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sábado, 2 de junio de 2012

¿Por qué una guerra de encuestas?. Artículo de Carmen Beatriz Fernández

Carmen Beatriz Fernández

Elecciones.net

Partamos de un axioma: no son las encuestas quienes definen las elecciones. Las encuestas sirven para tomar decisiones relevantes y son el instrumento estratégico que, cual sofisticado GPS, indica los obstáculos en ese sendero que nos acerca a la meta. Con las encuestas un comando mide, aprende, verifica, vuelve a medir y corrige si hace falta. Pero la elección la define el elector, ese mismo al que los encuestadores preguntan y es aquí donde comienza el lío. La investigadora de opinión pública alemana Elizabeth Noelle Nauman identificó claramente en sus estudios un fenómeno denominado “efecto carro ganador” según el cual en las últimas fases de una campaña, algunos electores, comúnmente los menos informados, despolitizados, los que han seguido con menor interés la campaña, realizan algunos desplazamientos electorales en dirección del candidato que se perfila ganador. Estos tropismos, cuando se producen son leves, del orden del 3 o 4% del electorado.

Buscando estas migraciones de última hora es que en muchas campañas los comandos difunden las encuestas que les favorecen. El veterano encuestador mexicano Roy Campos define la Guerra de Encuestas como un período dentro de una campaña donde desde uno o varios comandos usan datos de empresas poco confiables para contrarrestar informaciones no favorables.

Ahora bien, si está comprobado que los efectos son mínimos y sólo se dan al final de una campaña ¿por qué entonces el comando chavista inicia una guerra de encuestas en una campaña que apenas se inicia? Esbozo tres hipótesis:

1. Subirle centímetros a la talanquera: hablar de una supuesta “brecha infranqueable” es ponerle dificultades psicológicas y aumentar la percepción de riesgo a quienes estudian el transfuguismo político como opción.

2. Elevarle la temperatura a la Unidad: la alianza de fuerzas políticas que integran la Unidad opositora es una delicada obra de orfebrería, un arreglo sensible en el que todos ganan, pero que individualmente algunos sienten ganaron menos que otros. Forjar una diferencia abismal en los números podría sembrar nuevas dudas y debilitar la alianza. Poleo y Francesqui son dos retratos ejemplares.

3. Crear una matriz post Chavez que justifique la derrota del candidato del chavismo en una eventual sustitución de Chávez por su enfermedad. “Sólo el cáncer pudo con él” sería una explicación válida para recrear el mito de Chavez tras su desaparición física y conseguir la versión tropical del peronismo, que permita la preservación de ese espacio político.

Alguna de estas hipótesis, o quizás una combinación de las tres, contesta la pregunta que titula este artículo y explica porque el chavismo quiere una guerra de encuestas. Más difícil es responder porque el comando opositor le sigue el juego. Ese deberá ser objeto de otro artículo…

sábado, 19 de mayo de 2012

Errar encuestum est: el cuestionario. Artículo de Carmen Beatriz Fernández

Carmen Beatriz Fernández E-lecciones.net Las encuestas publicadas con fines propagandísticos no son nuevas en los procesos electorales, por el contrario, tienden a aparecer en cada campaña, con el mismo entusiasmo que un militante comprometido. Se emplean como instrumentos proselitistas pues tienen ellas un impacto sobre las percepciones del elector en relación a ganadores y perdedores, que siempre es propenso a ser utilizado por los comandos. Lo que sí resulta toda una novedad en este proceso electoral es que se pretenda usar las encuestas como principal argumento de campaña. Es muy claramente observable en los medios oficiales como la supuesta “guerra de encuestas” forma parte de una línea editorial, me atrevería a decir que quizás la principal línea editorial. Se habla de supuestas brechas enormes, que se amplían cuanto más desconocida es la encuestadora. Son tan audaces algunos voceros oficialistas que hablan incluso de “tendencias irreversibles”, cosa que ningún encuestador serio diría. Pareciera que el hecho electoral fuera hasta prescindible ante tamaña brecha. Las encuestas son instrumentos de medición de la opinión pública sumamente sensibles, que pueden verse alterados por muchas variables, una de ellas es el cuestionario. ¿Cómo logra una encuestadora medianamente seria afectar los resultados de su encuesta para que favorezcan a una opción política? Hay dos tipos de sesgos que puede inducir el cuestionario, deliberada o inadvertidamente: el primero es de tipo semántico (la construcción de las preguntas, las palabras empleadas y su fraseo exacto) y el segundo el de la secuencia (relativo a la lógica que sigue el cuestionario). “Wording” y “ording” les llaman los anglosajones. Tomemos el ejemplo de GISXXI, que amplificó por múltiples medios los resultados de su más reciente encuesta. Encuesta Mayo 2012 GIS XXI En la estructura del cuestionario de GISXXI hay tres bloques de preguntas: un primero relativo a la situación político-económica del país, un segundo a las misiones, y finalmente un tercero relativo a las opiniones electorales. La secuencia de este cuestionario tiene sesgo porque tiende a inducir las respuestas de corte electoral, al medirlas tras las preguntas de las misiones y gestión del Presidente Chávez. La amplia medición de las misiones crea un marco de referencia claramente orientado a la opción chavista y le envía señales al entrevistado. Desconozco si pudiera hacer también sesgos por “wording” en GISXXI porque no conozco el fraseo exacto de cada pregunta. Pero de “ording” lo hay seguro. Es decir, es técnicamente posible inducir resultados cuya única justificación es política. Sin embargo, y pese a tener varias objeciones metodológicas respecto a la encuesta GISXXI, creo encomiable su consecuente esfuerzo por hacer públicas sus encuestas y publicar en su sitio web amplia información sobre las mismas.