sábado, 23 de junio de 2012
Por quién votarán los empleados públicos. Artículo de Ángel García Banchs
martes, 28 de febrero de 2012
Capriles, Chávez y la deuda. Artículo de Ángel García Banchs
Ángel García Banchs
En Twitter: @garciabanchs
runrun.es/
No importa lo que yo crea, sino lo que los mercados, los bancos e inversores crean. Pero, aún así, creo que están equivocados (aunque quien podría estarlo, en la práctica, sea yo). Me refiero a aquella parte del reciente aumento en el precio de los bonos venezolanos, que se ha atribuido al efecto Capriles y el efecto Chávez, efectos que no comparto.
No creo que existían razones objetivas para que el riesgo país de Venezuela disminuyese, como lo ha hecho en las últimas semanas, a raíz del aumento en la probabilidad de un cambio de gobierno (i.e. a raíz de que Capriles haya ganado las primarias abrumadoramente y Hugo Chávez requiera una nueva intervención para lidiar con su enfermedad). No lo digo, en ningún momento, porque no crea que Capriles pueda reducir el riesgo jurídico y político de invertir en el país, ni porque no esté capacitado para reordenar las finanzas públicas y la política monetaria del Banco Central de Venezuela. Con los excelentes aportes de José Guerra y Ricardo Villasmil, claro que podrá hacerlo. Sólo que creo que, objetivamente hablando, si Venezuela pagará o no su deuda en los años venideros dependerá más del pasado (la deuda acumulada en 13 años de chavismo) y el precio del petróleo, que de los cambios que Capriles pueda articular. Es decir, Capriles podrá reducir, a mi modo de ver, el riesgo de impago de la deuda a largo plazo, pero, no creo que puede afectar mucho lo que pueda pasar en 2013-2014.
La razón es sencilla. Capriles no podrá afectar, ni el pasado, ni el precio del petróleo, aunque, considero que, de tener que hacerlo, los mercados y los bancos del exterior estarían más dispuestos a reestructurar la deuda venezolana con Capriles que con Chávez. Ahora bien, lo que sí creo es que, con Capriles podría producirse una entrada de capitales si inteligentemente se organiza un proceso de apertura petrolera (concesiones petroleras). En ese caso, el escenario cambiaría.
En palabras llanas, dado el enorme endeudamiento contraído durante la Administración del Presidente Hugo Chávez, si estaremos en la capacidad y disposición de pagar la deuda en los años 2013-2014 dependerá fundamentalmente del precio del petróleo. Particularmente, si el precio del petróleo tiende a infinito podremos pagar con certeza, y si tiende a cero, dado que no tenemos acumuladas reservas internacionales suficientes, con certeza, no podremos hacerlo. Es decir, por encima de cierto precio del petróleo, dadas las exportaciones en barriles, contaremos con suficientes recursos para cumplir y, por debajo de otro nivel de precios, simplemente, no podremos hacer nuestros pagos. Peor aún, para cierto rango de precios del petróleo, si Capriles pagará o no la deuda dependerá de si se prefiere honrar los compromisos, al costo de una recesión y maxidevaluación, o si se prefiere incumplirlos para evitar estos males.
En fin, ya el mal está hecho (i.e. ya el país con Chávez se endeudó demasiado para financiar la expansión del consumo, en vez de la inversión para incrementar la exportación y la generación de divisas con qué pagar la deuda). Así que en el corto plazo, poco podrá definir Capriles, y sólo nos resta a los venezolanos esperar si, una vez más, el petróleo nos salva y nos permite cumplir los compromisos.
http://www.angelgarciabanchs.com/
opinion@angelgarciabanchs.com
@garciabanchs
lunes, 24 de octubre de 2011
El capitalismo popular. Artículo de Ángel García Banchs
ANGEL GARCÍA BANCHS
En Twitter: @garciabanchs
Puedo hablar con propiedad sobre lo que María Corina Machado ha denominado capitalismo popular, debido a mis múltiples conversaciones con ella.
El capitalismo popular, según entiendo, es lo contrario al capitalismo rentístico de Estado (i.e. al socialismo del siglo XX y XXI), el cual ha imperado en Venezuela hasta ahora; implica un sistema que llegue e incluya a todos y cada uno de los hogares venezolanos, y no tan solo a unos pocos; uno que transforme al individuo en emprendedor y trabajador o, lo que es lo mismo, le permita desarrollar sus capacidades y aprovechar sus libertades para depender de sí mismo y no del Estado; hasta dónde llegar, en el capitalismo popular, dependerá de uno mismo; no habrán bases político-clientelares, limosnas, dádivas o humillaciones, sino ciudadanos dignos y libres que se beneficiarán continuamente, mientras trabajan, emprenden, y aportan al país. Pero, ante todo, el capitalismo popular, implica un nuevo diseño institucional para Venezuela - i.e. uno que haga predominar nuestros mejores valores y minimice a su vez los malos hasta ahora reinantes.
El capitalismo popular implicará substituir el modelo de reparto de la renta petrolera, fundamentado en la dependencia del ciudadano del Estado, y en el desempleo y subempleo como base político-clientelar, por uno de transformación de la sociedad, basado en la civilidad, el crecimiento, el desarrollo y el empleo productivo.
Implicará eliminar los controles y modificar los arreglos institucionales de la economía, para minimizar el riesgo jurídico y político de invertir en el país, y ofrecer libertades, hasta hoy día negadas al sector privado, como lo es la posibilidad de emprender negocios, e invertir en la producción de petróleo, petroquímica, hierro, minería y otros sectores, hasta hoy reservados por el Estado venezolano.
También, implicará convocar a un acuerdo o pacto nacional entre partidos, trabajadores, empresarios, y el gobierno nacional, para contribuir a la paz y la armonía social del país, la expansión del producto y el empleo productivo y la erradicación de la inflación. Igualmente, diversificar y expandir la industria petrolera de 2 a 3 veces su tamaño actual, y procurar una tasa de crecimiento real de la misma no menor al 3%, para propiciar el desarrollo de sectores conexos y poder producir y exportar insumos para la industria, al igual que productos de la petroquímica, y del plástico, de mayor valor agregado y demanda laboral.
El capitalismo popular implicará dar un giro de 180 grados a la política económica actual, de forma tal de poder industrializar al país, substituir un gran número de importaciones y, sobre todo, lograr exportar producto no petrolero, mientras se avanza hacia la independencia fiscal y monetaria de los hidrocarburos. Transformar la economía nacional de una economía de puertos a una diversificada, que no dependa únicamente del petróleo, y las importaciones, a través del control de la inflación y, en particular, mediante el mantenimiento de un tipo de cambio competitivo, en vez de un cambio sobrevaluado, como ha ocurrido desde hace tantísimas décadas.
Sin que nadie pierda sus actuales ingresos, el capitalismo popular irá, poco a poco, substituyendo las misiones y asistencias por empleos productivos y mejor remunerados, generados por el sector privado. Y, así, también, entre muchas otras cosas a mencionar, implicará eliminar gradualmente los subsidios y, en particular, el subsidio a la gasolina, que representa a precios actuales un costo de oportunidad de 20 mil millones de dólares, que bien podrían ir al financiamiento de bienes públicos como la educación y la salud.
Pero, todo lo aquí descrito en muy pocas líneas, no es más que un abre boca sobre lo que, al parecer, es una gran propuesta que implica ruptura con nuestro presente y pasado y, por tanto, ofrece la verdadera transformación que reclama el país.
Ángel García Banchs
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