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domingo, 30 de septiembre de 2012

Elecciones y guerra civil. Artículo de Fernando Ochoa Antich

FERNANDO OCHOA ANTICH

eluniversal.com

Las últimas declaraciones del mayor Wilmer Barrientos tuvieron un impacto muy positivo en la opinión pública. Su sentido institucional ha generado tranquilidad y confianza. Su intervención tuvo fundamentalmente dos partes: la primera, al referirse a la reunión de los dos comandos de campaña, sostuvo: "los actores políticos se comprometieron a respetar a la institución castrense, así como los resultados que emita el CNE"; la segunda, al referirse a la actuación de la Fuerza Armada, mantuvo: "la Fuerza Armada no sólo se limitará a custodiar los centros electorales, sino que también brindará seguridad a todos los sectores del país", agregando que sus efectivos "estarán dispuestos a actuar contundentemente ante cualquier foco de violencia, venga de donde venga", dejando en claro que no habrá diferencia entre partidarios del gobierno y de la oposición.

Estas declaraciones exigen algunas precisiones. Los integrantes de la Fuerza Armada Nacional deben conocer las reales circunstancias políticas que rodean el actual proceso electoral: en la oposición democrática existe, con toda razón, una gran desconfianza en la imparcialidad del CNE. Su constitución no guardó el necesario equilibrio. Por suerte, el sistema electoral automatizado ha ido fortaleciendo la credibilidad en las elecciones, pero se requiere conocer que su actual transparencia sólo surge de la existencia de testigos en las mesas y la posibilidad de obtener las actas en cada centro electoral antes de transmitir la información a la sala de totalización. De allí que sólo es posible aceptar los resultados del CNE, si hay coincidencias con las actas en manos de la oposición y si los testigos pudieron actuar libremente.

Otro aspecto a considerar, en el desarrollo de las elecciones, es el tiempo del escrutinio. La automatización del sistema electoral permite que los resultados puedan ser emitidos rápidamente. Eso es necesario. De no ocurrir así surgiría una gran inquietud en los sectores de oposición, que con certeza convocaría a manifestaciones pacíficas para presionar al CNE a emitir los escrutinios. También se convocarían a manifestaciones públicas si el resultado emitido por el CNE no coincide con las actas en manos de la oposición. La presencia de efectivos militares custodiando los centros electorales es muy necesaria. La misión de esos efectivos es garantizar el derecho de los ciudadanos a votar en paz, enfrentando a cualquier grupo violento que trate de alterar el orden público en las mesas electorales, pero en ningún caso deben reprimir manifestaciones pacíficas.

También es conveniente recordar las funciones de los efectivos militares en los centros electorales. Su misión consiste en garantizar exclusivamente la seguridad de los votantes y del material electoral. En cada una de las mesas existen autoridades del CNE y testigos de los partidos políticos que tienen sus respectivas obligaciones. Eso sí, a los testigos hay que permitirles su acreditación y actuación, ya que ellos son la garantía de la legitimidad de los resultados. Un aspecto que debe estar muy claro en los miembros de la Fuerza Armada es que no les corresponde intervenir en los conflictos que pudiesen surgir en el funcionamiento de alguna mesa. Así lo establece la ley electoral. No debe haber duda al respecto, pero ustedes tendrán la oportunidad de ser testigos de excepción de la transparencia o no de las elecciones.

Lo que sí me causa gran preocupación es el planteamiento realizado por el general Barrientos de que se ejecutará un patrullaje generalizado de la Fuerza Armada en todo el país como una acción preventiva para evitar actos de violencia. Es verdad que yo no conozco las informaciones que debe haber analizado el Estado Mayor del Comando Estratégico Operacional para recomendar tan delicada decisión. Un patrullaje militar en todo el país puede provocar temor en los ciudadanos que en consecuencia se inhiban de asistir a los centros electorales. De allí que sea necesario que el patrullaje, si fuese imprescindible realizarlo, se desarrolle con prudencia y discreción. Los venezolanos, después de las declaraciones institucionales del mayor general Barrientos, recuperamos la confianza en la Fuerza Armada Nacional. Esperamos no ser defraudados.

Hay un aspecto de la polémica política de esta campaña electoral que debe ser un tema de serena reflexión de parte de los integrantes de la Fuerza Armada. Me refiero a la absurda declaración de Hugo Chávez, en su condición de candidato, en la cual afirmó que si ganaba la elección Henrique Capriles, nuestro país se vería envuelto en una guerra civil. La verdad, la única verdad es que el grave enfrentamiento nacional que vive nuestro país desde hace catorce años se debe fundamentalmente a la desmedida ambición de Hugo Chávez y a su intención de establecer una hegemonía política contraria a la orientación pluralista de nuestra Constitución y que, además, es rechazada por más de la mitad de la población. Ustedes deben conocer perfectamente que un nuevo gobierno, al contrario, produciría un importante entendimiento nacional.

fochoaantich@gmail.com

domingo, 16 de septiembre de 2012

Las incógnitas militares el 7-O. Artículo de Fernando Ochoa Antich

Fernando Ochoa Antich

ElUniversal

La pregunta que más se hacen los venezolanos, en las actuales circunstancias históricas venezolanas, es la siguiente: ¿respetará la Fuerza Armada el resultado electoral si éste es adverso a Hugo Chávez? Existen múltiples razones para que en la opinión pública existan dudas. No solo han sido las polémicas declaraciones del propio teniente coronel Chávez, sino la de algunos jefes militares que, en flagrante irrespeto de la Constitución Nacional, han insinuado esa posibilidad. Nunca ha sido fácil de determinar la actitud de una fuerza armada en una crisis política y social. Su lealtad a las instituciones, a un caudillo, o a un dictador puede variar según las circunstancias históricas que viva una sociedad. Esta dificultad surge normalmente en Fuerzas Armadas profesionales como consecuencia a sus intrínsecos valores militares.

Esta realidad era conocida perfectamente por Hugo Chávez. Había estudiado, con detenimiento, el derrocamiento en la América Latina de algunos militares admirados por él, los generales Juan Domingo Perón, Marcos Pérez Jiménez y Juan Velazco Alvarado, por Fuerzas Armadas profesionales que, en un momento determinado, interpretaron el sentimiento popular. Esa percepción se incrementó casi hasta el infinito después de su derrocamiento el 11 de abril de 2002. Este convencimiento lo ha llevado a intentar destruir esos valores profesionales mediante un permanente proceso de ideologización. En su esfuerzo para alcanzar ese criminal objetivo ha ido progresivamente penetrando sus cuadros y realizado purgas dirigidas a reemplazar de los mandos a aquellos oficiales que no simpatizan con sus ideas.

Ese intento de control ideológico ha provocado un profundo descontento. No es posible someter a una organización como la Fuerza Armada a una alteración permanente, modificando en menos de seis años por cuatro veces su ley orgánica, sin que tenga un efecto interno realmente delicado. Entre las principales causas del actual descontento militar se perciben claramente las siguientes: la marcada politización que tienen los ascensos y la asignación de cargos; el fortalecimiento de la milicia bolivariana; el debilitamiento de las distintas fuerzas; la manera equivocada como se aplicó la creación de la categoría de oficiales técnicos y de oficiales de tropa; la creación del oficial de milicias, el incremento del tiempo de permanencia en cada grado militar y el elevado nivel de corrupción de la camarilla militar que rodea a Hugo Chávez.

El 7 de octubre va a ser uno de los momentos más complejos y trascendentes de nuestra historia. Es muy difícil prever cómo se van a desarrollar los acontecimientos ese día. De todas maneras, existe un conjunto de indicios que pueden permitir establecer algunas hipótesis de lo que puede ocurrir. Uno de esos indicios es el indiscutible fortalecimiento de la candidatura de Henrique Capriles. Esta realidad, más la percepción existente de que la popularidad de Hugo Chávez no aumenta, son dos elementos que indican con claridad que la competencia electoral va a ser muy reñida, con reales posibilidades de un triunfo de la oposición. La guerra sucia que ha iniciado el comando "Carabobo" muestra un elevado grado de desesperación y muy poca consistencia democrática. Este indicio también señala cierta tendencia a desconocer los resultados.

Si al mismo tiempo analizamos los permanentes mensajes de Hugo Chávez a la Fuerza Armada en distintos actos oficiales: "la oposición democrática es la antipatria y sus integrantes odian y desprecian a los militares" y los vinculamos con la campaña desarrollada por el gobierno nacional que busca convencer a la opinión pública nacional e internacional, a través de encuestas amañadas, de un seguro triunfo de Hugo Chávez, por más de veinte puntos, y de que la oposición democrática desconocerá el resultado electoral, tenemos que aceptar que la situación que vivirá Venezuela ese día es realmente muy complicada. Es verdad, que Ramón Guillermo Aveledo ha declarado recientemente que la oposición se encuentra realmente preparada para enfrentar cualquier intento de fraude electoral. Estoy convencido de que esta es la verdad.

Yo no me refiero a un fraude electoral en las urnas. El esfuerzo de la oposición es indiscutible. Estoy planteando un desconocimiento al resultado electoral como ocurrió en las elecciones de 1952. Esa misma pregunta se la hicieron a Henrique Capriles. No dudó en responder: "si tenemos más votos, lo dirán las actas, ganamos las elecciones. Si el CNE quiere darle una patada a la mesa y decir que no acepta, eso es un golpe de Estado. ¿La Fuerza Armada va a aceptar eso?". Estoy plenamente convencido de que no la amenaza de que en Venezuela puede estallar una guerra civil si gana Henrique Capriles es más fanfarronería que realidad. La oposición es garantía de paz. Existirán presiones de todo tipo para desviar el comportamiento institucional de la Fuerza Armada: respetar y hacer respetar el resultado electoral es el único camino...

fochoaantich@gmail.com

domingo, 26 de agosto de 2012

¿Fraude electoral?. Artículo de Fernando Ochoa Antich

FERNANDO OCHOA ANTICH

eluniversal.com/

La discusión sobre las reales posibilidades de que exista o no un fraude electoral el 7 de octubre se ha transformado en una importante polémica en la oposición democrática. Dos grupos radicalizados en la defensa de sus posiciones han mantenido públicamente sus distintos puntos de vista. No soy ingeniero en computación ni mucho menos. Me es difícil tomar posición a favor o en contra de los argumentos técnicos esgrimidos, pero creo que es mi obligación como ciudadano plantear mi punto de vista, valorar las consecuencias políticas de cada posición, definir la estrategia que percibo en el chavismo para tratar de permanecer indebidamente en el poder y plantear las reales posibilidades que tiene la oposición para derrotar esta maniobra. Uno de los aspectos más negativos de la discusión han sido los ataques personales.

En verdad, no creo que el chavismo tenga ningún interés de realizar un fraude en las elecciones del 7 de octubre mediante la manipulación de las máquinas electorales. Conoce perfectamente que toda la estructura del sistema de votación va a ser auditado por la oposición de manera más que detallada, impidiendo cualquier irregularidad. Esas auditorías se han venido perfeccionando a través de las distintas elecciones lográndose un indiscutible control sobre todo el proceso electoral. Además, Hugo Chávez tiene claro que ese intento de fraude produciría el retiro de la oposición o un desconocimiento del resultado electoral con pruebas suficientes para cuestionar las elecciones ante la opinión pública internacional. Esta opinión la sustento en el indiscutible éxito logrado por la candidatura de Henrique Capriles y en la estrategia desarrollada por el oficialismo.

La oposición tiene el siguiente reto: ganar las elecciones, auditar el sistema electoral automatizado para evitar cualquier irregularidad y garantizar que el 7 de octubre existirá una organización suficientemente efectiva para evitar un fraude en las mesas electorales. Henrique Capriles y su comando de campaña han logrado de manera sorprendente, aún en medio del abuso comunicacional y del ventajismo del oficialismo, fortalecer su popularidad a niveles que ya algunas encuestas lo dan como ganador. Ese es un hecho innegable que demuestra la eficiencia de su comando de campaña. Si es así, no entiendo las razones por las cuales se puede dudar que ese mismo equipo sea capaz de auditar con eficiencia el sistema electoral y organizar una maquinaria para defender el voto el 7 de octubre.

La estrategia electoral de Hugo Chávez tiene dos objetivos: ganar las elecciones a través del abuso de poder y, en caso de perder, desconocer el resultado electoral favorable a la oposición. No exagero en estas afirmaciones. Analicemos sus acciones y veremos que esta es la verdad. Su campaña electoral se ha basado fundamentalmente en el uso y abuso de la hegemonía comunicacional que tiene el gobierno nacional. Cualquier experto en medios de comunicación extranjero quedaría sorprendido del abuso que han significado las casi cincuenta horas de cadenas presidenciales realizadas durante mes y medio de campaña electoral, pero además hay que sumarle las cuñas obligatorias y gratuitas en todas las televisoras y emisoras de radio que buscan resaltar la labor del gobierno, pero con un marcado piquete propagandístico para su candidatura.

Hugo Chávez está convencido de que ese ventajismo le garantizará el triunfo electoral. De todas maneras dio pasos importantes en su segundo objetivo. No aceptó la presión de la oposición para reorganizar el Consejo Nacional Electoral. Mantuvo la relación de 4 rectores a favor del gobierno, uno, cercano a la oposición. La segunda medida, en flagrante violación de la Constitución Nacional, fue iniciar una constante prédica en la Fuerza Armada sobre las circunstancias electorales que enfrentaba el país, llegando al extremo de señalar que la oposición democrática era la antipatria y que la burguesía, cuyo candidato, según él, es Henrique Capriles, odiaba y despreciaba a los militares El último elemento de esta estrategia fueron las encuestadoras favorables al gobierno que presentaban un seguro triunfo de Hugo Chávez por cerca de veinte puntos.

El fortalecimiento de la candidatura de Henrique Capriles es una realidad. Es imposible negar el importante efecto que han tenido sus permanentes visitas a los diferentes pueblos y a los sectores populares de las grandes ciudades. De manera progresiva ha ido surgiendo un sentimiento nacional que ratifica la certeza de su triunfo. Al contrario, los continuos incidentes en actos populares que ha tenido que enfrentar Hugo Chávez muestran una marcada tendencia a la derrota. La gran decisión popular ocurrirá el 7 de octubre. ¿Tendrán las maniobras oficialistas, posibilidades de éxito? Estoy convencido que no. Repito la frase de Henrique Capriles: "Si tenemos más votos, lo dirán las actas, ganamos las elecciones. Si el CNE quiere darle una patada a la mesa y decir que no acepta, eso es un golpe de Estado. ¿La Fuerza Armada va a aceptar eso? Soy de los que digo que no"... Tiene la razón. A votar el 7 de octubre.

fochoaantich@gmail.com

domingo, 15 de julio de 2012

Desestabilización o fraude continuado. Artículo de Fernando Ochoa Antich

FERNANDO OCHOA ANTICH

ElUniversal

Hugo Chávez, en su primera rueda de prensa como candidato, y Henrique Capriles en su respuesta plantearon el gran dilema de la campaña electoral: "la oposición, aliada con Estados Unidos, intenta subvertir el orden constitucional el día de las elecciones"; "el fraude continuado del régimen ilegitima cualquier resultado favorable al candidato oficialista". En esa misma rueda de prensa, Hugo Chávez rechazó firmar el acuerdo político planteado por Henrique Capriles, mantuvo que sólo reconocería el resultado electoral que anunciase el Consejo Nacional Electoral, aceptó que la oposición se había fortalecido electoralmente con el inicio de la campaña y se mofó del candidato opositor al rechazar la posibilidad de un debate público. Estos primeros escarceos señalan los riesgos de violencia que puede vivir Venezuela durante las elecciones.

Analizar y discutir los distintos puntos de vista de esta polémica, buscando determinar la verdad de los distintos argumentos es de gran trascendencia. Los fundamentos de la acusación de Hugo Chávez son realmente baladíes. Ella se basa en dos razonamientos: el primero la oposición provocará un proceso de desestabilización nacional, en cualquier circunstancia, para no reconocer el resultado electoral anunciado por el CNE. El segundo, la oposición es apoyada, en este intento desestabilizador, por Estados Unidos. Ciertamente, la oposición ha señalado que no será suficiente el conteo de los votos por el CNE, si éste no es transparente. Estados Unidos ha señalado públicamente, por distintos voceros del Departamento de Estado, que aspiran un proceso electoral equitativo. Eso no es conspirar.

Profundicemos en el tema. Veamos la primera acusación: "la oposición no reconocerá el resultado electoral el 7 de octubre y convocará a grandes manifestaciones de protesta buscando desestabilizar a Venezuela". Esta actuación sólo podría justificarse éticamente si realmente existen suficientes elementos para considerar que hubo un fraude durante el proceso electoral. La oposición democrática ha resumido su posición en una frase lapidaria: "el régimen, en complicidad con el CNE, realiza un fraude continuado". ¿Tiene algún fundamento esta acusación? Realmente, creo que sí. Veamos. El problema comienza por la propia constitución del CNE. Tres de sus miembros fueron militantes activos del PSUV, la presidenta es una funcionaria electoral, pero ideológicamente vinculada al chavismo y el quinto miembro ha demostrado cercanía con la oposición.

Esa composición limita totalmente la imparcialidad del CNE para ser garante de un proceso electoral. No hay duda de esta realidad. Para colmo, no existe ninguna posibilidad de revisar las decisiones de este órgano administrativo. El Tribunal Supremo de Justicia está constituido casi en su totalidad por magistrados comprometidos con el régimen chavista. Una decisión contraria al oficialismo es impensable. Además de este complejo panorama, Hugo Chávez ha logrado, a través del tiempo, una total hegemonía comunicacional. A excepción de Globovisión, un canal de señal abierta sólo en dos ciudades: Caracas y Valencia, el resto del espectro comunicacional está controlado por el régimen a través de emisoras del propio Estado o por medios de comunicación privados, totalmente mediatizados por las amenazas de Conatel.

Para colmo, esta comisión aplica con manifiesta intención de favorecer al oficialismo la Ley sobre Responsabilidad Social de Radio y Televisión. En base a esa ley y a su reglamento se obliga a todos los medios, públicos y privados, a ceder un número muy significativo de espacios gratuitos para que el Gobierno los utilice, no en la promoción del interés colectivo, sino como parte de su campaña electoral. No satisfecho con esta exagerada promoción de la candidatura oficialista, Hugo Chávez encadena casi diariamente a todos los medios de comunicación para tratar de fortalecer aún más su imagen. El dinero público se utiliza, sin ningún control, para financiar su campaña electoral. No satisfecho con todas estas ventajas, se han creado un conjunto de medidas electrónicas para tratar de crear en la conciencia colectiva dudas en el secreto del voto.

La primera acusación de Hugo Chávez, la oposición prepara un proceso de desestabilización, pierde total credibilidad ante su negativa de firmar el acuerdo propuesto por Henrique Capriles. Su contenido es de gran trascendencia. Resumamos algunos de sus puntos: "Los candidatos se comprometen a aceptar los resultados que sean producto de un proceso electoral transparente que recoja la voluntad de los electores; el candidato presidente se compromete a no usar cadenas de radio y televisión para promoverse; no se utilizarán fondos públicos en la campaña electoral, ni se hará propaganda encubierta"... La segunda acusación, el apoyo del "Imperio norteamericano" a un proceso de desestabilización nacional, la rechazó el presidente Obama en unas terminantes declaraciones. En conclusión, Hugo Chávez está desesperado.

fochoaantich@gmail.com

domingo, 11 de marzo de 2012

La estrategia de Hugo Chávez. Artículo de Fernando Ochoa Antich




FERNANDO OCHOA ANTICH
eluniversal.com



Hugo Chávez no da puntada sin dedal. Eso hay que saberlo para entender lo que puede ocurrir en la política venezolana. En mi anterior artículo, al definir el escenario futuro más probable, mantuve que "Hugo Chávez se encontraba enfermo de gravedad, pero que detrás de esta realidad se ocultaba una importante maniobra política". La oposición podrá preparar consistentes respuestas si logra interpretar cabalmente los objetivos y prever las posibles acciones de esa maniobra. No dudo que el comando de campaña de Henrique Capriles lo está haciendo. Ha demostrado una importante capacidad. Fue una de las razones de su indiscutible triunfo en las elecciones primarias. Hay también que considerar que la situación que enfrenta el régimen chavista es muy compleja. Los riesgos de una derrota son inmensos. De allí que sea capaz de todo.

Tratemos de analizar los factores que influirán en cualquier estrategia oficialista para determinar sus posibles objetivos y acciones. Esos factores son: Hugo Chávez está enfermo de gravedad, pero insistirá en ser candidato presidencial; la penetración popular del chavismo se encuentra relativamente debilitada, pero aún presenta una inmensa fortaleza; el régimen podrá realizar, sin ningún tipo de límites, todas las acciones, legales e ilegales, que requiera para ganar las elecciones debido al control que tiene sobre los poderes públicos; en sus filas se observa una importante lucha interna, pero sin comprometer el liderazgo de Hugo Chávez; por primera vez, desde el año 2002, el oficialismo tiene que enfrentar a una oposición cohesionada y fortalecida por el surgimiento del sólido liderazgo de Henrique Capriles y la firme unidad que lo respalda.

Esta estrategia tiene varios objetivos perfectamente determinados: ganar las elecciones presidenciales con la candidatura de Hugo Chávez, utilizando la enfermedad para impactar el sentimiento nacional y lograr una sólida mayoría; destruir la imagen de Henrique Capriles, con todo tipo de calumnias; atemorizar y desmoralizar a la oposición con la finalidad de disminuir la presencia de electores el 7 de octubre; asegurar el triunfo mediante un férreo control del sistema electoral; consolidar una campaña a través de los medios de comunicación oficiales que permitan imponer una matriz de opinión que fortalezca la imagen de un gobierno que lucha por la igualdad social y una oposición comprometida con el imperialismo norteamericano y la oligarquía; lograr captar la mayor cantidad de medios financieros para fortalecer los programas sociales...

Transformar estos objetivos en acciones efectivas no le es difícil a un régimen con tanto poder. Veamos tres ejemplos: al día siguiente de las elecciones primarias todos los programas oficialistas estaban dirigidos a desacreditar la imagen de Henrique Capriles y disminuir el impacto de los tres millones de votos. La grotesca pero impactante despedida de Hugo Chávez, el día que viajaba a Cuba, fue una minuciosa operación mediática que buscaba impactar el sentimiento popular y lograr que se olvidara el efecto de las elecciones primarias. Realmente lo lograron. El tema de conversación dejó de ser el éxito de la oposición y volvió a centrarse en la salud presidencial. El reciente ataque a Henrique Capriles, con armas de fuego, durante una caminata de la oposición, realizada en Cotiza, mostró que el chavismo no se detendrá en la utilización de la violencia.

La pregunta a responder es si existe manera de oponerse con éxito a estas acciones para debilitar la estrategia chavista. Estoy convencido que sí. El problema sentimental de la enfermedad sólo se puede enfrentar si se deja de tomar en cuenta. Hay que dejar de hablar de ese tema. Si se mejora bienvenido para derrotarlo electoralmente; si se agrava, es un problema de su familia y de sus amigos. La campaña contra Capriles ha sido enfrentada de una manera acertada y eficiente. Nunca ha respondido un ataque. Dedicarse, como lo está haciendo, a criticar las políticas del gobierno produce tal impacto que, estoy seguro, se va a reflejar en más de una encuesta en los próximos días. Los ataques de grupos de inadaptados a actos de la oposición va a terminar haciendo más daño que bien. Eso obligará a suspenderlo. Así ocurrirá con otras muchas de sus acciones...

La campaña electoral de Hugo Chávez se verá limitada por su estado de salud. Se dedicará a fortalecer un mensaje televisivo de gran impacto a través de sus tradicionales cadenas. Ese mensaje tendrá posiblemente tres orientaciones fundamentales: grandes ofrecimientos dirigidos a los sectores populares, ataques puntuales a Henrique Capriles y a la oposición y permanentes mensajes a la Fuerza Armada. Él tiene que crear la imagen de que cuenta con su apoyo. De allí su reincidencia en violar la Constitución Nacional al señalar que la Fuerza Armada es chavista. Ese camino lo han trillado en Venezuela y en la América Latina más de un dictador. Todos han tenido que enfrentar la misma realidad: el desconocimiento de su autoridad en medio de una crisis. Lo sorprendente es que Hugo Chávez no haya aprendido la lección después del 11 de abril.

fochoaantich@gmail.com

domingo, 4 de marzo de 2012

Enfermedad y elecciones. Artículo de Fernando Ochoa Antich



FERNANDO OCHOA ANTICH
eluniversal.com


La enfermedad de Hugo Chávez y su supuesta gravedad tienen totalmente conmocionada a Venezuela. Nadie conoce lo que en realidad ocurre. Es tal el misterio que rodea la información que hasta altos funcionarios del gobierno entran en graves contradicciones. No es fácil de explicar este hecho. Cualquier jefe de Estado, que se somete a una intervención quirúrgica, informa a sus compatriotas sobre la enfermedad detectada por los médicos y el tratamiento a que ha sido sometido. Esta forma de actuar del régimen chavista tiene que tener alguna explicación. No es fácil determinarla con precisión. Lo que sí es cierto es que existen todo tipo de rumores: Unos la niegan tajantemente; otros la aceptan, pero dudan de su gravedad; los más reconocen que es verdad, pero están convencidos de que oculta una importante maniobra política.

Yo también estoy confundido. No tengo certeza de lo que ocurre. Entre las tres posiciones anteriores, me parece más creíble la última. Hugo Chávez tiene cáncer. Lo difícil es determinar su gravedad. A mi criterio es la razón del secreto. El conoce perfectamente, que si los venezolanos, que aún lo respaldan, se convencen de que su vida está realmente amenazada surgiría un verdadero terremoto. En la dirigencia empezaría una lucha sin cuartel. En el PSUV no existe un liderazgo establecido ni se respeta ninguna jerarquía. La importancia la establece la voluntad omnímoda de Hugo Chávez. El la adapta a su particular criterio e interés. No importan los méritos revolucionarios. Recientemente, modificó esa jerarquía: fortaleció a Diosdado Cabello y debilitó a Nicolás Maduro y a Elías Jaua. La militancia, ya suficientemente decepcionada, entraría en desbandada.

El problema se hace inmanejable por la cercanía de las elecciones. No queda mucho tiempo para el 7 de octubre y el éxito que obtuvo la oposición, en las elecciones primarias, al obtener tres millones de votos, escoger un excelente candidato, Henrique Capriles, y mantener la unidad de la oposición demuestra que los abusos de poder, a que nos tiene acostumbrado el chavismo, no serán suficientes para ganar estas elecciones. En estos días di una conferencia, en la cual desarrollé los escenarios electorales y la influencia de la enfermedad de Hugo Chávez, como factor determinante. En base a mi experiencia personal, desarrollé cuatro escenarios: dos, en los cuales gana con facilidad la oposición o el chavismo y dos en donde se triunfa con un resultado muy cerrado. Estoy convencido que los únicos posibles son estos dos últimos escenarios.

Eso quiere decir que la elección presidencial del 7 de octubre será una dura competencia en la que difícilmente puede preverse el resultado. Ese es justamente el desespero. Ese escenario de impredecible resultado considera a Hugo Chávez como candidato, en plenas condiciones físicas y mentales. Si observamos su comportamiento, en estos últimos meses, nos damos cuenta que su campaña electoral, que comenzó ya hace mucho tiempo, se basó fundamentalmente en convencer a los venezolanos y en particular a sus partidarios de que su salud se encontraba completamente recuperada. Ese objetivo es tan importante que no le importó manipular el sentimiento religioso venezolano para crear la imagen de que había existido un milagro. El segundo tumor destruyó las mentiras y el esfuerzo de tantos meses. En conclusión una verdadera catástrofe.

Creo que sus asesores, al conocerse la noticia de una nueva y delicada intervención, decidieron mantener en secreto la nueva operación para no afectar el impacto logrado en la opinión pública que lo presentaba en pleno proceso de recuperación. Los permanentes rumores lo impidieron. Ante esta realidad, decidieron preparar el show de la despedida. Creyeron que de esta manera podrían impactar, de una manera importante, el sentimiento de lástima en sus partidarios. De allí el esfuerzo comunicacional que se hizo. Si mis lectores recuerdan, aquellos que tuvieron la paciencia de escuchar la interminable cadena, los entrevistados habían sido preparados minuciosamente. Todos enviaban el mismo mensaje: "Hugo Chávez recuperará su salud. Dios lo ayudará"...

Al analizar la enfermedad de Hugo Chávez y sus consecuencias debemos prever tres escenarios posibles: su plena recuperación; el agravamiento de su salud; su muerte antes del proceso electoral. Imaginarse el escenario de su plena recuperación es una ilusión. La nueva operación lo ha descartado totalmente. Lo más que podría pensarse es una lenta mejoría de su salud. Lo que sí queda claro, porque ya existe, es el inmenso vacío de poder que se está creando. Hugo Chávez no puede seguir engañando al pueblo venezolano. Sencillamente, él ya no gobierna. Esta complicada situación obliga a hacerse una pregunta: ¿Dónde está el centro del poder? Sin duda, en la Fuerza Armada. Su mayoría institucional no debe tener duda: el 7 de octubre hay elecciones. Ese cronograma debe cumplirse plenamente. Es la garantía de la estabilidad nacional.

fochoaantich@gmai.com

domingo, 8 de enero de 2012

Fraude electoral. Artículo de Fernando Ochoa Antich

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FERNANDO OCHOA ANTICH
eluniversal.com/


Un importante sector de venezolanos tiene, con toda razón, poca confianza en los procesos electorales que se realizan en nuestro país. Digo, con toda razón, porque es imposible no tener dudas sobre la legitimidad y legalidad de un resultado electoral, cuando unas elecciones presentan, y han presentado siempre, las inmensas irregularidades que caracterizan los procesos electorales en Venezuela. Voy a analizar este tema, lo más ampliamente posible, para darle respuesta de esta manera a la trascendente carta pública que me hizo llegar uno de mis lectores, el ingeniero Fernando J. Lugo B., criticando algunos aspectos de mi anterior artículo, "Las mentiras de Hugo Chávez", y reclamándome mi optimismo en la victoria del candidato de la oposición democrática y la segura derrota de Hugo Chávez en las elecciones del 7 de octubre de 2012.

El ingeniero Lugo plantea con gran perspicacia su certeza de que Venezuela no tiene destino "si las elecciones se realizan bajo el actual esquema", pasando de inmediato a enumerar sus profundas dudas en la imparcialidad del Consejo Nacional Electoral, un organismo controlado totalmente por el oficialismo al estar constituido por cuatro rectores militantes del chavismo y solo haber un representante de la oposición. De inmediato cuestiona la forma irregular como se ha estructurado, sin ninguna posibilidad de control de la oposición, la base de datos que se utilizará en las elecciones de 7 de octubre. Termina preguntándose si "existirá el consenso suficiente para defender la voluntad expresada por el pueblo en las urnas" ante la decepción en el liderazgo que surgirá como consecuencia de no haber denunciado estas irregularidades.

Los planteamientos del ingeniero Lugo son muy pertinentes y merecen todo mi respeto, pero soy de los que creo que el problema de la ilegitimidad del régimen chavista no surge realmente de las irregularidades que pueden existir el día de las elecciones sino del irrespeto a la Constitución Nacional y al permanente abuso de poder que, de manera constante, realiza el régimen y, en particular, Hugo Chávez. Si usted analiza objetivamente el problema se dará cuenta de que el fraude electoral no ocurre en el conteo de los votos ni mucho menos. Hable usted con los testigos de la oposición y verá que siempre ratifican que no existe diferencia entre los votos que están en la urna y el acta que emite la máquina. Allí no está el problema. La debilidad de la oposición surge de su incapacidad de movilización y su falta de acceso a los sectores populares.

Analicemos estos once años de historia para determinar la forma en que el chavismo se ha fortalecido. En los primeros años de gobierno, principalmente en el año 2002, el chavismo y la propia figura de Hugo Chávez se fue debilitando por su incapacidad para enfrentar los grandes problemas nacionales. Esta realidad, más los abusos de poder del chavismo, nos condujo al 11 de abril. El radicalismo y la falta de sentido político de los militares permitieron el regreso de Hugo Chávez al poder. Esa derrota facilitó una primera purga en la Fuerza Armada. La oposición, ante los permanentes abusos del régimen, tomó la decisión de organizar una huelga general, con el apoyo de amplios sectores de Pdvsa. Había grandes posibilidades de éxito, pero el radicalismo impuso la tesis de la huelga indefinida que condujo a la derrota y a la purga de Pdvsa.

Después de estos fracasos, la oposición tomó el camino del referendo revocatorio. Lamentablemente, la dirigencia de ese momento no logró obligar al CNE a realizar el referendo revocatorio en la fecha que correspondía. Ese tiempo, más el mejoramiento de la situación económica y las misiones le permitieron al chavismo triunfar electoralmente. El resultado mostró un cambio muy importante en la opinión pública: el no, 59,54%; el sí, 40,74%. En lugar de analizar con sentido crítico el resultado, se denunció fraude, preparando el ambiente para la posición abstencionista que nos condujo al gravísimo error de no ir a las elecciones parlamentarias. Le entregamos en bandeja de plata todo el poder a Hugo Chávez. De todas maneras, los sectores democráticos rectificaron al regresar, en las elecciones de 2006, al camino electoral.

Ese camino nos ha dado dos victorias fundamentales: el rechazo a la reforma constitucional del año 2007 y el triunfo en las elecciones parlamentarias de 2010. Ahora nos toca enfrentar las elecciones presidenciales. No va a ser fácil, ante los constantes abusos del chavismo, pero si los sectores democráticos, como ya es realidad, van unidos existen posibilidades ciertas de triunfar. Habrá, sin lugar a duda, algunas tentativas de fraude, pero hay que saber que el problema no es el resultado que dé el CNE. Si los venezolanos mayoritariamente tienen la convicción de la derrota de Hugo Chávez, cualquier intento de fraude abriría una crisis política de consecuencias impredecibles. En ese momento, aunque algunos generales hablen tonterías, la Fuerza Armada tendría la última palabra. Su obligación es cumplir y hacer cumplir la Constitución Nacional.

fochoaantich@gmail.com

domingo, 20 de noviembre de 2011

Los temores de Hugo Chávez. Artículo de Fernando Ochoa Antich


FERNANDO OCHOA ANTICH
eluniversal.com


Hugo Chávez está asustado. No tengo la menor duda en afirmarlo. Es la única explicación que le encuentro a su exagerada actividad de estos días. No es fácil entender que, faltando tanto tiempo para las elecciones, se encuentre prácticamente en medio de una campaña electoral que ni el momento político lo exige ni su estado de salud se lo permite. Hay que reflexionar sobre esta situación para entender realmente lo que está ocurriendo en Venezuela. No podemos confiar en las encuestas. Sus resultados, favorables a Hugo Chávez, no justifican este esfuerzo. Si en realidad su popularidad se acerca al 60% y la valoración favorable de su gobierno a 70 %, qué razón puede haber para arriesgar su vida y además comprometer el destino económico de Venezuela.

Normalmente, los gobiernos hacen encuestas. Estoy convencido que un político tan perspicaz y desconfiado como Hugo Chávez debe realizarlas permanentemente. Los resultados deben ser totalmente diferentes a los obtenidos por las empresas encuestadoras. Si así fuera, la situación política empezaría a tener cierta lógica. No es posible negar, que la oposición democrática ha logrado, desde hace varios años, éxitos políticos muy importantes que han influido, de manera trascendente, en la opinión pública. La recuperación de su prestigio comenzó desde las elecciones presidenciales de 2006. Es verdad, que en esas elecciones Hugo Chávez obtuvo un triunfo avasallador, pero es innegable que el acuerdo político alcanzado tuvo un profundo significado.

Dejó en claro que el liderazgo político había aprendido la lección: era necesario rectificar profundamente la estrategia de la oposición para no cometer los mismos errores. A partir de ese momento, se ha sido inflexible tanto en el objetivo como en la forma de alcanzarlo: derrotar a Hugo Chávez a través de la vía electoral. Es imposible negar que a partir de las elecciones presidenciales de 2006, la oposición democrática sólo ha obtenido grandes triunfos políticos: el rechazo popular a la reforma constitucional del año 2007, la derrota del chavismo en las elecciones parlamentarias de 2010 y, ahora, la creación de la Mesa de la Unidad, la organización de las elecciones primarias y la certeza de que la oposición sólo tendrá un candidato para enfrentar a Hugo Chávez.

Es posible que estos éxitos políticos hayan alertado al gobierno de Hugo Chávez. Definitivamente, el año 2012 va a ser muy complejo para el régimen: la oposición democrática se ha transformado en una fuerza de opinión nada despreciable. Además, es imposible no valorar un conjunto de fortalezas que resaltan a simple vista: la unidad, el perfil de los candidatos, el novedoso mensaje y fundamentalmente el llamado a la concordia nacional. Los venezolanos están fatigados del permanente enfrentamiento, de las descalificaciones y de la siembra de odios. Ese fue el éxito más resaltante del debate. Unos candidatos que demostraron no sólo un profundo conocimiento de la realidad nacional sino un permanente respeto a las ideas del adversario.

El problema electoral del próximo año no se limita a estas indiscutibles fortalezas de la oposición, sino a un conjunto de debilidades que presenta Hugo Chávez como candidato y la pésima valoración que hacen los venezolanos de su gobierno. Empecemos por el candidato oficialista: su imagen es realmente patética. No tiene nada que ver con aquel joven que, en 1998, logró impactar el sentimiento popular. Ahora se ve viejo, enfermo, con un mensaje repetitivo, que cada día impacta menos a la opinión pública. Además, su gobierno ya no produce ilusiones. Por más que, sin escrúpulos, engañe a los más humildes con ofrecimientos irreales y asistencialistas. Un buen ejemplo es la misión vivienda. Ni siquiera ha podido resolver la tragedia de los damnificados.

Hugo Chávez es muy peligroso. Su ambición de poder puede conducirlo a tomar un camino equivocado. Su permanente prédica en los cuarteles para convencer a la Fuerza Armada de un supuesto odio de la oposición a sus miembros es totalmente inaceptable. Señalar que la oposición no respetará el resultado de las elecciones es una absoluta irresponsabilidad. Ninguna, de esas dos afirmaciones son ciertas. Pablo Pérez le respondió, con gran firmeza, que la oposición no sólo respeta a la Fuerza Armada, sino que entre sus planes está el fortalecimiento de un sistema de seguridad social eficiente. La oposición nunca ha dicho que va a desconocer el resultado electoral. Lo que sí ha afirmado, es que el ventajismo, entre ellos las cadenas y el control mediático, es en cierta forma un fraude electoral.

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