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sábado, 23 de junio de 2012

Por quién votarán los empleados públicos. Artículo de Ángel García Banchs

Ángel García Banchs

Twitter: @garciabanchs

Runrunes.es

En Twitter, un empleado público me decía el otro día: “yo he votado siempre por la oposición y no me ha pasado nada”. Ojalá todos los empleados, jubilados y contratistas del Estado pensaran así, pues en ese caso sólo las preferencias, y no las expectativas, determinarían el voto. Lamentablemente, una fracción importante de ellos piensa aún: el voto es secreto, pero, ¡cuidado, pues de que vuelan, vuelan!

Para acabar con el miedo de los empleados públicos, Capriles debe convencerlos de que, alrededor de 3 de cada 4 de sus compañeros votarán por él. No basta con decir que el voto es secreto, pues aunque es cierto, no importa lo que usted y yo aquí creamos, sino, únicamente, lo que la mayoría de los empleados públicos en efecto crean.

El voto del empleado público dependerá de lo que éste crea que votarán sus compañeros (restantes empleados públicos – abajo explico por qué).

Si un empleado público espera que la mayoría de sus compañeros vote por Capriles, lo óptimo para él será hacer lo mismo (votar por Capriles).

Los empleados públicos saben que si Chávez gana y 75% de ellos votaron por Capriles, no podrán despedirlos. Pero, también temen que si eso pasa y sólo 25% votó por Capriles, ese 25% podría perder sus empleos (el miedo de votar por quien quieren hacerlo, Capriles, disminuye con el porcentaje de empleados públicos que se espera lo hagan – i.e. en la unión está la fuerza).

Capriles debe acabar con la preocupación de los empleados públicos, cuyo miedo (temor) no es qué pasará si votan por Capriles y termina ganando, sino qué pasará si votan por él, pero, termina ganando Chávez.

Repito, para acabar con el miedo de los empleados públicos, Capriles debe sostener que, 3 de cada 4 empleados públicos votarán por él (encuestas dirigidas específicamente a empleados públicos y jubilados podrían ayudar – la información para identificar a los empleados del gobierno, todos sabemos, está disponible).

Responder a la pregunta por quién votarán los empleados públicos implica hallar la solución a lo que, en teoría de juegos (estrategia), se conoce como “juego garantizado”. Ese juego se caracteriza por el hecho de que el óptimo social (e.g. votar por Capriles, cuando el resto de los empleados públicos también lo hace) resulta ser equilibrio de Nash (la mejor respuesta a la mejor estrategia del otro); pero, igualmente, se caracteriza por el hecho de que, una posición social subóptima también lo es (votar por Chávez, cuando el resto de los empleados públicos también lo hace es, también, equilibrio de Nash).

Es decir, pronosticar por quién votarán los empleados públicos, Capriles o Chávez, implica identificar el equilibrio que predominará en un juego de múltiples equilibrios (particularmente, dos: votar por Henrique Capriles – votar por Henrique Capriles versus votar por Chávez – votar por Chávez). Si hay dos equilibrios, ¿cuál predominará: el óptimo social (que gane Capriles entre los empleados públicos) o el subóptimo social (que gane Chávez entre los empleados públicos)?

La respuesta es sencilla: predominará el equilibrio que implique el menor riesgo para los empleados de la Administración Pública; es decir, aquel equilibrio asociado a estrategias que para que convengan al individuo signifique tener que atribuir la menor probabilidad de que el otro haga lo mismo.

Por ejemplo, votar por Henrique Capriles – votar por Henrique Capriles no será el equilibrio que predomine, si es el caso que, para que sea conveniente votar por él, el empleado público deba atribuir una probabilidad de 2/3 a que los restantes empleados hagan lo mismo (i.e. deba esperar que 2 de cada 3 de sus compañeros voten por él). Lamentablemente, en ese caso, votar por Chávez – votar por Chávez sería, obviamente, el equilibrio que predomine, pues, a pesar de que el otro equilibrio es el que maximiza el bienestar colectivo, el equilibrio subóptimo es el que minimizaría el riesgo individual; particularmente, en el ejemplo referido, votar por Chávez – votar por Chávez sería el equilibrio dominante desde el punto de vista del riesgo, ya que implicaría, tener que, atribuir apenas 1/3 de probabilidad a que el otro haga lo mismo para que la estrategia votar por Chávez sea aquella que más convenga (así, bastaría tan solo en el ejemplo, esperar que 1 de cada 3 compañeros vote por Chávez para que convenga hacerlo también).

Apéndice matemático de teoría de juegos

4 y 4 son, respectivamente, la ganancia de cooperar (votar Capriles) del empleado fila y el empleado columna, cuando éste también hace lo mismo (vota Capriles). En este caso, ambos salen felices, pues salen de Chávez y conservan sus puestos de trabajo. De hecho, no hay mejor resultado para los empleados que éste.

0 y 3 son, respectivamente, la ganancia de cooperar (votar Capriles) del empleado fila, y de no cooperar del empleado columna (votar Chávez). Acá, el empleado fila sale mal, pues pierde su empleo, y además no saca a Chávez, mientras que el empleado columna, sale regular, pues aún cuando no saca a Chávez conserva su empleo.

3 y 0 son, respectivamente, la ganancia de no cooperar (votar Chávez) del empleado fila, y de cooperar del empleado columna (votar Capriles). Acá, el empleado fila sale regular, pues no pierde su empleo, pero no saca a Chávez, mientras que el empleado columna, definitivamente, sale mal, pues no saca a Chávez y pierde su empleo.

Finalmente, 2 y 2 son, respectivamente, la ganancia de no cooperar (votar Chávez) del empleado fila y el empleado columna, cuando éste también hace lo mismo (vota Chávez). En este caso, ambos salen tristes, pues aunque ambos conservan sus puestos de trabajo, ninguno hace nada para sacar a Chávez, quien vence.

Votar por Henrique Capriles – votar por Henrique Capriles es óptimo de Pareto, simplemente, porque la suma de las utilidades individuales en esa posición (8 = 4+4), resulta mayor que en cualquier otra (i.e. resulta mayor que 3 = 0+3; 3 = 3+0 y 4 = 2+2).

Votar por Henrique Capriles – votar por Henrique Capriles es un equilibrio de Nash, porque cuando el empleado fila coopera (vota Capriles) el empleado columna también (debido a que 4>3), y, viceversa, cuando el empleado columna coopera (vota Capriles) el empleado fila también (debido a que 4>3).

Votar por Chávez – votar por Chávez es también equilibrio de Nash, porque cuando el empleado fila no coopera (vota Chávez) el empleado columna también (ya que 2>0), y, viceversa, cuando el empleado columna no coopera (vota Chávez) el empleado fila también (debido a que 2>0).

Si atribuimos probabilidad “p” a que el otro también coopere, entonces:

El beneficio esperado de cooperar (votar por Capriles) vendría dado por:

B-cooperar = 4 • p = 4 • p + 0 • (1-p)

B-no cooperar = p + 2 = 3 • p – 2 • p + 2 = 3 • p + 2 • (1-p)

El beneficio esperado de cooperar (B-cooperar) es exactamente igual al de no cooperar (B-no cooperar) para p*=2/3, lo que implica que para que tenga sentido cooperar desde la perspectiva individual del votante (empleado público) debe ser el caso que p≥2/3. En fin, por algún motivo, para que se de el equilibrio cooperar-cooperar (Capriles – Capriles), el empleado público (dados los supuestos paramétricos que planteo) debería esperar que, al menos 2 de cada 3 de sus compañeros voten por Capriles.

Cuandoquiera que lo anterior sea poco probable (i.e. mientras Capriles no entienda que, la preocupación de los empleados públicos no es qué pasará si votan por él y luego gana, sino qué pasará si votan por él, pero, termina ganando Chávez; o, lo que es lo mismo, mientras Capriles no haga nada para convencer de que, 3 de cada 4 empleados públicos, votarán por él), lo más probable es que entre los votantes de la Administración Pública salga Chávez ganador (i.e. la convención ganadora será votar por Chávez).

Nota: este trabajo se nutrió de una discusión en postgrado con el economista José Acosta.

Ángel García Banchs PhD en Economía Política de la Universidad de Siena, Italia y Profesor del CENDES y FACES/UCV Director de Econométrica opinion@angelgarciabanchs.com Twitter: @garciabanchs

martes, 28 de febrero de 2012

Capriles, Chávez y la deuda. Artículo de Ángel García Banchs

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Ángel García Banchs
En Twitter: @garciabanchs
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No importa lo que yo crea, sino lo que los mercados, los bancos e inversores crean. Pero, aún así, creo que están equivocados (aunque quien podría estarlo, en la práctica, sea yo). Me refiero a aquella parte del reciente aumento en el precio de los bonos venezolanos, que se ha atribuido al efecto Capriles y el efecto Chávez, efectos que no comparto.

No creo que existían razones objetivas para que el riesgo país de Venezuela disminuyese, como lo ha hecho en las últimas semanas, a raíz del aumento en la probabilidad de un cambio de gobierno (i.e. a raíz de que Capriles haya ganado las primarias abrumadoramente y Hugo Chávez requiera una nueva intervención para lidiar con su enfermedad). No lo digo, en ningún momento, porque no crea que Capriles pueda reducir el riesgo jurídico y político de invertir en el país, ni porque no esté capacitado para reordenar las finanzas públicas y la política monetaria del Banco Central de Venezuela. Con los excelentes aportes de José Guerra y Ricardo Villasmil, claro que podrá hacerlo. Sólo que creo que, objetivamente hablando, si Venezuela pagará o no su deuda en los años venideros dependerá más del pasado (la deuda acumulada en 13 años de chavismo) y el precio del petróleo, que de los cambios que Capriles pueda articular. Es decir, Capriles podrá reducir, a mi modo de ver, el riesgo de impago de la deuda a largo plazo, pero, no creo que puede afectar mucho lo que pueda pasar en 2013-2014.

La razón es sencilla. Capriles no podrá afectar, ni el pasado, ni el precio del petróleo, aunque, considero que, de tener que hacerlo, los mercados y los bancos del exterior estarían más dispuestos a reestructurar la deuda venezolana con Capriles que con Chávez. Ahora bien, lo que sí creo es que, con Capriles podría producirse una entrada de capitales si inteligentemente se organiza un proceso de apertura petrolera (concesiones petroleras). En ese caso, el escenario cambiaría.

En palabras llanas, dado el enorme endeudamiento contraído durante la Administración del Presidente Hugo Chávez, si estaremos en la capacidad y disposición de pagar la deuda en los años 2013-2014 dependerá fundamentalmente del precio del petróleo. Particularmente, si el precio del petróleo tiende a infinito podremos pagar con certeza, y si tiende a cero, dado que no tenemos acumuladas reservas internacionales suficientes, con certeza, no podremos hacerlo. Es decir, por encima de cierto precio del petróleo, dadas las exportaciones en barriles, contaremos con suficientes recursos para cumplir y, por debajo de otro nivel de precios, simplemente, no podremos hacer nuestros pagos. Peor aún, para cierto rango de precios del petróleo, si Capriles pagará o no la deuda dependerá de si se prefiere honrar los compromisos, al costo de una recesión y maxidevaluación, o si se prefiere incumplirlos para evitar estos males.

En fin, ya el mal está hecho (i.e. ya el país con Chávez se endeudó demasiado para financiar la expansión del consumo, en vez de la inversión para incrementar la exportación y la generación de divisas con qué pagar la deuda). Así que en el corto plazo, poco podrá definir Capriles, y sólo nos resta a los venezolanos esperar si, una vez más, el petróleo nos salva y nos permite cumplir los compromisos.

http://www.angelgarciabanchs.com/

opinion@angelgarciabanchs.com

@garciabanchs

lunes, 24 de octubre de 2011

El capitalismo popular. Artículo de Ángel García Banchs


ANGEL GARCÍA BANCHS

En Twitter: @garciabanchs

Puedo hablar con propiedad sobre lo que María Corina Machado ha denominado capitalismo popular, debido a mis múltiples conversaciones con ella.

El capitalismo popular, según entiendo, es lo contrario al capitalismo rentístico de Estado (i.e. al socialismo del siglo XX y XXI), el cual ha imperado en Venezuela hasta ahora; implica un sistema que llegue e incluya a todos y cada uno de los hogares venezolanos, y no tan solo a unos pocos; uno que transforme al individuo en emprendedor y trabajador o, lo que es lo mismo, le permita desarrollar sus capacidades y aprovechar sus libertades para depender de sí mismo y no del Estado; hasta dónde llegar, en el capitalismo popular, dependerá de uno mismo; no habrán bases político-clientelares, limosnas, dádivas o humillaciones, sino ciudadanos dignos y libres que se beneficiarán continuamente, mientras trabajan, emprenden, y aportan al país. Pero, ante todo, el capitalismo popular, implica un nuevo diseño institucional para Venezuela - i.e. uno que haga predominar nuestros mejores valores y minimice a su vez los malos hasta ahora reinantes.

El capitalismo popular implicará substituir el modelo de reparto de la renta petrolera, fundamentado en la dependencia del ciudadano del Estado, y en el desempleo y subempleo como base político-clientelar, por uno de transformación de la sociedad, basado en la civilidad, el crecimiento, el desarrollo y el empleo productivo.

Implicará eliminar los controles y modificar los arreglos institucionales de la economía, para minimizar el riesgo jurídico y político de invertir en el país, y ofrecer libertades, hasta hoy día negadas al sector privado, como lo es la posibilidad de emprender negocios, e invertir en la producción de petróleo, petroquímica, hierro, minería y otros sectores, hasta hoy reservados por el Estado venezolano.

También, implicará convocar a un acuerdo o pacto nacional entre partidos, trabajadores, empresarios, y el gobierno nacional, para contribuir a la paz y la armonía social del país, la expansión del producto y el empleo productivo y la erradicación de la inflación. Igualmente, diversificar y expandir la industria petrolera de 2 a 3 veces su tamaño actual, y procurar una tasa de crecimiento real de la misma no menor al 3%, para propiciar el desarrollo de sectores conexos y poder producir y exportar insumos para la industria, al igual que productos de la petroquímica, y del plástico, de mayor valor agregado y demanda laboral.

El capitalismo popular implicará dar un giro de 180 grados a la política económica actual, de forma tal de poder industrializar al país, substituir un gran número de importaciones y, sobre todo, lograr exportar producto no petrolero, mientras se avanza hacia la independencia fiscal y monetaria de los hidrocarburos. Transformar la economía nacional de una economía de puertos a una diversificada, que no dependa únicamente del petróleo, y las importaciones, a través del control de la inflación y, en particular, mediante el mantenimiento de un tipo de cambio competitivo, en vez de un cambio sobrevaluado, como ha ocurrido desde hace tantísimas décadas.

Sin que nadie pierda sus actuales ingresos, el capitalismo popular irá, poco a poco, substituyendo las misiones y asistencias por empleos productivos y mejor remunerados, generados por el sector privado. Y, así, también, entre muchas otras cosas a mencionar, implicará eliminar gradualmente los subsidios y, en particular, el subsidio a la gasolina, que representa a precios actuales un costo de oportunidad de 20 mil millones de dólares, que bien podrían ir al financiamiento de bienes públicos como la educación y la salud.

Pero, todo lo aquí descrito en muy pocas líneas, no es más que un abre boca sobre lo que, al parecer, es una gran propuesta que implica ruptura con nuestro presente y pasado y, por tanto, ofrece la verdadera transformación que reclama el país.



Ángel García Banchs
http://www.angelgarciabanchs.com/