de destacar la enorme habilidad y eficiencia de Diego Arria en la promoción de sus proyectos políticos y personales. Algo que es esencial para los efectos de este análisis candidatural.

El otro gran paso dado por Arria en la ONU fue haberse integrado con la estructura funcionarial del organismo y particularmente con una estrella en ascenso, el Embajador Kofi Annan, quien sería designado Secretario General de la organización en 1997. A partir de allí, Diego se desempeñó como asesor especial de Annan, con importantes misiones internacionales, vinculadas con procesos de paz y causas de derechos humanos. Todo esto lo hizo, al parecer, mientras desarrollaba una carrera en los negocios, cuya cuantías e importancia se desconoce.

Durante los primeros seis o siete años de Chávez en el poder, Arria se mantuvo alejando físicamente de Venezuela, aunque su palabra estuvo presente con severas opiniones críticas, denuncias y, al parecer, en un activo lobby internacional en materia de derechos humanos. En los últimos años su presencia y voz han sido más activas, sus viajes al país más frecuentes y sus denuncias se hicieron más concretas. Ello le valió una dura represalia del gobierno, al serle confiscada violentamente la finca que posee en el Estado Carabobo. Arria no se amilanó por esta medida y, por el contrario, acentuó su perfil opositor.

En los dos últimos años se fue perfilando con mayor nitidez que los planes de Diego Arria comprendían una aspiración a posiciones cimeras en la lucha política y ello culminó en su inscripción como precandidato independiente a la presidencia, para las primarias de la mesa de Unidad Democrática (MUD).

La estrategia de Diego Arria

En un contexto de candidatos jóvenes, poco vinculados personalmente a las ejecutorias políticas y gubernamentales de la mal llamada IV República, Diego Arria arranca esta precampaña con la desventaja de poseer dos situaciones de imagen: para quienes tenemos más de 40 años, es un conspicuo representante de las administraciones adecas y copeyanas, mano derecha de CAP, a quien –muy meritoriamente- guardó lealtad hasta su último suspiro, y por algunos señalado –con base o sin ella- de haber construido su patrimonio financiero inicial en el ejercicio de aquellos cargos públicos; y para los menores de 40, Arria es un desconocido, en razón de su larga desvinculación presencial e institucional del país, durante los últimos 15 años.

Para superar ese hándicap y hacer que su aspiración sea algo más que simbólica, Arria tiene que apostar fuerte y para ello debe correr riesgos. Afortunadamente para él, ese es el terreno donde mejor sabe mover sus fichas. De ese modo, en un entorno en que la sensatez aconseja a los políticos opositores moderar el discurso antigubernamental en busca de la porción de simpatizantes desencantados de Chávez que nos ayuden a completar los votos necesarios para derrotarlo, Arria eligió convertirse en el adalid de la oposición más radical y emotiva: la que protagonizó las protestas de 2001 a 2004, la del paro y el 11 de abril, la que aun pelea por los presos políticos, la heredera de los mártires laborales del petróleo… En fin, la que anhela, más allá de la derrota de Chávez y la reconstrucción democrática, un castigo ejemplar para todas las fechorías, abusos y humillaciones a los que ha sido sometida la población durante estos 13 años.

Y vaya que, en pocas semanas, lo ha conseguido. Sus contundentes intervenciones en el debate, en ninguna de las cuales llegó a consumir el minuto asignado, y el cumplimiento inmediato de su repetida promesa de denunciar al presidente Chávez ante el tribunal Internacional de La Haya, le han permitido agrupar en torno de su aspiración a los miles de compatriotas que mantienen esa postura vertical frente al régimen; en su mayoría mujeres, quienes se han destacado en estos años por su consecuencia, activismo y emotividad para la lucha.

¿Le alcanzará a Arria este segmento de los votantes opositores para ganar las primarias? Todos a quienes les he expuesto oralmente este análisis coinciden en que Diego Arria no puede ganar las primarias con el apoyo único de los opositores radicales (y es evidente que ese discurso y esa práctica no convocarán votantes más allá de este sector). También tendemos a compartir ese criterio, pero el examen más detenido de ciertos escenarios pondría en duda estas certezas. Veamos:

Pocas de las encuestas conocidas suelen medir discriminadamente el antichavismo radical o moderado de los venezolanos. Entre las que hemos podido encontrar con ese ítem, la posición “muy antichavista” se situaba –en 2009 y 2010- entre un 17% y un 22% de los entrevistados. Si tomamos la cota superior (22%); a ella abría que restar por lo menos la mitad, correspondiente a quienes se declaran muy antichavistas pero no comparten el discurso polarizado de Arria y sus acciones como la demanda en La Haya. Porque no todos los “muy antichavistas” compartimos esa estrategia (quien escribe se declara muy antichavista y no la comparte; y pensamos que los precandidatos Machado, Capriles, López y Pérez también se consideran a sí mismos “muy antichavistas”).

Convengamos, entonces, que un 11% de los venezolanos “muy antichavistas” comparten con Diego Arria la necesidad de juzgar ahora mismo al presidente en La Haya y que la prioridad nacional es realizar un gobierno de transición, mediante una Asamblea Constituyente, luego de desplazar a Chávez del poder, y dar un castigo ejemplar a los funcionarios comprometidos en irregularidades administrativas o delitos contra los derechos humanos. Si a ello restamos el 30% de abstencionistas crónicos, tendremos que el 7.7% del universo electoral registrado es el público potencial del mensaje de Diego Arria. Hay que añadir la circunstancia de que se trata de una población “resteada”, fogueada en la calle, que saldrá a votar a todo evento en las primarias si quien la convoca despliega –como lo hace Arria- el mensaje radical adecuado.

Bueno, ese 7.7% representa 1.38 millones de votantes registrados, que no son conchas de ajo. Son más que los cacareados votos que cada uno de los grandes partidos sacó en las recientes elecciones parlamentarias, que no fueron unas primarias sino elecciones generales (donde votan más personas que unas primarias). Son más que los famosos votos zulianos que, según, posee Pablo Pérez en su bolsillo. Y muchos más que los que tendría Capriles Radonsky en Miranda. Entonces, hay que dejarse de estimaciones ojo-porcentuales y examinar con frialdad los escenarios que se pueden presentar.

Nos parece una de esas ingenuidades de aficionados (o carnada de bellacos para los incautos) la especie de que el chavismo “mandará a votar en las primarias por el candidato que más les convenga”. Lo que si hará el chavismo –y ya se está viendo desde ahora- es boicotear, con toda clase de amenazas, rumores y violencias, la concurrencia masiva de electores. Y dependiendo de la intensidad de tales acciones violentas, el universo de los votantes puede reducirse a la gente más comprometida políticamente, bien sea por su militancia en algunos de los partidos o por su beligerancia antigubernamental. En un escenario tal no resulta nada descabellado un triunfo de Diego Arria.

Si así ocurrieren las cosas, el gobierno habría cumplido su cometido de ayudar a que se elija “el candidato que más le conviene”. Porque, dicho con todo respeto por su figura pública, Diego Arria sería –exceptuando a Pablo Medina- el candidato más débil que pueda presentar la oposición, frente a Chávez o frente a cualquiera de sus eventuales reemplazantes. En unas elecciones generales no pesaría, tanto como pesa en la oposición, el segmento de los radicales antichavistas. Arria comenzaría la campaña con una imagen radical que choca con el ideal de líder que manifiesta el 70% de los venezolanos y le resultaría imposible cambiarla, dados los esfuerzos que hará el chavismo para remarcarlo. Eso sin contar con sus vínculos innegables con un pasado al que la mayoría de los venezolanos, incluyendo millones de opositores, no desea retornar; y las consejas que se tejen -merecida o inmerecidamente- acerca de su comportamiento administrativo en cargos de poder.

No obstante lo analizado, somos optimistas en cuanto al desenlace de las elecciones primarias. Dado que la posibilidad de Diego Arria triunfar en ellas son inversamente proporcionales a la concurrencia de electores, pensamos que la población se volcará el 12 de febrero a los centros de votación, por sobre las amenazas y actos violentos que promueva el sector oficial. Y que nuestros amigos que restan importancia a este alerta van a tener razón.

Finalmente debemos reconocer que, en este proceso, ya a Diego Arria nadie quita lo bailado. Aunque su candidatura vaya a crecer más de los que él mismo quizás se propuso inicialmente, y aunque eso no le alcance para dar la sorpresa descomunal que aquí no descartamos, ya Arria tiene ganado un lugar protagónico en la Venezuela postchavista, mucho más que todos sus congeneracionales que disfrutan de respaldo partidista o mediático –Fernández, Álvarez Paz, Petkoff, Martín-. Muchos dicen, quizás con razón, que Diego se lanzó “para negociar un lugar en la sexta república”. Esperamos sinceramente que el aporte que le corresponda dar en esa etapa sea fructífero para la Nación que nos tocará reconstruir entre todos.

Thaelman Urgelles
Informe 21

Pablo Pérez en los análisis de @turgelles

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Thaelman Urgelles
En Twitter: @turgelles
informe21.com/


Ser un gerente, con una obra que mostrar, gobernador del estado Zulia, el más importante y poblado del país, donde la oposición está consolidada como clara mayoría,y su lanzamiento como candidato por tres de los principales partidos de la oposición se mostró como un serio desafío al liderato que hasta ese momento tenía Henrique Capriles Radonsky. ¿Será todo eso suficiente para llevar a Pablo Pérez a encarnar la candidatura de oposición el 7 de octubre próximo?...

Biografía
La supuesta ventaja de Pablo Pérez Álvarez al poseer, junto a su tocayo Medina, una imagen de hombre de pueblo frente a la imagen “sifrina” del resto de sus oponentes, se ve considerablemente compensada por sus escasos antecedentes como fajador en la dura arena política de los últimos años. Pérez no puede mostrar heridas de batalla como el juicio y prisión de Capriles Radonsky, la inhabilitación de Leopoldo, los juicios contra María Corina y Súmate, la salvaje expropiación contra Diego Arria, el intenso protagonismo de todos ellos en calles y tribunas públicas, así como la muy extensa trayectoria de lucha política y social de Pablo Medina. Su biografía política personal es, para resumir, un tanto exigua.

Aunque su linaje político es el más antiguo entre todos los precandidatos. Su más extensa biografía, cuasi oficial, publicada en Internet, narra de una abuela adeca – doña Amalia Herrera de Pérez- quien en Maracaibo organizaba reuniones clandestinas durante la dictadura de Pérez Jiménez. Su padre, el abogado zuliano Pablo Pérez Herrera, fue dirigente de Acción Democrática en ese estado, donde ejerció importantes cargos de gobierno y al que representó por un período en el Congreso de la República, en 1968. El doctor Pérez y su esposa Juanita Álvarez son incluso compadres de bautismo de Carlos Andrés Pérez, cuyos nombres y apellido son ostentados por su ahijado, un hermano menor de Pablo. Algunos atribuyen esa relación de ahijado con CAP al propio precandidato, algo que no ha sido suficientemente desmentido y que de ser cierto le daría otra coincidencia con Chávez, quien arrastra la conseja de que su segundo nombre le fue asignado en honor a su padrino Rafael Caldera.

Pablo Martín Pérez Álvarez nació en Maracaibo, estado Zulia, el 19 de agosto de 1969. Zuliano de varias generaciones aunque una de sus estirpes es andina, de la etnia indígena timoto-cuica, procedencia muy favorable de cara al proyecto de oponer a Chávez un gallo de su misma casta. Según Pérez, su abuelo andino vino al Zulia, como miles de campesinos venezolanos, en busca de un puesto de trabajo en la industria petrolera que se expandía en la región. Al abrigo de la cosecha petrolera, la familia de origen proletario pudo ascender pronto a la clase media, concretamente con el título de abogado de Pablo Pérez Herrera. Ello permitió que Pablo y sus hermanos recibieran educación en uno de los mejores colegios católicos de Maracaibo, donde destacó en los estudios y en la práctica del béisbol y el baloncesto, algo muy común en el muy deportivo estado Zulia y afín con la contextura atlética del joven.

La referida biografía habla de un adolescente vocación sacerdotal, la cual por lo visto fue desechada por otras opciones profesionales. Dado que en los colegios privados no suele permitirse la actividad política, el estudiante Pablo Pérez sólo pudo cumplir el mandato de toda familia venezolana politizada, al comenzar sus estudios de derecho en la Universidad del Zulia: inmediatamente se inscribió en la juventud de Acción Democrática, lo que le permitió ocupar posiciones de representación en el Centro de Estudiantes de la Facultad, en la directiva de la FCU y como Responsable Universitario de AD. Ello no le impidió continuar con la vocación deportiva, a esas alturas como dirigente en organizaciones de baloncesto.

Al egresar en 1994 como abogado de LUZ, Pablo Pérez Álvarez era lo que se llama “un excelente muchacho”. Debemos sin embargo, para ser justos, mantener la mirada exigente que hemos tenido hacia los demás precandidatos, y en tal sentido observar que entre el grado de bachiller de Pérez y el de abogado mediaron 8 años. Las razones no divulgadas de ello podrían remitir a algún viaje, enfermedad o algún otro tipo de problemas o proyectos personales, pero no es ocioso suponer que el joven activista político haya sufrido en esos años el mismo síndrome de “estudiante profesional” que suele afectar a muchos de sus congéneres en las universidades públicas del país.

Lo cierto es que luego de su grado ya estaba en las lides gremiales, en el Colegio de Abogados del estado Zulia, donde fungió como Secretario y luego Vicepresidente. Y muy pronto -en 1995, a los 26 años- unió su destino profesional y político a la figura de Manuel Rosales, quien acababa de asumir su primer período como Alcalde de Maracaibo. No es injusto decir que la carrera política y pública de Pérez se ha desarrollado a la sombra del fulgurante éxito que tuvo en el Zulia Manuel Rosales, a partir de 1990.

Ha sido como eficiente y leal colaborador y luego, como heredero de las posiciones que fue dejando Rosales en su ascendente carrera (y luego en su circunstancial declive) que Pablo Pérez construyó su ascenso político, primero en la región zuliana y ahora en escala nacional. Y no debe haberle sido fácil ocupar tales espacios, en un contexto como el zuliano, pleno de profesionales y activistas políticos competentes y hábiles para el manejo político. Basta con revisar el equipo de gerentes públicos y operadores políticos que han acompañado a Rosales en los 15 años de sus ejecutorias para respetar a quien en poco tiempo, y con menor edad, logró colocarse como el segundo de a bordo en el proyecto.

Es larga la lista de posiciones administrativas y gerenciales zulianas ocupadas por Pérez en el gobierno zuliano. No viene al caso enumerarlas, pues están en todos sus resúmenes biográficos. Baste señalar que van desde la más modesta -asesor jurídico en el Concejo Municipal de Maracaibo- hasta la elevada secretaría general de gobierno del estado, antesala de su elección como gobernador. Todo ello en pocos años, lo cual da cuenta de una sobresaliente capacidad para la gerencia pública, aunque su rápido éxito también supone que no ha sido un minusválido en el forcejeo palaciego.

A partir de su ingreso a la administración pública, no hay en este currículum mayores logros de carrera político-partidista. Al parecer el joven abogado se concentró en el ejercicio eficiente de sus cargos públicos antes que a las tareas político-organizativas. Recuérdese que, ya a principios de los años 2000, Rosales se distanció de AD y poco después fundó la organización regional UNT; en tal proceso participó sin duda Pérez, pero no se lo visualiza como uno de los activistas principales. Salvo demostración en contrario, la imagen que tenemos de Pablo Pérez es la del administrador que cuidó la bodega mientras Rosales y sus lugartenientes construían el partido, producían las victorias electorales y gestaban el salto a la arena nacional. El valor de esta suplencia debió ser decisivo en 2006, cuando Rosales debió dedicar más de la mitad del año a la precampaña y campaña presidencial, como abanderado de la oposición.

(En las recientes afirmaciones hemos empleado un tono supositivo, dado que no hemos entrevistado a nadie ni consultado otras fuentes que las disponibles para cualquier venezolano común. No hemos asumido estos análisis como una investigación histórica sino como ensayos de reflexión ciudadana, a partir de la observación cotidiana de la realidad).

En 2004, Pablo Pérez es designado por Un Nuevo Tiempo como candidato a la alcaldía que 4 años atrás había dejado el jefe del movimiento. Es sin duda un logro político importante, obtenido –siempre según nuestra suposición- más por su prestigio como gerente público que por sus habilidades para manejarse dentro del aparato. Insistimos en esta circunstancia, porque ella nos va dibujando el ascenso de una figura política que corresponde a una nueva y aun larvada Venezuela: aquella donde la fuerza de las capacidades, de los logros concretos, tiende a privar sobre el tradicional juego de maniobras internas dentro de los partidos. En las formas políticas previas –que sin duda se mantienen vivas, pero agonizan ante el empuje de una ciudadanía cada vez más despierta y exigente- una selección de este tipo recaería directamente en un adlátere del jefe partidista de turno antes que en el funcionario adecuado para ejercer el cargo en disputa. Al observar su desempeño posterior a esos años, no dudamos en otorgar ese mérito a Pablo Pérez.

No le alcanzaron, sin embargo, para vencer en su primera confrontación electoral de envergadura. Enfrentado al alcalde en ejercicio Giancarlo Di Martino -electo en el 2000 como candidato de UNT, pasado luego al campo oficialista, y uno de los pocos de ese sector, junto a Henry Falcón en Barquisimeto, que ofrecía una obra municipal respetable- resultó derrotado en una elección muy reñida, cuyos resultados debieron esperar el día siguiente de las votaciones. El escaso conocimiento que había de su figura, más el ventajismo y las manipulaciones habituales en favor de los candidatos oficiales, privaron para el resultado adverso, que el mismo Pablo ha reconocido como un momento muy doloroso de su carrera.

Redimensionado políticamente por su buen desempeño electoral, es designado por el gobernador Rosales como Secretario General de Gobierno. El resto de la historia es más conocida: Rosales es designado candidato de oposición para las presidenciales de 2006, Pablo cubre su retaguardia mientras hace la campaña, Rosales regresa al Zulia tras su derrota frente a Chávez y no puede lanzarse a la reelección en 2008. Entonces se lanza es a la Alcaldía de Maracaibo y Pablo Pérez es designado candidato a la gobernación. Ambos ganan sus contiendas, aunque Manuel Rosales, a pocos meses de asumir la Alcaldía más grande el país debe abandonarla e irse asilado ante acusaciones de corrupción que, desde el gobierno, lo amenazaban con juicio y cárcel.



Una pre-candidatura tardía

A partir de la candidatura presidencial de 2006, Un Nuevo Tiempo se dimensionó como partido nacional. Recibió en sus filas a dirigentes y militantes de diversos cauces partidistas: ex-masistas de la corriente de Petkoff, quienes anduvieron varios de los anteriores años con Francisco Arias Cárdenas, disidentes de Acción Democrática (de hecho Rosales también lo fue) y la corriente que bajo el liderazgo de Leopoldo López se había escindido de Primero Justicia. En las elecciones regionales de 2008 y en las parlamentarias de 2010 el partido se consolidó como una de las tres organizaciones más votadas nacionalmente, aunque resulta visible que el mayor porcentaje de esta fuerza electoral sigue concentrado en la región zuliana.

Tras la persecución judicial contra Rosales y su salida del país Pablo Pérez heredó, además de la gobernación más grande de Venezuela, la vocería pública nacional de UNT; y algo más importante: el estatus de un posible candidato presidencial con enormes posibilidades de encabezar a la oposición. Hubo ciertamente bastante forcejeo para la toma de esa decisión por el partido; al parecer Rosales sigue siendo allí el dueño del bate y la pelota y además conserva una estructura de lealtades que hicieron bastante disputada la decisión. Desde afuera se percibió que los sectores de reciente integración al partido se inclinaban mayormente por Pablo y los más antiguos –y zulianos- por Rosales. Pensamos que en la decisión final privó la negación de Rosales de regresar al país, tras una serie de amagos que nunca fueron cumplidos. Fue significativo que el anuncio de la decisión de UNT lo hiciera el propio Manuel Rosales, desde Perú o Panamá.

El intrincado y largo proceso interno que condujo a su designación por el partido hizo que la pre-candidatura de Pablo Pérez tuviera un lanzamiento tardío, en relación con la temprana mención del nombre de Henrique Capriles Radonsky por Julio Borges, apenas se conocieron los positivos resultados de la oposición en las parlamentarias de septiembre 2010. El haber corrido solo –aunque sin designación formal- durante los primeros 7 meses de este año le proveyó a Capriles una significativa ventaja entre el electorado opositor, además de sus innegables méritos como alcalde y gobernador eficiente y su positiva figura de político joven, valiente y bien formado.

Pero el lanzamiento tardío no parecía un obstáculo para que Pérez y su equipo remontaran la ventaja que les llevaban Capriles, Primero Justicia y sus aliados. Las características de Pablo en cuanto a hombre de extracción y apariencia popular, con fuerza electoral en el estado de mayor población, su estilo campechano y sencillo, lo hacían merecedor de enormes simpatías entre opositores de toda Venezuela, entre ellos muchas personas de elevado estatus socio-económico: “es el hombre ideal para enfrentar a Chávez –solía escucharse- mucho mejor que los políticos sifrinos de Caracas”.

Pronto comenzó a percibirse un acercamiento natural de Acción Democrática hacia la opción zuliana. Aunque había para ello un problema: Antonio Ledezma ya estaba lanzado como pre-candidato. Importante dirigente de la oposición en estos 12 años, admirado por su sorpresiva derrota al chavismo en la Alcaldía Metropolitana de Caracas y por la valentía y dignidad con la que resistió los atropellos oficiales contra el ente que limpiamente obtuvo. Ledezma posee una impresionante trayectoria en las filas de AD; y aunque años atrás había abandonado al partido, se encontraba en un proceso de franco acercamiento con la casa matriz y goza del afecto y la adhesión de una importante porción de su militancia.

La decisión de AD sobre pre-candidaturas, descartado de principio un abanderado propio, tendría por ello que transitar también un complicado proceso interno, de tal manera que el desenlace no produjera lesiones internas en la organización ni en la relación de ella con el aspirante que no recibiera el apoyo. Ramos Allup manejó el asunto con prudencia y produjo una decisión sin traumas inmediatos, en favor de la opción que ofrecía al partido una mayor posibilidad de victoria en las primarias. Sin ese apoyo capital, Ledezma abdicó de su aspiración con respetable dignidad y se mantiene solidario a todo el proceso, sin apoyar a ninguno de los aspirantes. Mas este nuevo curso decisorio retrasó esta vez el fortalecimiento que AD brindaría a la pre-candidatura de Pablo Pérez.

Luego se añadió el apoyo de Copei, partido que sufre un notable deterioro a causa de una amarga disputa estatutaria. Posteriormente, los de otras organizaciones de menor dimensión, algunas personalidades de relieve en el mundo político de los últimos años y décadas; y finalmente el apoyo de una porción del MAS, tras uno de los aparatosos conflictos internos habituales en ese partido. El frente así configurado ofrece un aspecto bastante atractivo en cuanto a la fortaleza relativa de sus aparatos de movilización electoral, pero al mismo tiempo le confiere a Pérez el aspecto de un “pre-candidato del Sistema de la oposición”. Una condición que se acentúa por el apoyo que le brindan grupos económicos, financieros y mediáticos que hicieron sus mayores haberes a la sombra del Estado, antes de Chávez, y algunos que lo continúan haciendo durante el “proceso bolivariano”.

Esto motivó entre los observadores el debate sobre qué pesaría más en la suerte electoral de Pérez: si la fuerza de votos seguros y la capacidad de movilización que le proporcionaban los partidos aliados, o el peso muerto que significaba -luego de toda el agua que ha corrido aquí en los últimos 20 años- presentarse en las ciudades y pueblos de Venezuela como el candidato de AD, COPEI y el MAS…. Particularmente nos inclinamos por la segunda opción.

Estrategia y Campaña

Concientes de aquel problema, los veteranos políticos que encabezan la alianza han decidido mantener en bajo perfil las siglas partidistas que la componen y centrar todo el esfuerzo propagandístico en la figura del pre-candidato. Esto fue exigido, además, por el hecho de que Pérez no era muy conocido en las regiones del país distintas al Zulia y sus estados vecinos. Los dirigentes partidistas se dedicarían a promover, también de cara a las primarias, a sus propios pre-candidatos a gobernadores y alcaldes. Ello trajo consigo un nuevo problema: el vuelco del activismo más visible de AD y Copei hacia sus propios candidatos regionales y locales ha producido un abandono del aspirante a su propia suerte y a la ayuda de sus colaboradores más cercanos. Siempre como observador distante, nos luce un poco solitario este Pablo Pérez recorriendo el país y tratando de acortar una desventaja que luce a veces congelada y otras en franca expansión.

Si examinamos las páginas Web de AD, Copei y hasta de UNT, encontraremos que la campaña de Pablo Pérez no posee espacios protagónicos en la misma. Casi todas están dedicadas a sus temas partidistas, a decisiones de la MUD y a promover sus propios candidatos locales; Pérez es un issue más, cuando no es inexistente. En la página Web de AD, sección noticias, de fecha 24 de enero de 2012, la primera mención de la campaña presidencial se hace en la página 3 (la noticia 24°, del 16 de diciembre), referida al nombramiento del comando de profesionales y técnicos de AD con Pablo Pérez, en el estado Vargas; un caliche, pues. Luego salta a la página 5, del 18 de noviembre, sobre el debate de los precandidatos en la UCAB. El asunto es similar en la página de Copei y así ocurre, aunque en menor medida, en la página de UNT, su propio partido, donde Pérez es tratado como una noticia más junto a sus compañeros candidatos a otras posiciones: Delsa Solórzano, William Ojeda, Olivares, Blyde, Stalin, suelen encabezar el Home de dicha página con preferencia sobre el candidato. Mientras tanto, Pablo Pérez recorre el interior del país junto a los pre-candidatos a gobernadores y alcaldes de los partidos que lo apoyan; retratándose con ellos, levantándoles las manos, etc. Si esta no es la imagen de una pre-candidatura presidencial utilizada como portaaviones de las opciones regionales y locales, dígase entonces lo que es.

En realidad, es encomiable el papel que está haciendo Pablo en la soledad descrita y ante la carencia de un claro fundamento estratégico. Frente a los nítidos perfiles y líneas temáticas -acertadas o erradas- que han intentado para sus aspirantes los comandos de Capriles, López, Machado y Arria, la campaña de Pérez no muestra un definido rumbo estratégico, ni acciones que luzcan el resultado de decisiones pensadas e investigadas. En principio trataron de centrarse en la indiscutible obra de gobierno desplegada en el Zulia y en una imagen campechana del líder. Esto último fue abortado por la difusión que dio el gobierno de un video donde Pérez quedaba en posición poco elegante. Tuvieron entonces que ir a un perfil más institucional, al cual por cierto responde muy bien el pre-candidato, de quien hay que decir que posee auténticas condiciones para la vocería política de masas y ha hecho un esfuerzo divulgativo digno de elogio. Por lo pronto, nos parece mucho más formado y mejor vocero que Manuel Rosales, a quien hace 6 años le entregamos sin más nuestras banderas democráticas.

Nos sorprende que el comando de campaña de Pérez no haya puesto sobre el tapete una agenda claramente socialdemócrata, correspondiente con la filiación de los partidos que lo integran; porque la agenda demócrata-cristiana posee un contenido programático similar. La socialdemocracia y la DC poseen lenguajes y temas bastante acordes con la necesidad de enfrentar a Chávez en su propio terreno. Y referentes internacionales de éxito que podrían muy bien ser mostrados en una campaña nacional como esta. Si bien es cierto que hoy en Europa estos referentes se encuentran algo devaluados, también lo es que el socialismo radical está absolutamente desprestigiado y Chávez lo manosea a diario con no poco éxito.

Esta omisión en el empleo de las propias herramientas conceptuales ha dado lugar a un asordinamiento de la disyuntiva ideológica que subyace en esta contienda de las primarias. Aunque ella no se ha manifestado con franqueza y su tímida formulación ha sido expuesta en términos muy gruesos, únicamente María Corina Machado la ha venido expresando con creciente claridad. Es un hecho que también Capriles Radonsky y Leopoldo López muestran una faz liberal-modernizadora en lo político y socio-económico. Arria y Medina, desde polos ideológicos opuestos, han decidido ignorar tal aspecto y coincidir en una agenda puramente político-institucional.

Al sugerir que la campaña de Pérez ha debido explotar su perfil socialdemócrata no estamos proponiendo que los pre-candidatos introduzcan en el debate consideraciones sobre los espacios políticos tradicionales: izquierda, derecha, centro… Algo que fue sugerido por Teodoro Petkoff en entrevista con el periodista y escritor Boris Muñoz, cuando declaró que Pablo Pérez es la mejor opción para enfrentar a Chávez por su posición de centro izquierda, frente a la centro derecha encarnada por los otros candidatos. Es un argumento respetable –como todos los de Teodoro- aunque no lo compartimos. Lo que resulta extravagante en un hombre tan lúcido es la conclusión, ante el mismo Muñoz, de que “… si Pablo Pérez no es el candidato este país está jodido".

Con el transcurso de la campaña ,Pablo Pérez ha crecido visiblemente como vocero, tanto en el aspecto programático como en el lenguaje político. Si bien su aparición en el primer encuentro entre los precandidatos pareció un poco ensayada por los asesores, con frases y gestos prefabricados, en los siguientes –y particularmente en el presentado en enero- lució aplomado, convincente y sincero. Igualmente su registro en las giras regionales lo ha mostrado como un conocedor de los problemas de cada estado, un mérito que sin duda comparte con sus asesores partidistas.

En las semanas recientes su discurso está enfatizando dos consignas: tarjeta única y no reelección. Se trata de una línea estratégica pertinente, porque ambas son aspiraciones antiguas del pueblo opositor: la no reelección ha sido un sostenido argumento contra la obsesión continuista de Chávez y la tarjeta única un reclamo de las bases antichavistas, en busca de una identidad más nítida que libere al sector democrático de la mala imagen conservada por los partidos. Sin embargo, pensamos que a estas alturas dichos temas poseen escasa relevancia para la mayoría de los electores; y además, detrás de ellas se percibe muy claro el interés de los partidos que respaldan a Pérez, necesitados de presionar a Capriles Radonsky y a Primera Justicia para que acepten ambas condiciones.

Sería muy grave para estos partidos que, ante el probable triunfo de Capriles el 12-F, este sea presentado para Octubre con tarjetas separadas de cada partido. Ello conduciría a una elevadísima votación para Primero Justicia, con lo cual se despegaría definitivamente en el voto nacional y en su tamaño como partido. En cuanto a la reelección, la perspectiva del triunfo de Capriles en febrero y octubre los lleva a intentar cerrar toda posibilidad de su continuidad por un nuevo período, puesto que ello alejaría las oportunidades de todos los que están prevenidos con miras a 2018 (o antes, si se lograre reducir el período constitucional). Ciertamente, los dos temas son de importancia central para el sector democrático. Pero existen argumentos también serios en contra de la tarjeta única y en favor de una sola reelección.

En primer lugar, algunos argumentan que la tarjeta única era mucho más necesaria para las elecciones parlamentarias, porque permitía ofrecer una identidad más clara y sólida para las planchas unitarias. Pero a ello se opusieron los mismos partidos que hoy la exigen en la vocería de Pablo Pérez, porque en aquel momento les convenía contarse y demostrar su mayor fortaleza frente al resto de los partidos. Ahora que el candidato puede ser de un partido distinto, la tarjeta única llevaría a que todos los gatos sean pardos, evitando que ello se convierta en trampolín para el despegue del partido del candidato ganador. Quienes respaldan tarjetas separadas de cada partido, más una tarjeta unitaria de la MUD, argumentan que tal medida permitiría que el candidato opositor tenga una presencia múltiple y variada en el tarjetón electoral, similar a la que ofrecerá seguramente el candidato Chávez. No es poca cosa este argumento.

En cuanto a la reelección, sus partidarios argumentan que todo presidente requiere dos períodos –de 4 o 5 años- para ejecutar un programa de gobierno coherente. Tal solución ha sido adoptada por casi todo el resto de Latinoamérica, sin mayores problemas; y cuando en Colombia el presidente Uribe intentó alargar a tres sus períodos, funcionó la institucionalidad para impedirlo. Es otro argumento de peso, el cual merece al menos un debate más sosegado y menos circunstancial que el promovido mediante consignas de campaña electoral. En todo caso, la reiteración de estas dos propuestas como consignas de campaña pudiera permitir, a los partidarios de una reelección y de tarjetas múltiples, proclamar que las dos ideas ya fueron desechadas por los electores, en caso de no resultar Pablo Pérez vencedor el 12-F.

Finalmente, cabe comentar el comportamiento de Pablo Pérez y de su comando ante la alianza anunciada por Leopoldo López y Capriles Radonsky. Mientras el comando ofreció una lamentable rueda de prensa teñida de reconcomio y balbuceantes explicaciones, el pre-candidato mostró madurez y tolerancia, al aceptar democráticamente un hecho que ciertamente fortalece a su principal contendiente, y mantuvo el curso normal de su campaña, basada en el incansable recorrido por las diversas regiones del país.

No podemos terminar este análisis sin reconocer que en Pablo Pérez la democracia y la política venezolana ganaron en estos meses un importante baluarte, de cara a la construcción del país que todos soñamos. Aunque no resulte triunfador en la primarias, como luce previsible, su nombre quedará entre los factores a tomar en cuenta para el futuro, en un abanico de probables posiciones donde puede ser útil.

Por lo pronto, proponemos a la ciudadanía movilizada -la que ejerce sus derechos de opinión por los más distintos medios y redes- que insistamos ante la MUD y el partido Un Nuevo Tiempo, en el sentido de corregir la injusticia cometida contra Pablo Pérez en ocasión de ser inscritas las pre-candidaturas a presidente, gobernadores y alcaldes. Aquella que -mediante un reglamento muy discutible, sin primarias y con escasa explicación- designó candidatos a la gobernación del Zulia a la señora Eveling de Rosales y a la alcaldía de Maracaibo al ingeniero Enrique Márquez. De no resultar electo candidato único el 12-F, lo correcto es que Pablo Pérez sea el candidato a la gobernación del Zulia y la señora Rosales a la alcaldía. Vemos con satisfacción que el tema está presente en la opinión zuliana, pero no está demás apoyarlo desde ya, porque sabemos cómo se suelen cocer las habas en nuestra política.



Thaelman Urgelles
Próximo análisis: HENRIQUE CAPRILES RADONSKY
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María Corina Machado en los análisis de Thaelman Urgelles sobre los Precandidatos

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María Corina Machado Parisca es una de las venezolanas que se sintió convocada por el momento estelar que la República vivió en el primer lustro del siglo, hasta el punto de abandonar toda actividad profesional privada y sectorial para abrazar un peligroso protagonismo en la gesta civil por la democracia.

Si alguna virtud han tenido los últimos 13 años de ajetreo político vividos por Venezuela durante la llamada revolución bolivariana, ha sido su condición de incubadora de nuevos liderazgos sociales y políticos. La debacle sufrida en 1998-99 por las principales organizaciones partidistas, que desde 1958 y mediante diversas mutaciones y mitosis coparon la escena política nacional, abrió espacios para la emergencia de numerosas agrupaciones y líderes individuales que recogieron el guante lanzado por Hugo Chávez sobre el rostro de la sociedad democrática, apenas se juramentó como Presidente de la República.

Muchos fueron los acontecimientos que estimularon la participación de una vibrante sociedad civil en el intenso proceso político que se desató con la elección de Chávez en 1998: La inscripción de decenas de candidatos independientes a la Asamblea Constituyente de 1999; la movilización de padres y educadores contra el Decreto 1011 del Ministerio de Educación; las luchas sindicales frente a los avances oficialistas sobre su autonomía; y de los empresarios contra las leyes sucedáneas de la Habilitante de 2001; las dos grandes batallas que en 2002 libraron los gerentes y trabajadores petroleros frente al proyecto gubernamental, a la postre exitoso, de dominar políticamente a la industria; las convocatorias a referendos consultivo y revocatorio entre 2002 y 2004... Y con más bajo perfil, la exigente y solitaria contención del régimen que se hizo necesaria luego de la derrota sufrida por el campo democrático en el Referendo Revocatorio, el 15 de agosto de 2004.

Varias de esas organizaciones y liderazgos cívicos existían ya en 1999, larvadas en objetivos sectoriales que las mantenían fuera de los límites de la acción política, y pronto asumieron el protagonismo político sin rubor ni limitaciones. Otras nacieron y se forjaron en el crisol de aquellas luchas ciudadanas, alentadas por el desafío que plantaba Chávez ante sus respectivos espacios de acción profesional o por genuina vocación libertaria y democrática. Casi todas compartieron un denominador existencial: su tránsito por la arena política fue momentáneo, a ratos efímero, en aquella trituradora de organizaciones y personalidades públicas en que se convirtió la Venezuela del inaugurante siglo 21.

María Corina Machado pertenece a la especie de quienes carecían de cualquier figuración pública previa y a la aún más peculiar de quienes no regresaron a sus hogares u ocupaciones habituales tras el duro revés revocatorio. Ofrece, además, la particularidad de no haber sucumbido a la tentación –muy común en otros equivalentes- de incorporarse a algún partido político o ponerse a fundar uno nuevo. Finalmente, representa de manera genuina el valiente y desprendido protagonismo que las mujeres venezolanas han ejercido en toda esta historia.

Reseña biográfica

María Corina Machado Parisca desciende de una familia de larga tradición emprendedora. Sus ancestros por la vía paterna están vinculados con la realización de varios de los más importantes proyectos industriales del país, los cuales subsisten hoy en día como grandes corporaciones privadas o públicas que prestan servicios u ofrecen productos indispensables para toda la población. Su padre ha sido, desde hace muchos años, el capitán del más importante conglomerado siderúrgico privado establecido en país.

Esta tradición burguesa es motivo de los mayores ataques que Machado recibe desde el campo oficialista, sin reparar estos detractores en que cualquier fortuna que tenga su familia proviene del esfuerzo fabril; de la producción, con capital e iniciativa privados, de bienes y servicios para toda la sociedad; dicho esto en el contexto de un empresariado nacional que en buena medida ha nacido y crecido en la connivencia con los gobiernos mercantilistas que hemos tenido desde el siglo 19, a través de operaciones de especulación financiera o de los famosos contratos de obras públicas y otros servicios.

Su biografía oficial destaca su descendencia directa de Eduardo Blanco, célebre escritor y emprendedor del siglo 19, autor de “Venezuela Heroica”, libro de obligatoria lectura para quienes aquí nacimos; y su parentesco con Armando Zuloaga Blanco, mártir juvenil de las luchas antigomecistas.

Sin entrar en mayores detalles, resulta evidente que María Corina vivió su infancia, juventud y formación profesional en un marco de holgura económica, educación de calidad, relaciones amistosas de alto nivel social y los valores tradicionales propios de familias de antiguo asiento en nuestro país. Otro motivo para el más feroz resentimiento, el cual no toma en cuenta que la mayoría de las mujeres con ese perfil están destinadas a roles más domésticos, junto a empresarios de origen también distinguido, y no al azaroso y arriesgado destino elegido por la precandidata; por cierto luego de haber comenzado a desempeñar, en su temprana juventud, el papel que su tipo de familia suele destinar a sus hijas bellas y consentidas.

Sería injusto referir el proceso de conversión de María Corina Machado -desde una prometedora profesional y ama de casa a una figura protagónica de la historia contemporánea de Venezuela- sin suponer la influencia de su madre, Corina Parisca de Machado, quien desde temprano supo colocar positivamente su presencia en distintos campos del quehacer nacional. Campeona nacional de tenis en su juventud, posteriormente se la pudo ver en las más diferentes iniciativas de emprendimiento social, cultural y hasta político. En la política, estuvo entre las más entusiastas promotoras del breve esfuerzo candidatural de Renny Ottolina y posteriormente la encontramos a la cabeza de la organización de independientes que apoyó la candidatura de Oswaldo Álvarez Paz. Pero es en el campo de la sociedad civil donde ha dejado una huella ampliamente reconocida, a través de la creación y dirección de la Fundación Atenea, dedicada a promover iniciativas para la protección y desarrollo de los niños y adolescentes, y en especial de la Asociación Civil Eureka –conocida por sus logros en el fomento y la divulgación, a través de exposiciones y premios anuales- de invenciones e innovaciones tecnológicas realizadas por venezolanos de las más diversas especialidades, niveles profesionales y sociales.

Tenemos entendido que fue en esos emprendimientos de su madre que Machado dio sus primeros pasos en el difícil (en Venezuela y América latina) terreno de la sociedad civil. Aunque no la conocimos personalmente durante ese período, por distintas vías tuvimos noticias de la atractiva e inteligente joven que trabajaba en la organización de las exposiciones y premios Eureka, que revisaba artículos de los colaboradores de la revista de la Fundación Sivensa y que manejaba una ONG autónoma, la Fundación Opportúnitas.

Por todos esos antecedentes, no pareció extraño a quienes la conocían que de pronto María Corina saltase a la vida pública y política en el año 2002 como Vicepresidenta de SÚMATE, una asociación civil que desde el principio de dedicó a promover la participación organizada de los ciudadanos en consultas y procesos electorales. Aunque la presidencia de la organización era ejercida por el ingeniero Alejandro Plaz Castillo, pronto Machado devino su principal vocera pública, quedando en manos de Plaz los aspectos organizativos y operativos.

En poco tiempo destacó la eficiencia de Súmate por sobre el resto de las innumerables ONGs que activamente trabajaban por la salida de Chávez del poder: debido a la elevada formación gerencial de sus directores y activistas, y en particular por la holgura que mostraba en cuanto a los recursos financieros que la soportaban. Y no fue que Súmate comenzó desde el principio con enorme apoyo financiero; los recursos suficientes que tuvo para su arranque, más la eficiencia gerencial de sus miembros y un nada desdeñable apoyo político y de medios le permitieron concitar mayores aportes privados en lo sucesivo.

Estos apoyos incluyeron una polémica ayuda del norteamericano National Endowment for Democracy (NED), una organización pública de los Estados Unidos que apoya financiera e institucionalmente a centenares de organizaciones de todo el mundo que luchan por la libertad y la democracia. Al ser reflejada de modo transparente esta ayuda, por la misma organización donante, una famosa espía del gobierno venezolano en USA registró el hecho y promovió la denuncia en nuestro país. María Corina Machado y otros directivos de Súmate fueron sometidos a investigaciones e imputaciones, junto a otros dirigentes de la sociedad civil cuyas organizaciones fueron también apoyadas por el NED. Machado no sufrió prisión por esta causa pero la enfrentó con valentía, al punto que durante varios años se le mantuvo prohibición de salida del país y presentación periódica ante un juez.

Entre 2002 y 2004, Súmate jugó un papel estelar en los intentos de la oposición por activar los mecanismos constitucionales de Referendo Consultivo, en primera instancia, y luego de Referendo Revocatorio. Toda la arquitectura técnica de las recolecciones de firmas -su conteo, validación y presentación ante el CNE- fueron llevados a cabo eficientemente por la naciente ONG. Miles de voluntarios se incorporaron en todo el país a esta enorme tarea. Y en 2004, al ser derrotado el referendo revocatorio convocado tras vencerse múltiples y perversos obstáculos oficiales, cuando las organizaciones de sociedad civil y sus dirigentes se fueron retirando paulatinamente a sus espacios habituales, Súmate permaneció allí, en un escenario cuyo vacío de masas fue ocupado paso a paso por los partidos políticos, oxigenados en cierta medida por la efervescencia de los cuatro años anteriores.

La vocación política de Súmate no se debilitó, María Corina Machado afirmó su liderazgo y por ese tiempo asumió la presidencia de la organización. Mas en lo sucesivo se produjo un disimulado cambio: la misión de apoyo técnico de la ONG fue virando hacia el intento de convertirla en un referente político y organizativo para los amplios sectores independientes que se habían movilizado entre 2000 y 2004; primordialmente profesionales de clase media sin excluir a ciertos cuadros populares. A principios de 2005, luego de la derrota sufrida por la oposición en las elecciones regionales de diciembre 2004, Súmate convocó a una suerte de Congreso de la Sociedad Civil. Sus dirigentes recorrieron el país en tal actividad, abrieron sedes regionales y locales en varias ciudades y lograron, según declaraciones propias, un activo de unos 30 mil voluntarios. En fin, el retrato hablado de una organización política en ciernes. La foto con Bush, un error en nuestra opinión, fue quizás el momento estelar del plan.

Tal viraje de Súmate obedeció a un anhelo de las élites ilustradas de la clase media y el empresariado venezolano: reemplazar, como conductores de las luchas democráticas y populares del país, a los partidos tradicionales, cuyo dominio terminó por basarse en el clientelismo, la componenda entre grupos y una relación de intercambio de favores con los poderes económicos y mediáticos. Los objetivos de tal aspiración son diversos, según el origen de los intereses de cada grupo que la comparte: desde proveer mayor eficiencia gerencial a la conducción política y del Estado hasta disponer de un interlocutor más cercano a sus intereses, para evitar las idas y vueltas que representa el tratar con políticos cuyo ascenso social y profesional se produjo al abrigo de las toldas partidistas. A pesar de que juntos construyeron la democracia que tuvimos entre 1958 y 1999, los empresarios y los partidos nunca tuvieron una convivencia placentera. Sobretodo en los 15 años finales, se trató de un matrimonio de conveniencia y obligación.

Un tercer grupo de quienes aspiran reemplazar el domino de los partidos tradicionales está constituido por profesionales, intelectuales y líderes populares de base que aspiran sinceramente a una transformación de los modos de hacer política en Venezuela y una renovación de los rostros que la ejecuten. Creemos sinceramente que en esta categoría se encuentra María Corina Machado, junto a la mayoría de sus compañeros de Súmate; y que el mismo objetivo es compartido por la mayoría de quienes con Julio Borges y Henrique Capriles desarrollaron a Primero Justicia, y quienes han acompañado a Leopoldo López en sus esfuerzos de afirmación organizativa.

De cualquier modo, la iniciativa de convertir a Súmate en el referente organizativo de la clase media movilizada no tuvo éxito. El agreste desierto que se extendió desde diciembre de 2004 hasta el mismo mes de 2006 -y de allí al éxito en el referendo constitucional de 2007 y parcialmente en las regionales de 2008- sólo podía ser cruzado por políticos de vocación, con experiencia y estómago para el opaco y poco estimulante trasiego partidista cotidiano. La ONG, sin embargo, no desmayó, y retornó a su antiguo perfil de auxiliar técnico de los partidos. Y María Corina, ya inoculada con el virus irresistible de la pasión del poder, comenzó a preparar su “cross over” de la sociedad civil a la política activa, un propósito que tuvo hace poco un antecedente exitoso en la conversión de Primero Justicia, de ONG a partido político.

Pero ella no fundaría un partido. En tal propósito había sufrido un reciente traspié y en el mercado de posibles adherentes estaría compitiendo con Leopoldo López, quien anda por ahí con una indoblegable vocación política y organizativa, y con una Primero Justicia en franco crecimiento. Su camino tendría que ser otro: desarrollar una súbita carrera política, como independiente y a partir de sus innegables méritos como valiente defensora de los derechos ciudadanos.

La ocasión vendría pronto. En un país con un calendario electoral cargado de eventos, las elecciones de gobernadores y alcaldes en 2008 y las parlamentarias de 2010 se presentaban como posibles escenarios. Y no es descabellado suponer que ella y su equipo se pasearon por la idea de aspirar, por ejemplo, a las alcaldías de Chacao o de Baruta, donde se agrupa la clase media ilustrada de la cual ella es referente. Si esto fue así, concluyeron acertadamente que aquel momento era muy prematuro para el intentar el mentado cross over, y sobretodo que una alcaldía no es el mejor escenario para que la lideresa de la sociedad civil despliegue todas sus habilidades de comunicación política. En una alcaldía se iría a encerrar en actividades administrativas y obras de urbanismo, un espacio eficaz para proyectar una imagen de gerente pública eficiente pero donde el éxito se evidencia a mediano y largo plazo. María necesitaba un escenario donde sus capacidades se pusieran de manifiesto con eficacia y prontitud.

Tal escenario lo proveerían con mayor claridad las elecciones parlamentarias de 2010. Ellas dieron la oportunidad para que Machado se presentara exitosamente en las primarias de la oposición en el circuito más “escuálido” de todo país, el comprendido por los municipios Chacao y Baruta del estado Miranda. Por ello no hubo sorpresa en el hecho de que ella fuese la candidata más votada en todas las primarias de oposición y también en las elecciones parlamentarias nacionales. Ella corrió en su patio y triunfó arrolladoramente, como debía. Y no lo decimos para desmerecerla; por el contrario, fue un triunfo legítimo que la ratificó como la más genuina representante de un sector social que durante los 11 años precedentes había luchado en las calles (los 5 primeros) o resistido en sus espacios privados (los otros 6) para defender un modo de vida y de organización social que, gracias a su formación académica y familiar, entienden como el más civilizado y acorde con el zeitgeist del hemisferio occidental al que pertenece nuestro país.

Para que ella cruzara de la Asamblea Nacional a la aspiración presidencial sólo mediaba un paso. Sólo que, al estar la contienda presidencial muy cerca del triunfo parlamentario, dicho paso se presentaba más bien como un salto, y como tal fue percibido por muchos observadores y electores comunes. A pesar de que ella, en pocos meses, desarrolló una labor parlamentaria intensa y notoria, a muchos les pareció que iba muy rápido, se habló de que ella –y otros diputados recién electos cuyos nombres se mencionaban como precandidatos- estaban desoyendo el compromiso de representación que habían adquirido con sus electores, apenas pocos meses antes. Pero ella y su equipo supieron capotear bien esa circunstancia y, ayudados también por la desmemoria y proverbial indulgencia de los venezolanos, prepararon y ejecutaron exitosamente su lanzamiento sin que a estas alturas nadie recuerde aquellos cuestionamientos.

¿Cuál es el plan de María Corina Machado?

A riesgo de parecer adivinos de oficio, nos atrevemos a asegurar que María Corina y su equipo no pensaron esta precandidatura en función de ganar las primarias y resultar la opción opositora para el 7 de octubre. Nos inclinamos a pensar que el proyecto básico de este equipo es instalar el nombre de ella en la lista de invitados a la gran política nacional, mostrarles a los venezolanos la posibilidad de que esta joven promesa política, con unos años más de preparación y experiencia y con una organización más sólida detrás de ella, puede ser la persona que suceda al presidente democrático que triunfe el próximo 7 de octubre. Para ello es indispensable hacer una campaña de escala nacional, contarse el 12 de febrero y sumar un núcleo fiel de votantes que será su plataforma inicial de cara al 2018.

Claro que la eventualidad del triunfo nunca está fuera de los cálculos (o sueños) de todo candidato. Además existen –en las encuestas y otros instrumentos de medición social- numerosos intersticios, en la forma de espacios vacíos entre las opciones presentadas por los distintos partidos, que permiten suponer que una opción diferente de la política partidista está siendo esperada por los electores no afectos al presidente. El famoso outsider. Una vez en campaña, el llamado síndrome del candidato actúa para reforzar las ilusiones: adonde quiera que llegue cualquiera de los precandidatos de la MUD la gente opositora saldrá toda a saludarlo con afecto; y en el caso de MCM esto se acentúa por su condición de mujer inteligente y atractiva, sin duda carismática, por lo que no es extraño que al energúmeno que la agredió en el 23 de enero se contrapongan otros chavistas que la saluden con respeto.

Pero tememos que esas capas de ciudadanos que aspiran a algo mejor que el espectro partidista actual no están, en esta oportunidad, dispuestos a jugar sus cartas más audaces. Dado el imperativo de salir esta vez de quienes aceleradamente destruyen a Venezuela, quienes aspiran algo mejor que lo posible van a aplazar su apuesta por 6 años, en favor de una opción más realista en lo inmediato. Y en esa liga no juega aun María Corina. Llegó tarde y carece de la estructura que le dé confiabilidad en el corto plazo a su propuesta.

Existe un cierto velo de reserva acerca del equipo de campaña de Machado. No hay en su página Web una lista de sus integrantes, ni de los asesores que diseñan tan elaborada campaña. Por lo menos quien escribe, desconoce quién es su jefe de campaña y los tímidos intentos que realizamos para saberlo fueron infructuosos. Esto no es condenable por sí mismo y quizás obedezca a la nítida estrategia de colocarla a ella sola sobre el escenario, libre de ataduras y compromisos con terceros. Pero quienes tenemos un mínimo de recorrido en estas lides sabemos que detrás de cada proyecto político hay un tinglado de soportes intelectuales, académicos y logísticos. ¿Quién reúne y aporta todas las cifras y otros datos que tan bien maneja la precandidata… quién paga las cuentas? Son informaciones que suelen mantenerse en bajo perfil pero que en una solicitud de confianza como la que nos están pidiendo estos precandidatos, no sería mucho pedir algo de transparencia a este respecto.

De lo poco que conocemos sobre los asesores de la campaña, quien ha dado la cara con transparencia ha sido el ex-diputado y ex-dirigente socialcristiano Gustavo Tarre Briceño. Un político de profunda vocación, inteligente, culto y honrado, con amplio dominio del derecho constitucional y de las finanzas públicas y, sobretodo, un hombre muy crítico de los modos de hacer política que prevalecieron en los años previos al triunfo electoral de Chávez; aunque lamentablemente no se jugó en su momento para combatir aquello. Desde que comenzó el actual gobierno, escuchamos de Tarre la opinión de que esto había que enfrentarlo con rostros nuevos, en nada comprometidos con aquel pasado, algo coherente con la posición que ahora le conocemos, aunque no se sabe con certeza cuál es su papel en la campaña.

Hemos sabido, también por su declaración, de la presencia de Carlos Blanco, brillante intelectual y académico, ex-ministro y uno de los protagonistas de la Reforma del Estado, un proceso al que mucho debemos en cuanto a las dificultades que ha tenido Chávez para entronizar su hegemonía. Junto a ellos parecen estar también otros altos ex-funcionarios de gobiernos pre-Chávez, toda gente muy competente y partidaria de una sustantiva renovación del país. Pero, a nuestro gusto, muy apegados a la elaboración política entre élites, lo cual suele conducir, a pesar de sus mejores intenciones, a los consensos privados entre sectores de poder, con exclusión de los millones de ciudadanos que tienen algo que decir al respecto. A estos “cuarto bates” se añaden intelectuales vinculados a la defensa del capitalismo y el libre mercado, que surgen de la valiosa organización CEDICE, aunque esta no está orgánicamente vinculada con la campaña.

Por vía de rumores, tenemos información de que este equipo de lujo tiene serias dificultades para asesorar cabalmente a la precandidata debido a dificultades de comunicación con otra parte del comando, integrado por activistas que acompañaron a MCM en Súmate. Esto, que seguramente será desmentido por ambas partes, es por lo demás usual en todas las campañas electorales fundamentadas en alianzas y en particular cuando en ellas no hay un partido u organización dominante.

El mensaje

Desde su muy notable discurso de lanzamiento, el mensaje de María Corina Machado ha sido el más incisivo de toda la campaña. Exceptuando por supuesto las excentricidades de Arria y Medina, ella ha asumido más riesgos conceptuales que los otros 3 candidatos que compiten en la escena de lo posible. Es la única entre los precandidatos que ha mencionado con claridad en su programa el término capitalismo, una expresión anatémica en el lenguaje electoral latinoamericano y en el segundo debate pronunció palabras bastante fuertes sobre el presidente y su gobierno.

El abrazo de la opción capitalista ha sido sin embargo parcial, matizado por la precandidata con el apellido “popular”, en lo que parece un intento de aproximación hacia el target al que aspiran casi todos los políticos en Venezuela: los sectores populares que han servido de sustento a la hegemonía del presidente. En efecto, si el capitalismo es el sistema libre de intercambio de bienes y servicios entre unidades económicas –individuos o empresas- de distintas dimensiones, el capitalismo real y sustantivo es aquel en donde esas unidades económicas poseen una dimensión significativa, en cuanto a capital, mano de obra que emplean y cantidad de mercancías que producen o comercializan. O sea, una sociedad realmente capitalista es aquella donde predominan las empresas de capital y tamaño considerable, que emplean a una cantidad notable de personas para generar empleo digno o decente en grandes proporciones. Dentro de este amplio paraguas existen modalidades de capitalismo popular, destinadas a proveer apoyo financiero y técnico a los sectores menos favorecidos en lo cultural y educativo para que desarrollen pequeños emprendimientos que les permitan salir de la pobreza.

Esta tesis tuvo especial desarrollo a partir de las reflexiones de economía y ética del hindú Amartya Sen y de los proyectos prácticos de Mohammad Yunus en Bangladesh. Véase que tanto la reflexión de Sen como la obra práctica de Yunus se llevaron a cabo en dos naciones de enorme población, con una porción muy elevada de ella sumida en la mayor pobreza y déficit educativo. Aunque en Venezuela estas ideas y proyectos tienen antecedentes anteriores al período chavista, es en los primeros años de Chávez cuando se los intenta aplicar de manera masiva, mediante el Banco del Pueblo, el Banco de la Mujer, las gavetas de microcréditos de la banca privada, etc.

Pero Venezuela no presenta las características de India o Bangladesh: no tenemos aquí una población mayoritaria en la pobreza extrema y la indigencia educativa, por lo que las políticas de fomento al emprendimiento popular deberían ser secundarias, sino marginales, en un proyecto de crecimiento económico e inclusión social. La solución principal para dar empleo decente a los 6 millones de trabajadores de la economía informal que cita MCM es el fomento de una masiva inversión capitalista privada, nacional y extranjera, tanto en grandes y medianas corporaciones como en Pymes, de manera que ellas generen la corriente principal de empleo que se requiere para formalizar nuestra economía.

De manera que en Venezuela, una propuesta programática que ondee la bandera del capitalismo popular sin vincularlo con su fundamento principal, el capitalismo a secas, está en las fronteras de la demagogia y guarda no poca relación con el discurso primigenio del chavismo, antes de mostrar su verdadero rostro comunista. Pero creemos recordar que en aquel momento también se combatió esa propuesta desde esta acera democrática y partidaria del capitalismo. Pensamos que una propuesta capitalista más rigurosa, franca y eficiente, que no por ello renuncia a comunicarse con el target de los seguidores populares de Chávez, es la del profesor Emeterio Gómez, que él denomina Capitalismo Solidario, donde vincula con notable acierto ética y solidaridad con economía de mercado, comprendiendo en primer lugar al gran capitalismo y sin excluir el aspecto secundario del emprendedurismo popular.

De cualquier forma, al colocar la consigna del capitalismo popular en el centro de su mensaje, Machado está rindiendo sin duda un valioso y valiente aporte al necesario proyecto de potabilizar la idea del mercado y la libertad económica, en cuya demonización han invertido Chávez y sus seguidores millones de horas y centímetros de discurso y propaganda por todos los medios. Pero el mandado queda a medio cumplir cuando se lo circunscribe a un aspecto que no es, por cierto, el más significativo del capitalismo. Porque, cabe decir, en el discurso del resto de los precandidatos, si bien evitan mencionar la palabra tabú, todos ofrecen el retrato hablado de una economía de mercado, donde la inversión y el esfuerzo privado serán el motor principal del desarrollo nacional.

Imagen: forma y contenido, una disonancia

No queremos terminar este análisis sin comentar un hecho que nos ha llamado la atención en sus apariciones públicas. Si bien nos impresionó muy gratamente la imagen que proyectó durante su acto de lanzamiento, en las sucesivas apariciones de María Corina comenzamos a notar una tendencia a exhibir una gestualidad un tanto hiperbólica, fundada en su franca sonrisa y en amplios movimientos de sus brazos. A veces sonríe mientras habla de asuntos graves y hasta trágicos, con frecuencia agita los brazos en forma que resulta amenazante para el interlocutor y a veces su expresión de enojo o enérgica condena luce construida.

Ni por un segundo dudamos que se trate de los consejos de uno de esos genios de la asesoría electoral, pero lo cierto es que esa gestualidad le resta autenticidad a su imagen y credibilidad a todo el contenido expresado. Suponemos que a partir de críticas hechas públicas por algunos analistas, Machado ha intentado ajustar ese aspecto de su comunicación, pero en tal proceso ha pasado por distintas aproximaciones que se notan, por lo menos a nuestra mirada y la de otras personas a las que hemos consultado.

Los maestros mayores en la formación de actores –Konstantin Stanislavsky el primero- tienen como principio que la emoción no se representa mediante una gestualidad externa, construida de manera mecánica por el actor. La emoción debe sintonizarla el actor en su interior; y si lo hace con sinceridad y rigor, ella saldrá sola y espontánea a su rostro y expresión corporal. Es lo que se llama interpretación orgánica, de parte de los buenos actores, frente a la representación inorgánica o exterior de los malos actores. Como una líder política seria no se va a poner a hacer los ejercicios del método de Stanislavsky, lo aconsejable para ella es que sea ella misma, que deseche las construcciones de personaje y exprese toda la autenticidad que nos hizo admirarla y respetarla durante estos últimos años.

En fin, pensamos que no será esta la oportunidad para que María Corina Machado represente al pueblo democrática en su combate estelar del 7 de octubre de 2012 (una lástima, pues ese día es su cumpleaños). Pero no tenemos dudas de que su nombre será escuchado y leído por los venezolanos durante muchos años. Hoy por hoy es la persona mejor ubicada para ser la primera mujer presidenta de nuestro país, un cargo que estamos seguros ejercería con resultados altamente positivos para todos.


Thaelman Urgelles
Informe 21