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jueves, 27 de septiembre de 2012

¡2012: Una Campaña para analizar! por Gabriel Reyes

Gabriel Reyes

En Twitter: @greyesg

Runrun.es

En el diseño y desarrollo de campañas electorales solo hay dos formas bien diferenciadas de hacer política, de manera constructiva o destructiva. No es una cuestión de estilo, es un tema de estrategias, de enfoques pragmáticos de la realidad del momento, del horizonte percibido como cercano y la necesidad de avanzar a toda costa.

Esta semana finaliza una de las campañas electorales presidenciales más interesantes desde le punto de vista técnico. Independientemente del resultado del 7 de Octubre próximo, existen elementos que revelan un desempeño táctico que merece un análisis detallado, más allá de la pasión subjetiva de las preferencias políticas de quien tenga acceso a ellas.

No corresponde a la mera retórica académica el hecho de haber presenciado el despliegue de un variado portafolio de artilugios electorales que evidencian la presencia de asesores nacionales y foráneos de amplia experiencia. Y aunque nos quedan todavía cuatro días de campaña, me tomaré la licencia de compartir con ustedes mi análisis del esfuerzo de un candidato por permanecer en el poder.

El candidato presidente arrancó con la duda que cubría como un manto de escepticismo su participación activa en el proceso de la campaña ya que presentaba un cuadro de salud que no era alentador. Por momentos, algunos analistas consideraron que no podía enfrentar este exigente reto, que lo haría de forma virtual y hasta algunos más atrevidos señalaron que el candidato sería otro. No fue así, y quien entra con el handicap de la convalecencia se percata de la máxima que señala que “Candidato enfermo no gana elecciones”. En ese momento, como el Ave Fénix y dejando a muchos sorprendidos, reaparece bailando y brincando el candidato declarado como “terminal” por algunos sectores.

Una matriz DOFA de diagnóstico señalaba que la percepción generalizada apuntaba a un personaje violento, por lo que, al igual que en el 2007, el amor y el corazón fueron los protagonistas. El “Corazón del Pueblo” acompañó a la efervescencia nacionalista que fue alimentada con el mote de “El Candidato de la Patria”. La utilización de colores alternativos al rojo suavizaban el sectarismo y permitirían el acercamiento a los ninis, remozando la imagen desgastada del candidato de rojo. Un “remake” con estilo del 2007 que ignoró que “una cosa piensa el burro y otro quien lo arrea”. El personaje, tal vez entrampado entre la enfermedad y la ineficiencia que lo rodea, dio rienda suelta a lo mejor de su repertorio y comenzó señalando que quien no estaba con él “no tenía patria”, frase trillada, pero que en estas circunstancias anulaba el posible efecto inclusivo del mensaje de una propaganda bien diseñada. La violencia de su discurso no pudo ser tapada por la indumentaria multicolor que algunas veces parecía estrafalaria, como la chaqueta con bufanda en Bolívar, o la chaqueta de invierno en Apure. En resumen, una acertada estrategia inicial, anulada por el mismo protagonista de la historia.

Ignorar al adversario era parte de lo recomendado, pero adjetivarlo peyorativamente no creo que formara parte del equipo de asesores. Como decir que Capriles era “como la nada” no surtió el efecto, y el “frijolito” estaba quemado, entonces surgió el término “majunche” que no causó mella en el otro candidato, quien siempre ignoró los ataques verbales de su contendor y se deslazaba por todo el país como el reincidente no pudo. Surgen unas declaraciones algo subidas de tono del retador en un contexto sindical y el repitiente sintió que era su oportunidad para atornillarle otra frase de las suyas: “Jalabolas”, expresión que conjugó de forma aislada o con el prefijo de “Majunche jalabolas”. El efecto fue obvio. Demasiado atorrante y distorsionó la dinámica comunicacional, más aún cuando las multitudes lo coreaban, dejando por sentado que el insulto se convertía en el arma de quien en 14 años como candidato había agotado su repertorio de argumentos válidos y apelaba al lamentable terreno de la campaña destructiva. El intento de prohibición del uso de una gorra por parte del candidato originado en el ente rector del proceso electoral solo sirvió para que esta prenda se convirtiera en el ícono de la oposición, del deseo al cambio, de la irreverencia a las instituciones genuflexas, del hastío al ventajismo.

Ya era un hecho que el desplazamiento del candidato Capriles en concentraciones y movilizaciones numerosas inquietaba al reincidente, y eso motivó al equipo a prender el motor izquierdo de un avión que caía “en barrena”. La Guerra Sucia, como algunos la llaman, es una estrategia diseñada para generar matrices de opinión pública que torpedeen la credibilidad y popularidad del adversario. Algunos de sus más conocidos practicantes, como el tristemente recordado Montesinos, apeló al “soborno” en video con muy buenos resultados inmediatos, pero con un destino nada envidiable. Surge entonces el caso “Caldera” donde un diputado, a mi juicio torpe, ingenuo y algo extraviado, cae en la trampa de recibir dinero de un empresario totalmente identificado con el oficialismo y se genera una gran polémica que dura media hora, porque el candidato retador, actuando como un estadista, lo aparta de inmediato de su entorno y asume el rol valiente de enrostrarle a su amigo, que él no acepta actos de dudosa procedencia en su equipo de trabajo. Esto acabó con la historia de una lanza envenenada que se convirtió en boomerang y le demostró al país cómo se debe actuar en casos donde al menos quepa la sombra de la duda en el proceder de un personaje público. El tema en la agenda no era entonces el “soborno”. Pasó a ser la acción decidida, inmediata y transparente de un verdadero líder, hecho que fue ampliamente contrastado con la actitud reiterada de quien ha visto cómo se ha generado una cleptocracia complaciente alrededor de su figura, sin que sus protagonistas puedan, al menos, ser investigados.

Ya el tema de las encuestas que le daban 20 puntos o más al reincidente no eran temas tomados en serio, y todos los venezolanos entendimos que los estudios de opinión pública habían sido desvirtuados y convertidos en simples instrumentos de propaganda política, hechos para todos los gustos. Entonces, surge un panfleto forjado de un supuesto plan de gobierno atribuido a la MUD, pero denunciado por un ex gobernador de reputación demasiado dudosa y por un gris diputado, viuda de las primarias opositoras, quienes emergen en la palestra política como los voceros de esta nueva treta de burdas costuras que no ha calado en ningún sector de la sociedad, por más que hagan del panfleto casi el argumento indispensable del guión del reincidente en sus escuetas giras por las pocas poblaciones que pudo visitar. Este repertorio de pifias eran alternadas por el impelable discurso diluviano para generar miedo con la irresponsable mención de una eventual “guerra civil” si no ganaba las elecciones.

Esta semana es el cierre. Cada vez que el candidato retador encabeza multitudes a su favor, la cadena presidencial de cualquier evento burocrático impone un bloqueo al derecho que tenemos todos los venezolanos de apreciar en vivo la emoción de una campaña constructiva, que ha llevado a todos los rincones del país la esperanza de un proyecto alternativo de inclusión, de paz social y de rescate de la calidad de vida del ciudadano. Anacrónicos personajes con vetustas ideas desconocen que el tapar esas transmisiones genera mayor expectativa en poder apreciarlas a posteriori y refuerzan el rechazo a quien pretende imponer lo que el venezolano debe ver en su televisor.

Cuanto esfuerzo en despropósitos para alguien que después de 14 años manejando un país a su antojo, todavía habla del futuro como si nunca hubiera sido presidente. Cuántos millones de bolívares y cuánto empleo de los recursos del Estado han sido gastados en este intento desesperado por detener la historia de un pueblo que pide a gritos un cambio en su rumbo, que necesita oxigenar su moribunda democracia con el antídoto de la alternabilidad, elemento olvidado del texto constitucional a conveniencia de quienes plantean la perpetuidad de un régimen desgastado y profundamente inefectivo en atender las necesidades de los venezolanos.

Quedan muy pocos días y a pesar de lo que algunos encuestólogos refieren, creo que “las cartas están echadas”. Trabajemos sin prisa y sin pausa en la motivación de nuestros electores y celebremos la fiesta electoral del comienzo de una nueva etapa de nuestra vida republicana.

Amanecerá y veremos…

jueves, 6 de septiembre de 2012

¿Ofensiva Electoral o Campaña Ofensiva? por Gabriel Reyes

Gabriel Reyes

En Twitter: @greyesg

runrun.es

Durante las últimas semanas la dinámica electoral ha sufrido los rigores de tres elementos fundamentales de la Agenda Pública: Los desastres naturales y no naturales, el manejo de las encuestas y el discurso enardecido.

El candidato oficialista ha tratado de capitalizar la tragedia de los desastres en una suerte de oda a su solidaridad y capacidad para gerenciar en momentos de apremio, y a tal efecto sacó al aire una cadena presidencial evidentemente cargada de elementos de propaganda electoral que lo muestran como una suerte de superhombre, un héroe que rescata y consuela a las personas devastadas por las aguas o a las víctimas de la tragedia de Amuay. Sin embargo, esta pieza, más reactiva que otra cosa, busca enmendar el retraso en su respuesta y en el manejo poco acertado de la palabra en algunas frases lamentables como la de “La Función debe continuar” o tratar de consolar a una doliente cantando el coro de “Cielito Lindo”. En un balance objetivo, lo que pudo lograr el candidato oficialista al no escatimar esfuerzo en estar presente en los sitios afectados lo perdió en las apariciones más desubicadas que se le recuerden en 14 años de campaña política.

Ya las encuestas pedieron el efecto de instrumento de propaganda con la que la primera parte de la campaña electoral fue salpicada. Hoy día sabemos que hay encuestas para todos los gustos y la publicación de las mismas cada vez interesa menos al lector y por ende ocupan menos centimetraje en los cintillos y titulares. Pero la opinión pública se sigue consultando de manera seria por quienes valoran la técnica sobre la alharaca y es innegable un avance del candidato Capriles en los estados que concentran mayor población. Esto debe preocupar mucho al candidato Chávez, pero tal vez, la verdadera angustia del reeleccionista es la sensación de no “mover” a las multitudes como en otras oportunidades. Los repetidos llamados a la clase media y a los indecisos revelan la convicción de que no hay masa crítica como antes. La abstención de los suyos lo preocupa demasiado y el fantasma del 2007 merodea el 7O.

Los dos factores anteriores han producido un desgaste importante en el candidato que ha sido asesorado con un corazón como símbolo, quitándole el rojo para proyectarlo menos violento, tratando de suavizar la imagen para desmontar la matriz de tirano que alguien pudo haber construido. Eso era necesario, pero ¡no es suficiente!

El verbo del candidato recrudece el conflicto “Yo con Yo” que muchos analistas señalan como la causa de las derrotas electorales que ha sufrido el presidente, y este enfrentamiento altisonante, a todas luces desproporcionado indica el desespero de quien no encuentra el equilibrio para construir con el discurso y lo utiliza como herramienta de destrucción del adversario al que identifica como enemigo. ¿Dónde quedó el amarillo del suéter, el corazón de la patria, el amor como valor primordial de la campaña?

Este análisis me lleva a asegurar que los últimos 30 días de campaña servirán para contrastar la Ofensiva Electoral de quien sigue recorriendo el territorio nacional llevando un mensaje de esperanza y cambio, ignorando al desesperado adversario que endurecerá su línea desplegando una Campaña Ofensiva que buscará despertar enconadas emociones que conviertan el 7O en una batalla de sentimientos encontrados, y donde tal vez se lleve la sorpresa de que su tropa no irá porque sencillamente tanto odio los saturó y quieren un país diferente para sus hijos.

Amanecerá y veremos…

@greyesg

viernes, 13 de enero de 2012

¡A un mes de las primarias!. Artículo de Gabriel Reyes

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Gabriel Reyes
runrun.es/


Faltando un mes para la celebración de un proceso inédito en nuestra historia republicana son muchos los elementos que deben ser incluidos en un análisis cercano a la realidad del país y a este proceso en particular.

Venezuela, atraviesa una crisis muy particular. Inseguridad, inflación y desempleo, decoradas con el reforzamiento de una estrategia perversa de clientelizar al elector por medio de dádivas en metálico que buscan distorsionar la realidad creando espejismos de liquidez, vendiendo la esperanza de viviendas en maquetas y trabajos en gráficos que ilustran la falta de escrúpulos de una demagogia electorera que pretende hacer lo que no han podido en 13 años.

En este país, donde la necesidad tiene cara de perro, el gobierno apuesta, una vez más, a generar el desestimulo al proceso interno del disenso, con la amenaza de validar quien participe para excluirlo de esta suerte de inmensa piñata donde la bolsita a repartir es cada vez más pequeña, pero que es agradecida y en muchos casos necesitada. Tal vez por eso, la seguridad y certeza con la que el único vocero del “proceso” asegura que “ordenará” que las calles queden solas para “validar el fracaso electoral de la oposición”. Esta estrategia, hábil como mezquina, generará una abstención coyuntural para nada despreciable en los sectores más populares de las principales ciudades del país. Y eso es lo que el oficialismo espera, para que, independientemente del resultado de los comicios primarios, desarrolle toda una campaña de desmotivación y desesperanza que busque el desistimiento a la participación para Octubre.

Ahora bien, el proceso interno del PSUV, con todos los recursos empleados, llamado presidencial, etc., no reunió a tres millones de votantes. Tal fue el fracaso en la convocatoria que nunca se han publicado las cifras de ese evento, tal vez porque sería evidente la baja estima que el venezolano de a pie siente por quienes han insertado al pobre a un gobierno y no a la sociedad.

Por lo antes expuesto, considero que dentro de un mes asistirán alrededor de dos millones y medio de electores, cifra que no resulta generosa, si contamos con la extrapolación de la participación en el proceso electoral parlamentario del 2010. Y de aquí se desprende la variable que, a mi juicio, otorgará la victoria al próximo presidente de todos los venezolanos: La Maquinaria Política.


Todos los estudios de opinión publicados, objetivos algunos, sesgados muchos, parecen indicar que la intención de voto para el 12 de febrero está clara y bien definida. Un candidato, quien siempre estuvo en la punta, sin mayor desgaste, en una campaña inteligente que no demostró sus carencias y maximizó los resultados de su gestión administrativa, representa la primera opción de la mayoría consultada. Henrique Capriles conservará esa primera opción, a menos que algo extraordinario suceda, que hasta ahora no está planteado.

Pero no es la intención de voto la variable que más priva en estos peculiares procesos. El candidato que aparece segundo en todos los estudios y cuyo vertiginoso ascenso ha reducido su marcha en las últimas semanas, Pablo Pérez, tiene la oportunidad por varias vías de hacerse con la victoria, bien sea por la capacidad de las organizaciones que lo apoyan de construir el voto a partir de la movilización efectiva, herramienta donde los adecos y exadecos, adecos todos, tienen un doctorado, o recibiendo el apoyo de otro candidato, que en una buena posición, decida completar la fórmula presidencial ocupando el puesto de segundo a bordo. Ambas posibilidades son reales y con probabilidad mucho mayor que cero, y en estas circunstancias, me atrevo a asegurar que nada está seguro para el 12 de febrero.

Las interesantes propuestas de María Corina Machado y Diego Arria, independientemente de los votos que reciban, no pueden quedar en el tintero. Ambos han planteado fórmulas inteligentes y muy auténticas: Machado invita a salir de la pobreza generando riqueza, y Arria, nos invita a entender que Venezuela vive un Estado de Excepción que requiere un tratamiento especial que permita la reinstalación de la democracia en Venezuela en un gobierno de transición. La MUD, considero, debe incorporar ambos postulados como parte de esa oferta contundente que derrote al oficialismo en el próximo diciembre. Pablo Medina no será un derrotado. Creo que abrirá la puerta a la futura participación de un partido laboralista que permita llevar la voz de los trabajadores. La falta de unidad en este sector y el exiguo apoyo de un sector minoritario de los mismos no ha sido suficiente ni para recaudar los fondos suficientes para una campaña más interesante ni para motivar al trabajador a sentirse representado.

El 12 de Febrero es el Día de la Juventud, y ese día los jóvenes venezolanos tienen el deber de darle un ejemplo a Venezuela y al mundo de su deseo de vivir en libertad, de su necesidad de construir un futuro diferente y de su férrea convicción democrática con una participación masiva y ejemplar. ¡Éste es el reto! ¡Y todos, debemos estar en sintonía con la obligación que tenemos con la historia de nuestro futuro!