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domingo, 16 de septiembre de 2012

Chávez: ¿Cuánto cuesta el fraude?. Artículo de Manuel Malaver @MMalaverM

Manuel Malaver

En Twitter: @MMalaverM

eldiariodecaracas.com

Consultores 21, Varianzas, y a última hora IVAD, traen cifras y pronósticos que confirman que ya hay una tendencia irreversible favorable al triunfo de Henrique Capriles Radonski en las presidenciales del 7 de octubre, y que lo más apropiado a optar para Chávez y sus seguidores, sería trabajar para un segundo lugar honroso en una Venezuela donde hasta ellos encontrarán cobijo para permanecer o retirarse de la política. Un sueño que sucederá a la pesadilla chavista, en la cual, el país fue consciente y criminalmente casi que arrastrado a la guerra civil y solo el talante y la cultura democrática, y sólidamente anclada en la paz y la libertad de los venezolanos, evitó que fuéramos hoy una réplica de Colombia, Siria o Afganistán. No deberíamos, sin embargo, descartar la posibilidad de que el peligro que Jean-Francois Rével llamó en un memorable ensayo “la tentación totalitaria” no esté totalmente cauterizado, y que hoy, cuando el crepúsculo comienza a nublar de sombras la que será la larga noche del chavismo, “gritos y susurros” no estén clamando por tirar la ultima parada “ahora cuando todavía se puede”. Abismo, barranco, despeñadero que a estas alturas solo tiene un nombre, FRAUDE, ya que sería la forma más ascéptica, indetectable, de punta, limpia, incruenta y, por tanto, camuflageable, para quedarse aunque sea un año más en el poder.

Es, también, en la que más ha trabajado y experimentado el chavismo en los últimos años, con un organismo electoral controlado o casi controlado por la llamada “revolución”, con cuatro de sus cinco rectores orgullosos de exhibir su carnet “patria o muerte”, el REP totalmente corrompido y manejado a antojo por comisarios electorales, y un sistema de votación automatizado del cual dicen algunos estadígrafos es “perfecto”, porque no deja huellas ni de “bienhechurías, ni de malhechurías”.

Lo más perverso, sin embargo, vendría por el lado de lo fácil que resultaría al oficialismo, a través del “Plan República”, neutralizar la movilización de los sectores de oposición para garantizar la vigilancia del proceso y del conteo electorales y salir después a emitir cifras y números que solo pueden vomitarse desde la arrogancia y la audacia de quienes no quieren abandonar el poder.

¿Cuál es entonces la ventaja o arma cívica que obliga a la oposición a mantenerse en la batalla, cuáles los cañones que la impulsan a jugárselas todas para que el 7 de octubre emerga el cambio, el vuelco de 180 grados que no es otro que el regreso a Venezuela del estado derecho, la democracia y la libertad?

Pues, simplemente, que ahora si no hay dudas de que la oposición cuenta con el respaldo mayoritario de los electores, que la candidatura de Henrique Capriles Radonski ha desatado un sentimiento y un entusiasmo como pocas veces se había visto en el país, y que su ascenso, que ya supera a Chávez por los menos en 5 puntos, ocurre a una velocidad que hace inevitable que lo aplaste en las urnas por avalancha.

Terremoto más tsunami que ocurre, además, en una circunstancia en que Chávez, y su movimiento político, lucen totalmente desgastados, agotados, cansados, desacreditados, y dando síntomas de una metástasis, o enfermedad terminal, que los coloca frente al dilema de “renovarse o morir”.

La campaña electoral ha sido precisamente el escenario ideal donde el país ha visto a este chavismo de quimio y radio terapia, que clama por un tratamiento con células madres, y solo sostenido en la ilusión de que, un país destruido después de 14 años de socialismo utópico, reeliga al destructor, al autor de tanta maldad, incompetencia y disparates y le de una prórroga de 6 años adicionales para concluir su obra y, presuntamente, vaya al sepulcro con los 30 millones de personas y el millón de kilómetros cuadrados que alguna vez fueron el país que se llamó Venezuela.

Por eso, más allá del fraude y de la vocación y los recursos para hacerlo, no existe una micropartícula de duda de que los electores saldrán esta vez a obligar al gobierno a reconocer su triunfo, a imponerle su victoria y a darle la lección de que, una sociedad que lo ha arriesgado todo por defender sus derechos, no se los dejará arrebatar en el momento decisivo por un movimiento político y su jefe moribundos.

Instantes, de presentarse, quizá de los más dramáticos y graves que ha vivido la República en sus 200 años de historia, pero que, a lo mejor, por eso mismo, convencen a Chávez de la necesidad de entregar el poder, de pasarle la pelota a Henrique Capriles Radonski e irse a las duchas donde, ¡quién sabe si lo espera un equipo maltrecho, pero aguerrido y presto a reponerse para participar en otro campeonato!

De otro lado, Chávez tiene que percibir que ya su empeño por mantenerse 14 años en el poder, le significó a Venezuela y a los venezolanos la pérdida de incalculables recursos comprando apoyos y voluntades de supuestos aliados que no hicieron otra cosa que “vivírselo”, organizando una entente antiimperialista y antinorteamericana como el ALBA que agoniza según han bajado los precios internacionales del petróleo y comprándole chatarra militar a China y a Rusia, o comida que pudo producirse en el país a Colombia, Brasil, Uruguay y Argentina, que son los países que se han favorecido de los precios del último ciclo alcista del crudo, porque, tal como sucedió con la España que descubrió y conquistó América, Chávez utilizó la pasada y milagrosa bonanza para enriquecer a otras economías y arruinar la propia, a la nuestra.

Un tinglado de alianzas, de componendas, complicidades, corruptelas y enroques que será imposible reimplementar ahora que los precios del crudo están congelados o se mueven a la baja y las reservas internacionales, como las disponibilidades en caja, no dan como para que el comandante-presidente se sostenga 6 años más en el poder.

De ahí que: ¿Cuánto costaría ese FRAUDE presidente? ¿Cuánto habría que darle al siempre codicioso “su nuevo mejor amigo” Juan Manuel Santos, a Dilma Rousseff que ve con horror como se le evapora el boom de las importaciones chinas, a Cristina Fernández asfixiada por la quiebra real de la economía argentina y a los chinos y rusos que nos tienen como el basurero de sus armas obsoletas, y a los pedigüeños de siempre, a Mujica, Evo, a Correa, a Ortega y los longevos, pero insaciables hermanos, Fidel y Raúl Castro?

¿Cuánto, cuánto, cuánto?

Porque negar que sus 14 años en la presidencia dejan a Venezuela en ruinas y en trance de ser reconstruida, es una verdad que ya hasta usted mismo admite, y si eso es así, ¿por qué no ponerle un parao al gasto por sus inmensurables delirios de poder, e invertir tamaña riqueza -que iría de nuevo a manos de sanguijuelas extranjeras-, en recuperar el sistema eléctrico, reparar la deteriorada infraestructura vial, combatir la delincuencia y mejorar la seguridad personal, acometer programas para recuperar escuelas, liceos, universidades, hospitales, ambulatorios y darle la mano a tantos venezolanos que necesitan un techo digno donde vivir, trabajar y levantar una familia que continuará su obra y legado?

Y PDVSA, presidente, PDVSA, convertida literalmente en un desecho, ya sin la que fue su principal refinería, importando gas, gasolina y hasta crudo para cumplir sus compromisos internacionales y con las más grandes reservas de crudo de planeta intactas porque no tiene recursos, ni tecnología, ni personal calificado, ni los socios adecuados para explotarlas.

Y tanto como eso, presidente, permita que sea otro venezolano, un hombre joven que no está contaminado por el pasado reciente de odios, venganzas y divisiones, quien abra las cortinas del país para que regresen las inversiones extranjeras, la tecnología de punta, la energía eólica y las fábricas que no solo no contaminan sino que preservan en ambiente, y músicas, y danzas, y cantos y colores que no se perciben porque el polvo del pasado y los anacronismo empañan su brillo.

Por último, ¡váyase presidente!, por unos años, por unas décadas quizá y no es que lo estemos echando porque como venezolano tiene tanto derecho a vivir en esta tierra como nosotros, sino porque, después de tenerlo 14 años metido en nuestros hogares, calles, plazas públicas, escuelas y sitios de culto y oración, es justo que nos permita descansar de usted aunque sea por unos 20 añitos. @MMalaverM

domingo, 15 de julio de 2012

Chávez se pasó a la oposición en Barcelona. Artículo de Manuel Malaver

Noticiero Digital

El discurso de Chávez en la ciudad de Barcelona el jueves pasado (el segundo que pronunciaba después de 15 días de iniciada la campaña electoral) fue memorable por varias razones, si bien por motivos de espacio y tiempo, solo me reduciré a una, que, en muchos sentidos, resume a todas las demás:

Empezaré diciendo que fue la primera vez en mucho tiempo que los asistentes a un mitin del comandante-presidente estuvieron más pendientes de sus palabras que de su aspecto físico que, ya sabemos, es el de un enfermo alterado por los tratamientos anticancerígenos y de esteroides que ya le dejan escasas semejanzas con el original.

En cuanto a las palabras, hubo sorpresas, muchísimas sorpresas, la más impensable de las cuales fue cuando Chávez se presentó ante los no muy numerosos chavistas que lo seguían, como un furioso, encendido y frenético candidato opositor (no lo duden, dije bien: “candidato opositor”).

Y no llegaría a la exageración de decir que se ha convertido en un clon (vuelvo a aclarar: dije “clon”, no clown) de Capriles, o que está copiando su mensaje letra por letra, pero si Chávez inicia su discurso del jueves en la tarde en Barcelona con un: “Les transmito desde mi corazón un intenso y profundo saludo de amor” ¿cómo se llama eso?

Pues yo afirmaría que “caprilismo en estado puro”, ya que fue el candidato de la unidad opositora quien escogió, desde mucho antes del inicio de la campaña, hablarle a los electores “desde el corazón” y para invitarlos “al amor”, pero sin el olvidar que una invocación “al corazón” y “al amor”, no pueden conducir sino a la reconciliación, a la unidad y la paz entre todos los venezolanos.

Chávez, por el contrario, y a diferencia de otros procesos electorales, decidió desenterrar el hacha de la guerra, terciarse el fusil, ponerse la pistola al cinto, y como en cualquier época no electoral, no se cansó de hablar de violencia, muerte, odio, sangre, división y amenazas de que si ganaba, pues a la oposición no le quedaría otro remedio que agarrar sus cachachás y mudarse de país.

Yo diría que el epítome de este aquelarre fue aquella frase pronunciada en el teatro de la Academia Militar o en el Patio de Honor de Fuerte Tiuna, y ante un numeroso grupo de oficiales, donde dijo que “quien no era chavista, no era venezolano”.

Pero todo esto en recintos cerrados, o en estudios de televisión donde simulaban que acababan de bajarlo de la cama, o lo habían traído en silla de ruedas, o de videos editados con huellas de que usaban tomas de otras épocas, y que dejaban claro a quien quisiese verlos u oírlos, que el autor de las amenazas, el hombre que se disponía a emprender la guerra o dirigir las batallas, era un capitán maltrecho, sin ánimo si quisiera de sostener una espada, o de empuñar una daga, que más debía estar pensando en su epitafio, que en redactar proclamas de victoria.

Y pienso yo que sería por eso, por lo que, el electorado, comenzó a tener un solo candidato, a Henrique Capriles Radonski, a el hombre que estaba en la calle, los visitaba casa por casa, les oía sus necesidades, las anotaba, se comprometía, los invitaba a sus marchas y recorridos, y sobre todo, les hablaba de paz, amor, reconciliación, unidad y fraternidad entre todos los venezolanos.

Que Chávez está acusando el golpe, y que el golpe no puede venir sino de las encuestas que dicen que “Capriles sube, y Chávez baja”, lo vimos por primera vez en el mitin de Barcelona en la tarde del jueves pasado, donde no solo se convirtió en clon de Capriles, sino que se pasó a la oposición.

“Viniendo para acá” dijo “me fijé en las calles de Barcelona, y qué feas, y qué sucias, y qué llenas de huecos están las calles de Barcelona. Y dónde está la alcaldesa de Barcelona que dice que es revolucionaria, y el gobernador, Tareck Williams Saab, porque no son solo las calles de Barcelona, sino los apagones. Esta es la ciudad con más apagones en todo el territorio nacional. Y que me perdonen la alcaldesa y el gobernador, pero yo soy el funcionario que más protesta por las fallas del gobierno, y porque no le cumplimos al pueblo”.

Parece que tanto el gobernador, como la alcaldesa, habían escapado de la tarima antes de que Chávez los acusara, pero de haberse quedado, Tareck Williams Saab, pudo muy bien alegarle que la responsabilidad de que haya luz u oscuridad en el país recae en el gobierno central, y especialmente en su jefe, Hugo Chávez, quien pasó 14 años olvidado de las inversiones por 20 millones de dólares que debían hacerse en el sistema eléctrico no más iniciado su mandato, mientras arreglaba los problemas eléctricos de Cuba, Nicaragua, Ecuador y Bolivia.

Aún más, quizá fue, Tareck Williams Saab, el único gobernador que protestó cuando percibió que a Anzoátegui, y a su gente, se les castigaba con un racionamiento de luz brutal para que no faltara electricidad en Caracas, y que recuerde, lo dijo por todo el cañón y sin pelos en la lengua.

Y pregunto si no será por esa sinceridad por la que Chávez condenó a Tareck a una muerte política en vida, forzándolo a que renuncie a su reelección el próximo año y se la ceda a un nuevo valido del comandante-presidente que podría ser Mauricio Pèrez Abad, o Yelitza Santaella.

Hipótesis que está sujeta a comprobación cuando Chávez visite al Estado Bolívar (si es que lo visita) en las próximas semanas o meses, pues ahí si podemos hablar de una región del país sometida a una siniestra razzia apocalíptica, pues ni empresas del Estado, ni seguridad, ni luz, ni abastecimiento, ni agua, ni limpieza, ni servicios, ni educación, ni salud, puede decirse que quedan del polo que antes se tomaba como emblema del desarrollo y el progreso del país.

¿Y culpable segundo y principal después de Chávez? Pues su compinche y compadre, el general, Francisco Rangel Gómez, quien si bien no ha compartido en muchos aspectos la destrucción de Guayana, ha apoyado todas las políticas destructoras y cuidando de no mal ponerse con su compadre.

De modo que, calles en peor estado que las de Barcelona, y apagones de más del doble, y escasez de agua, y basura, y secuestros, y sicariato, y narcotráfico, y contaminación, eso y mucho más se encontrará Chávez en Puerto Ordaz, pero cuidando no referirse a ellas, y muchos menos atribuírselas al procónsul o nuevo virrey, Rangel Gómez.

Y ello por una razón muy sencilla: Rangel Gómez es general y del Ejército, individuos que conjuntamente con los llamados “boliburgueses”, constituyen una suerte de casta revolucionaria o burguesía roja, detentadora de un poder descomunal, omnímodo e irrefragable antes cuyas apetencias se mueve con cuidado hasta el mismo Chávez.

Sobre todo en estos meses crepusculares cuando Henrique Capriles Radonski se ha adueñado del corazón, de las calles y de la mayoría de los votos de los venezolanos y contrarrestar tal avalancha simulando que se tiene el respaldo de los militares, no es solo indicado, sino urgente.

De ahí que la campaña electoral de Chávez (si es que hace tal cosa), ha tenido como principal escenario y target a los cuarteles y los militares, pues aunque es dudoso que se las jueguen por un jefe cuya expectativa de vida política y personal luce muy corta, las armas son las armas y siempre sirven para asustar o intimidar.

Pero también para negociar, para decir: “Ok, fui derrotado, entrego y me voy, pero con condiciones: quiero que se respeten estos contratos concedidos a mi padre Fidel, que Venezuela sea el primer país en ofrecerle cobijo si él y su hermano , Raùl, son derrocados en Cuba, y que sus restos descansen al lado de los míos si es que alguna vez llegara a morir. También quiero que nuestro epitafio tenga apenas 3 palabras: “Vencidos al fin”.

domingo, 8 de julio de 2012

Cartas para Capriles. Artículo de Manuel Malaver

Fue en una visita a Mérida a mediados de semana cuando Henrique Capriles tuvo una de las mejores ideas que le oí a cualquier candidato presidencial en la ya larga historia electoral del país:

noticierodigital.com

“Yo les voy a pedir” dijo Capriles ante una multitud electrizada que lo oía en la Ciudad de los Caballeros “ yo les voy a pedir que antes de irme me escriban una carta con un listado de las promesas incumplidas que les ha hecho Chávez a los merideños en sus 13 años de gobierno, carta que también la voy a pedir en todos los pueblos que recorra de ahora en adelante como un recordatorio del fracaso chavista, pero también de las obras que debo emprender para que Venezuela recupere la fe y la confianza en sus gobernantes, y la seguridad de que pronto tendrá paz, bienestar y prosperidad”

Por supuesto que no sabemos si los merideños escribieron la carta, y tampoco si Capriles la ha pedido y recibido en la veintena de ciudades y pueblos que recorrió desde entonces, pero lo que si aseguramos es que si tal exigencia trató de hacerse realidad, no colecciones, sino bibliotecas enteras se habrían escriturado para dejar constancia de las engañifas por las que Chávez ha pasado a la historia como un demagogo para el cual mentir, engañar y estafar es una diversión.

Una apoteosis, en definitiva, al cinismo, a la hipocresía y la irresponsabilidad que no ha dejado fuera a un solo venezolano que no se haya sentido en un circo, donde un mago de pacotilla, les ha prometido, desde hacer de Venezuela una gran potencia, hasta lograr la soberanía alimentaria, pasando por hacernos menos dependientes del petróleo.

Trece años después, sin embargo, somos monoproductores y monoexportadores, solo producimos un producto, el petróleo y lo exportamos a un solo país: los Estados Unidos de Norteamérica que es el único que lo paga.

Pero no antes de que míster Bocón haya pasado horas, días enteros, despotricando de los gringos, llamando a los pueblos del mundo a destruirlos, a organizar ejércitos para marchar contra Washington, retando a sus presidentes a mortal combate y proclamándose el jefe de una cruzada que pulverizaría al capitalismo y al imperialismo.

Mientras tanto, flotas de tanqueros salen diariamente de puertos venezolanos con 1 millón, 500 mil barriles de crudo liviano, semipesado y pesado a las refinerías del Golfo de México, en las cuales son refinados y convertidos en el combustible que nutre los portaviones, los aviones, los buques, las tropas, los cuerpos especiales con los que los “malditos imperialistas yanquis conquistan al mundo”.

A los ejércitos que pusieron fin a la tiranía de 23 años del “hermano” Saddam, que dieron cuenta de la teocracia criminal de los talibanes en Afganistán, que mandaron al otro mundo al terrorista Osama Bin Laden, que barrieron con otro matón, Muamar Gaddafi y tienen en la vista a otro asesino en serie, Bashard Al Asad.

A quien Chávez, por cierto, también le manda combustible, pero para que asesine patriotas y demócratas sirios, y de gratiñán, porque si se trata de abastecer de combustible a un ejército que lucha por la libertad y la democracia, como el de Barack Obama, hay que cobrárselo, pero si el cliente es uno de los peores asesinos que conoce la historia, no hay que vendérselo, hay regalárselo.

Y, pienso yo, si no llegará un momento en que Capriles, o cualquier otro líder democrático, exija cuentas de estas fechorías y le pida a los pueblos libio, irakí, afgano, sirio, la lista, no de las promesas incumplidas de Chávez, sino de sus ciudadanos muertos por la irresponsabilidad de este socialista del siglo XXI que nunca entendió que pretender liberar clases y países sin ética, es como tratar de ganarse el cielo sin santidad.

Pero me fui al exterior y no insistí en que Capriles les pida lista a los pueblos que visita con las promesas incumplidas de Chávez, que les pregunte si se acuerdan, por ejemplo, de aquel Eje Orinoco-Apure, que fue la primera promesa estrella de su gobierno, que decía traía en los morrales de su revolución mucho antes de ser electo presidente, y trababa de unir las cuencas de dos de los más importantes ríos del sur del país, para que el territorio de los estados que recorren, pasara a ser un emporio de riqueza agrícola, ganadera, industrial y minera.

Veo al Chávez de aquellos días, con 13 años y 20 kilos menos, rodeado de mapas, gráficos, cartapacios, pantallas gigantes de televisión, mientras el ya infaltable ministro Giordani, José Vicente Rangel, el canciller, y generales, y empresarios, y ganaderos y productores agrícolas sonreían arrobados.

Días de “tráigame otro cafecito Martín, y del “que tiene ojos que vea”, y se acuerda general de aquella tarde en que piché aquel juego de sotfbol en el estadio de la Academia y le metí los 9 ceros al equipo del cual usted era manager, cuarto bate y novio de la madrina, y una noche…” y por ahí se iba para dejarnos las primeras muestras del decir para no decir nada, del prometer sin comprometer, y promover emociones y expectativas que, como quedaban en el aire, era fácil que también se las llevara el olvido.

Ni un solo niño en la calle más, y esos aviones de PDVSA hay que venderlos y ya, y que hago yo viviendo en este caserón y en este lujo y quien dijo que los presidentes necesitan mansiones como la Casona, todo, todo eso será entregado al pueblo para que se hagan escuelas, universidades, todo debe ser regresado al pueblo, que es su dueño.

Y en cuanto a mí, me iré a vivir a un apartamentico en un barrio de Caracas que es donde siempre he vivido, ¿verdad Juan Barreto?” Y así empezó el gobierno de Chávez y así termina, con promesas que nunca pasaron del momento que en que se pronunciaron porque jamás fueron pensadas, habladas, estudiadas y planificadas.

Como aquel proyecto por el que haría al Guaire un río navegable y en que él y sus ministros e invitados extranjeros surcarían sus aguas en lujosos yates del estado donde se harían conferencias, y banquetes y conciertos de música que darían al mundo una idea del país que al fin se había encontrado con un segundo libertador que lo colocaría en el primer mundo.

En realidad quien se había encontrado a Venezuela era Chávez, se la había encontrado como un juguete y con su imaginación desbordada e irresponsable, y durante 13 años, se dedicó a jugar con él.

domingo, 1 de julio de 2012

Embargo a Globovisión=Capriles presidente. Artículo de Manuel Malaver

Manuel Malaver

noticierodigital.com

Están asustados Chávez y los chavistas, el PSUV y el gobierno, los cubanos y el Comando de Campaña que llaman “Batalla de Carabobo”.

Diría que, aún más: están aterrorizados. Una razón fundamental, es que el candidato presidencial se les puede quedar en el camino; y otra, que si insiste en hacer lo que no puede, ni debe, será aplastantemente derrotado por Henrique Capriles Radonski en las elecciones presidenciales del 7 de octubre próximo.

Por eso, están como el perdido que por miedo a la oscuridad se pone a silbar de puros nervios, dándose ánimos ante una fatalidad que el país percibe se desencadena de una manera rápida e implacable.

Inventan estocadas, como la del embargo a los bienes de Globovisión que el jueves pasado acordó el TSJ, pero de una forma tan torpe e improvisada, que lejos de amedrentar al canal de la Alta Florida, lo repotenció quintuplicándole la teleaudiencia y dejándolo con más punch y credibilidad que nunca.

A su lado, se reducen y casi se evaporan los medios oficiales, los que, presuntamente, venían a hacer realidad la política de “hegemonía comunicacional” y lo que hacen es envilecer la palabra y la imagen, mientras dejan filtrar (ahora sí) el mensaje subliminal de que: “Hay un camino”.

Pero hay que seguir inventando, mintiendo, traficando, como es el remache que se hace un día sí, y otro también, con las llamadas “encuestas puyadas”, unos adefesios pagados por las partidas secretas de Miraflores, y el ministerio del Interior y Justicia, donde se dice que Chávez gana con 15, 20, 25 y hasta 30 puntos.

O sea que, una grosera e inmerecida ofensa al intragable doctor Joseph Goebbels (el que inventó aquello de que “una mentira dicha mil veces se convierte en verdad”), pero manejando falsedades mucho más burdas, grotescas e infames.

Pero cuando, a la desverguenza de mentir se une el dinero, se pueden hacer milagros y las “encuestas puyadas” no solo existen y actúan, sino que, cómo las crías de las ratas de albañal, se multiplican a una velocidad asombrosa.

El candidato de la oposición, por el contrario, Henrique Capriles Radonski, dice que, ni manda a hacer, ni paga encuestas, y, creo que si lo apuran mucho, hasta podría decir que “no cree en ellas”.

Es decir, afirma que las toma como lo que son, una fotografía que congela un segundo de la realidad electoral, que a lo sumo refleja una tendencia tan o menos credible según se acercan o alejan del minuto final.

Recientemente dijo (más o menos) esta frase que me impactó: “Los chavistas dicen que ganan las elecciones en las encuestas, mientras yo las gano en la calle”.

Y no es un decir, pues mientras los sanedrines y conciliábulos chavistas mandaban cartapacios con sus números a imprentas que no paraban de trabajar, Capriles reunía un millón de manifestantes en Caracas, y viajaba por Maturín, Ciudad Guayana, Puerto La Cruz, Mérida, Maracaibo, San Cristóbal, Calabozo, Barquisimeto, Barinas, y otras capitales donde se le unían tantos, o más seguidores.

En el corazón de un barrio de la región centrooccidental del país una señora lo abrazó y le dijo una frase que pasó ser uno de sus slogans de campaña: “Este flaquito va ser presidente”; en cambio que los mensajes, frases, y etiquetas de la campaña de Chávez vienen de los años 60 y de La Habana, de donde solo salen luego de ser revisados por dos ancianos que cuando oyen la palabra “elecciones”, echan la mano a sus revólveres: Raúl y Fidel Castro.

Son antiguallas que ignoran, por ejemplo, el horror de la violencia carcelaria, cuya cobertura durante la crisis de la cárcel de El Rodeo, le generó el embargo a Globovisión, el único canal de televisión realmente independiente del país y que, por un empeño tan peregrino, como irracional, le valió una acusación “por instigación a delinquir y promover la violencia”.

Anjá, muy interesante, el gobierno abandona las cárceles y permite que la delincuencia organizada las penetre y controle, los recintos son surtidos de armas de todo tipo y de drogas, y de oro y de otros bienes producto de sus fechorías, los presos se amotinan en protesta contra un estado fallido que lo has dejado de la mano de Dios, el único canal de noticias independiente hace su trabajo, y son los responsables de la violencia, del abandono, del amotinamiento, y de que 5 oficiales de la GNB hayan sido asesinados, pero sin que se conociera nunca cómo, por qué y quiénes fueron sus asesinos.

¿Y el ministro del Interior y Justicia, Tareck El Aissami, responsable del buen funcionamiento de las cárceles del país; y la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, que debe velar porque los presos sean juzgados garantizándoles un irrestricto respeto al debido proceso, y la Defensora del Pueblo, María Gabriela Ramìrez y la recién nombrada ministra de Asuntos Penitenciarios, Iris Varela y el presidente de la República, Hugo Chávez?

Pues muy bien, gracias, todos viendo a distancia la crisis penitenciara, pero, eso sí, preparados para cerrar a Globovisiòn porque es responsable de los terribles sucesos donde se derramó sangre inocente venezolana, mientras los altos funcionarios de la administración, solo estaban pendientes de que Chávez gane las elecciones, bien participando directamente en la campaña, o barriéndole los obstáculos.

Es una situación absolutamente sui géneris y sin precedentes en América latina y en el mundo, ya que el gobierno permite que los problemas surjan, crezcan, fluyan, se agudicen, hagan metástasis, pero luego, al aproximarse las elecciones, se acuerdan de que están ahí, y se pueden improvisar algunas soluciones para conseguir votos.

En otras palabras, que los problemas y las personas a las cuales afectan solo están, solo existen, si son propicios para utilizarse en la pesca de votos para el candidato oficial.

Un ejemplo cabal de ello, podría ser el déficit habitacional que ha sido fijado, conservadoramente, en 4 millones de viviendas, pero que Chávez dejó correr y aumentar, desde los 2 millones en que lo encontró en 1998, hasta la vaguada de noviembre del 2010, cuando él, o sus asesores, se dieron cuenta que podía ser una carencia, que bien manejada, podía convertirse en una mina de sufragios,

Ha sido uno de sus caballos de batalla de la campaña electoral, creó una misión, la “Gran Misión Vivienda” para solucionarlo, se encontró que las grandes compañías constructoras privadas habían sido quebradas por capitalistas, explotadoras y sanguijuelas, por lo que entonces, la mayoría de los contratos los puso en manos de iraníes, rusos, bielorrusos y chinos que tienen déficits de vivienda que decuplican los venezolanos.

Pero que al fin no pudieron hacer nada porque se encontraron con la sorpresa, de que en Venezuela, el déficit habitacional es precedido por el déficit en los materiales de construcción que han desaparecido, según han colapsado las empresas públicas que producían hierro y aluminio.

Pero es que tampoco había cemento, porque hace año y medio, Chávez, estatizó la primera cementera nacional, porque y que era de unos capitalistas mexicanos y desde entonces el indispensable elemento para la construcción de paredes y pisos, se ha vuelto tan escaso como el titanio.

Lo que si hubo, hay y habrá es plata, dinero, petrodólares y los constructores iraníes, chinos, rusos y bielorrusos se van con una buena provisión de ellos, pues las pocas casas que construyeron fue a través de intermediarios que, por venezolanos, recibieron paga de esclavos.

Pero nada que perturbe a los cazadores de votos encabezados por Chávez, los cuales piensan, que se pueden ganar unas elecciones sin darle casa, salud, educación y seguridad a nadie…y que lo que no se puede hacer es ganárselas a Capriles, y mucho menos a Globovisiòn.

domingo, 15 de abril de 2012

Chávez: candidato hasta que el cuerpo aguante. Artículo de Manuel Malaver




Manuel Malaver
noticierodigital.com


Descubro una relación genésica entre la decisión del Comité Central del Partido Comunista de Corea del Norte de nombrar al recién fallecido, King Jong-ill, como “Secretario General eterno del partido”, y el anuncio del Jefe del Comando de Campaña del PSUV, Jorge Rodríguez, de que Chávez “es nuestro candidato presidencial”.

No dijo, es cierto, “nuestro candidato eterno”, pero es como si lo hubiera dicho, pues dadas las precarias condiciones de salud de Chávez, lo menos que se esperaba era que condicionara su postulación con un “si” que todo el país entendería y asumiría.

Olvido que me coloca tras la sospecha de que quizá, advenidos a lo peor, al deceso del presidente, es posible que algunos de sus seguidores se planteen que el teniente coronel sea el primer candidato presidencial postmorten de la historia.

No creo, sin embargo, que tal exabrupto haya rozado la mente ni siquiera de sus más recalcitrantes y fanáticos seguidores, pero como hasta ahora Chávez les ha prohibido hablar, no ya de su muerte, sino de su enfermedad ¿qué tal si un día se encuentran frente al hecho de que ya no está en este mundo y hay que buscarle un sustituto?

Pero ¿cómo si el jefe máximo y conductor supremo, si el líder y comandante-presidente jamás habló, ni permitió hablar de tal cosa, cómo si nunca dijo: “Hey, tú Diosdado, o Nicolás o Adán pueden entrar a relevarme, pues Dios, Nuestro Señor, acaba de acercarse al montículo a pedirme la pelota”, cómo si siempre creyó que era el dueño del equipo, pitcher, cuarto bate y novio de la madrina?

Destaco con esto, claro está, uno de las peores equívocos en que suele caer el mesianismo, el caudillismo y el totalitarismo, aquel, según el cual, los comandantes en jefe no están sujetos a los accidentes de la vida, a las fatalidades del destino que pueden enfermarlos o proporcionarles imprevistos que los saquen de juego, sin preocuparse, en consecuencia, de normar, y mucho menos de desatar los nudos, que garanticen una transición pausada y pacífica de los procesos.

No…más bien pareciera que está en la naturaleza de estos hombres fuertes y violentos, redentores y salvadores de la humanidad, no sólo sembrar el caos mientras viven y gobiernan, sino después de muertos e independientemente de que proyecten un recuerdo leve o intenso de su paso por la historia y el mundo.

Y es que, resulta sencillamente aterrador imaginarse a Diosdado Cabello, Nicolás Maduro, Jorge Rodríguez, Aristóbulo Istúriz, Iris Varela, Freddy Bernal, Henry Rangel Silva, José Vicente Rangel, Jorge García Carneiro, María Cristina Iglesias, Tareck El Aissami, Roy Chaderton y Ana Elisa Osorio sin Chávez, sin el soplo que les insufló vida política, les dio algún sentido a sus vidas, y sin el cual, es posible que también lleguen a sentirse muertos y en los reinos de ultratumba.

O, por lo menos, haciendo parte de una comunidad extraterrenal, pero con una misión en el mundo de los vivos, y que no es otra que guardar, cuidar y preservar el legado del verdadero difunto.

Pero no desde una religión, secta o cofradía, sino desde los mismos poderes del estado, que les suministraría los recursos, tanto para mantener viva la llama del recuerdo del desaparecido, como para ellos aspirar a una suerte de sucesión dinástica.

O sea, que ya estamos frente al abominable culto a la personalidad que se instauró en la Rusia Soviética desde los tempranos tiempos de Lenin, se continuó con Stalin, y trató de decirle al mundo que la revolución comunista, materialista, marxista y atea no había triunfado por el genio de dos políticos, sino por el poder sobrenatural de dos santones.

Con decirles que hasta se estrenó la momificación de los líderes fallecidos, el intento de perennidad de su presencia inerte, fría, inmóvil, pero que, en todo caso, estaba ahí, en una suerte de mausoleo que era como un templo, y quizá exhalando el mensaje simbológico pero contundente de: “!Cuidado con lo que hacen, porque todavía estoy aquí y puedo despertar en cualquier momento!”.

Pero sin duda que lo más significativo en torno a estos eventos, era que los muertos se convertían en instrumentos de los vivos que los sucedían, ya que, presentándose como los “sumos sacerdotes” de un sistema carismático y sobrenatural, eran muy pocos los “demasiado humanos” que se atrevían a desafiarlos.

Experiencia tan eficaz que no tardó en ser imitada en China por Mao y sus generales, por los hijos y nietos de Kim IlSung en Corea del Norte, y ha encontrado alguna expresión, no tan repelente pero si visible, en la forma como “el pueblo cubano” ha terminado idolatrando al siempre en trance de morir expresidente, Fidel Castro.

La gran pregunta es: ¿cómo y cuáles serán las manifestaciones de ese culto a la personalidad, o a los muertos, en Venezuela y qué espera al país ante un nueva religión que ni siquiera estaría matizada por el ateísmo marxista sino reforzada con la carga que el etnocentrismo de todos los géneros aportará en una revolución que se enorgullece de ser cristiana y santera, católica y creyente en los espíritus de la sabana?

No me atrevo a pensarlo, pero ojalá termine prevaleciendo la opinión de los dirigentes sensatos que aún quedan en el chavismo, y no se imponga la tendencia que él mismo Chávez promueve, y de la cual parece máximo exponente, Jorge Rodríguez, “del Chávez presidente y candidato eternos”, momificado, con un templo o mausoleo al lado del que se le construye al Libertador, Simón Bolívar, obligando a quienes se dirigen a rendir justo tributo al Padre Fundador, a echarle, aunque sea una miradita, al también llamado “Centauro de Sabaneta”.

Agravio que no merece el Libertador de cinco naciones, y mucho menos los pueblos que fundó para que fueran libres y escaparan al sojuzgamiento de las supersticiones de todos los géneros.

En este caso, referida a la pretensión de un soldado sin gloria a perpetuarse en la eternidad, a sus seguidores a usarlo para engañar a un país con mitos que no existen, y tratar de prolongar por unos meses, o años, una de las experiencias más trágicas de la historia venezolana de todas edades.

Por tanto, tal reza el Evangelio: “Dejad que los muertos entierren a sus muertos”, dejad que sea la imparcialidad y objetividad de las generaciones que pasan los que fijen en sus justos términos el balance de 13 años de gobierno chavista, y no se le ponga una camisa de fuerza a la historia para que alimente mentiras forjadas por la egolatría de un caudillo muerto y las ambiciones de mando de los vivos que aspiran a sucederlo.

Ya se sabe qué sucede con los “superhéroes momificados”, qué con sus intentos de modificar o maquillar la realidad, de falsear o inventar hechos… todos, absolutamente, desalojados o abominados en sus templos o mausoleos, todos descubiertos y puestos en evidencias como monstruosas mentiras que solo merecen ser abandonados como deshechos biodegradables en los basureros.

Por eso, de suceder lo peor con el comandante-presidente (que no es lo que deseo) no espero sino que se le dé cristiana sepultura, se le despida con los honores civiles y militares que le corresponden, y se le recuerde como lo que siempre fue: un simple mortal.

domingo, 19 de febrero de 2012

La marcha de la oposición hacia la victoria del 7 de octubre. Artículo de Manuel Malaver

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Manuel Malaver
noticierodigital.com/

Conviene recordar que antes del 12 de febrero la oposición democrática venezolana derrotó a Chávez en las elecciones parlamentarias del 26 de septiembre del año pasado (52 por ciento contra 49), que en diciembre del 2008 desalojó de 6 de las más importantes gobernaciones del país y de la Alcaldía Metropolitana de Caracas a funcionarios chavistas y “rojos rojitos” y que en diciembre del 2007 aplastó con más de 5 millones de votos una reforma constitucional con la cual Chávez se proponía legalizar el sistema comunista y autoelegirse dictador de por vida.

Y no es que después no inventara otra consulta sobre la reforma que supuestamente ganó y que cada 2 por 3 no se haga aprobar unas “leyes habilitantes” con las que anula las facultades legislativas de la Asamblea Nacional, sino que todas estas marramucias ex post no hacen sino corroborar su talante autoritario y sin empacho para pisotear decisiones electorales que no le convienen.

En otras palabras: que la jornada histórica de hace una semana no es en absoluto un golpe de suerte, ni una de esas partidas que se ganan más por sorpresas del destino que por la destreza de los jugadores, sino una consecuencia lógica de la guerra política que desde hace 13 años asumió una mayoría de venezolanos para desalojar a Chávez y a su proyecto de la política venezolana.

Es, si la evaluamos en número y calidad, otra etapa de una marcha en ascenso, de una espiral que por momentos pareciera experimentar retrocesos, pero sin perder el hilo, la lógica que condena al déspota histrión a recoger sus cachachás e irse con sus micrófonos, cámaras de televisión, tarantines y locales cerrados donde transmite mitines de una sola toma con duración de tres, seis, 7 y hasta 9 horas… a otra parte.

Ya, por lo menos, tiene fecha de salida y con boleto de no retorno: 7 de octubre del 2012, cuando de manera fatal e inescapable más de 6 millones y medio de electores venezolanos lo derrotarán aplastantemente en las urnas, y lo obligarán por las buenas o por las malas, pero siempre por la vía democrática, a tomar un avión, un autobús, una carreta, un peñero, una balsa, o cualquier otro medio de transporte, para que se marche al país que se arriesgue, una vez derrotado, a soportarlo en su territorio.

Cuando doy la cifra aproximada del número de votos que reunirá la oposición para derrotar a Chávez, no estoy haciendo política de ciencia ficción, ni consultando encuestas “a la venezolana de si pero no”, ni mucho menos inflamado por la fiebre de optimismo que siempre cocina el próximo fracaso de los triunfadores, sino porque, si a los 3 millones de votantes que se presentaron casi espontáneamente a las primarias a elegir el candidato único de la oposición para las presidenciales de octubre, unimos los 4 millones, 500 mil sufragios que se han dado en llamar “el piso histórico electoral” de la oposición, entonces, no hay dudas que el 7 nos acercaremos o pasaremos el número mágico de 7 millones de votos que se requieren para que Chávez pase ha convertirse en una interjección de horror de la política y la historia nacional .

Y pienso yo que debe ser por esta cuenta, por estos números, por los que Chávez, después que despertó del K.O que recibió la noche del domingo una vez conocido el primer boletín de la MUD, desde el miércoles en la mañana cuando hizo su primera aparición aceptando la verdad, ha elevado sus niveles de energumenización hasta el límite de aquellos “Cuentos de la Cripta” que trasmitió la televisión norteamericana en los 90 siguiendo el comics de William Maxwell Gaines, expeliendo los insultos y groserías de siempre, pero ahora dotándolas del terror que imagina necesita para que la oposición se aturrulle y no salga más a votar.

Intento perdido, porque la oposición lleva 13 años detectándolo, examinándolo y diagnosticándolo en estas alharacas, que una vez no atendidas, no son sino el preludio del alud de votos que después lo manda a desaparecer por días para luego reaparecer con nuevos terrores, nuevos chantajes y nuevos miedos.

Con los que también busca ahora aterrorizar a los suyos, que, ya se sabe, se hicieron sentir en las primarias, y que, sin duda alguna, en una proporción que algunos fijan en 28 y otros en un 35 por ciento, se sumarán al casi 60 por ciento opositor que el 7 de octubre le aplicará el default de su vida.

De ahí la maniobrilla de los amanuenses del TSJ con la decisión írrita e inejecutable de comienzos de semana que se propuso violar “el secreto del voto”, y todo para empezar a amenazar a los empleados de la administración pública o de las empresas relacionadas con el gobierno con que si votan contra Chávez el 7 de octubre… perderán su sueldo y sustento.

O sea que, el escape típico de un fascista asustadizo, de un fuera de ley desintegrado, que incapaz de recurrir a la fuerza porque ni los soldados ni los oficiales de la FAN lo obedecerían, y ni aun los militantes y dirigentes del PSUV que en su mayoría tratan de salir del túnel en que los zumbó, tiene que usar y abusar de los medios de comunicación estadales para convertirlos en herramientas de intimidación y terror.

Pero alharacas que deben en todo caso tomarse en serio y ser anotadas por los líderes y dirigentes de la oposición, preparándose para que piezas robotizadas y descontroladas de los cubiles de los poderes públicos, como pueden ser algunos magistrados del TSJ, rectores del CNE y mandamases de la Fiscalía General de la República, de la Contraloría y de la Procuraduría, anden todavía sueltas por ahí y dispuestas a complacer hasta el hartazgo al émulo de los tiranos del siglo XIX en la comisión de una última tropelía que le permita proclamar después que “no se entregó sin pelear”.

Por tanto, por más que estos gritos y estas gesticulaciones no puedan ser otras cosa que el pataleo postrero de un náufrago perdido, no puede tomarlos la oposición para el anecdotario, sino como datos que deben obligarla a afinar la estrategia para que Chávez, no solo sea contundentemente derrotado el 7 de octubre, sino también para que no recurra a añagazas y triquiñuelas que le permitan darles largas, escamotear o adulterar lo que será un mandato claro, explícito y constitucional.

De modo que, alertas con fraudes, manipulaciones del REP, jugarretas en la trasmisión de la data, y utilización de funcionarios deshonestos que salgan a desmentir y contradecir lo que, sin duda, será una decisión sin más allá del electorado venezolano: Chávez es el perdedor de las elecciones del próximo 7 de octubre y debe entregar el poder al ganador: Henrique Capriles Radonski.

Igualmente, tiene que aceptar una trasmisión de mando pacífica en la cual el interés fundamental de los venezolanos, que es por la paz y la recuperación de la libertad y la democracia, esté por encima de los lloriqueos y bravatas del primero y último de los dictadores del siglo XXI.


lunes, 16 de enero de 2012

Por qué Chávez odia a las primarias. Artículo de Manuel Malaver

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No pasa un día sin que chavistas del más alto nivel, “revolucionarios” del tipo Diosdado Cabello, Arístóbulo Istúriz o Cilia Flores declaren que las primarias no llegarán a la fecha de su convocatoria, que ya puede dárselas por fracasadas, y que más le hubiera valido a la oposición escoger su candidato “a dedo” por disposición de la MUD, o cualquier otro organismo elitesco opositor, si era que quería participar en las elecciones de octubre y no en un acto fallido que quien sabe a qué atajo podría conducirla.

Manuel Malaver
noticierodigital.com/

Siguen, por supuesto, la guía y conducción del “Comandante en Jefe” de la manada, el teniente coronel y presidente de la República, Hugo Chávez, quien, unas veces desde su lecho de enfermo, y otras desde los estudios de televisión donde simula que tiene al poder total agarrado por los cachos, también dispara sin descanso contra la oposición y sus primarias, a las cuales califica como una pérdida de tiempo, un auténtico saco “e” gatos o una trampa cazabobos de la cual saldrá más dividida y confundida que nunca.

En suma, que una auténtica cayapa, con toque de arrebato para no dejar de hostigar y desconcertar hasta el límite al electorado democrático y opositor, donde también participan jefecillos minúsculos y menos que minúsculos y esa vocería ensordecedora que no se por qué algunos analistas llaman piadosamente “hegemonía comunicacional”.

La gran pregunta es: ¿Por qué si las primarias no pueden ser otra cosa que un escandaloso fracaso y la mejor garantía de que Chávez pulverizará a una oposición sin posibilidades de redención y recuperación, no permitir que sigan su curso y se precipiten al abismo, y animarlas, alentarlas y auspiciarlas de modo que el “Comandante en Jefe” pueda decir en el momento de proclamar su victoria ( y disfruta del tradicional dulce de lechoza) que él sabía que eran “un desastre anunciado”, que no tenían otra alternativa que rodar por el precipicio, pero que las motivó y hasta financió como el “genial estratega” que siempre ha sido, y engaña a sus enemigos en el mejor estilo Sun Tzu o de Maquiavelo?

Pues creo que la respuesta hay que buscarla, más en el universo chavista que en el opositor, en el mundillo donde un caudillejo decimonónico por la fuerza de las armas y el manejo tramposo de una ideología anacrónica, y sin posibilidades de inserción en la sociedad del conocimiento, el ciberespacio y la nanotecnología, usurpa la libertad de elección de un conglomerado de 6 millones de personas y les impone una candidatura en la cual la mayoría no confía y piensa que debe ser renovada.

O sea que, la dictadura de Chávez, como todas las dictaduras ideologizadas del pasado siglo, comienza imponiéndosele a los suyos, los cuales se transforman desde el momento que la aceptan, en las piezas de una estructura articulada para oprimir a un país

De ahí que…!cómo les duele a Chávez y a los chavistas que la oposición con sus primarias los haya puesto en evidencia, como les quita el sueño tener que explicarles a sus militantes, aliados y a la comunidad internacional que la llamada democracia “participativa y protagónica” es un fiasco, que el “socialismo del siglo XXI” es el mismo comunismo stalinista de siempre, y que Chávez no es otra cosa que un caudillejo militar absolutista, cuartelario y pastoril, de aquellos que enseñaron al Fuhrer Hitler, y al Duce Mussolini que una dictadura para que se blinde férreamente debe tener una constitución de empaque, y una democracia plebiscitaria que refrende su estafa personalista y actoral.

Porque, hagan lo que hagan y digan lo que digan Chávez y lo chavistas, para los 27 millones de venezolanos, los países de América y el mundo y los organismos multilaterales que siguen el proceso electoral que conducirá a las presidenciales de 7 de octubre, la asimetría no puede ser más sencilla:

De un lado, una mayoría de demócratas venezolanos acosada, hostigada, y excluida, pero, sin embargo, con la robustez, la confianza y el coraje necesarios para enfrentar al totalitarismo sin conculcar la constitución, renunciar a la paz, ni atropellar la democracia.

Del otro, una minoría autocrática, traspuesta al poder a través de engaños, simulaciones y trapacerías, violenta y excluyente e incapaz de permitir a sus seguidores elegir el candidato que juzguen más capaz para representarlos, en vez de imponerles un presidente vitalicio, con graves problemas de salud, achacoso, y sin otra aspiración que sojuzgar al país hasta que la biología y la voluntad de Dios lo permitan.

O sea que, una Venezuela libre, democrática, constitucional, republicana, plural, alternativa, civilista, clara y transparente, enfrentada a la oscura, torva y vetusta condenada a morir porque es un accidente antihistórico, y contra civilizatorio, por cuanto a lo que acude es a los peores rasgos de las utopías totalitarias que los pueblos de finales del siglo XX derrotaron para siempre.

En otras palabras: que por ahí anda Chávez, reducido al pequeño espacio de los pocos países que son clientes de la todavía cuantiosa factura petrolera venezolana, que simulan secundarlo en sus fantasías de restaurar el comunismo y el stalinismo, hablando insensateces sobre un supuesto colapso de la democracia y la economía competitiva, más contando sus fracasos que sus triunfos, sus muertos que sus vivos.

No convenciendo, sino venciendo voluntades a punta de petrodólares y rodeándose de militares con cuentas que dar ante la justicia internacional por presuntas complicidades con el narcotráfico que son los únicos que se pueden arrimar a esta árbol sin sombra, de ramas secas y carcomido por las plantas parásitas,

Incapaz de promover y confiar en los suyos, de legarles el poder ni aun en la circunstancia de que su estado de salud no le augura un futuro ni sano ni viable, sino preso de la obsesión que ha dado cuenta del orgullo de tantos dictadores y presidentes vitalicios.

Es la gran lección de política que la oposición venezolana establecerá en las primarias del 12 de febrero próximo, la vía para poner fin al esperpento de los presidentes vitalicios que al parecer nacieron para negar la capacidad de empinarse y volar del resto de los venezolanos.

El supremo objetivo de la “no relección”, en fin, para que todo venezolano se sienta con la banda de presidente en el bolsillo si tiene condiciones espirituales, intelectuales, éticas, y convicciones democráticas para aspirar y lograrlo.

Y con este párrafo final respondo a la pregunta de por qué Chávez y los chavistas odian a las primarias.

domingo, 20 de noviembre de 2011

El debate. Artículo de Manuel Malaver



Manuel Malaver
noticierodigital.com



No solo fue que el debate entre los candidatos opositores a las primarias que buscan un ganador unitario que represente a más de la mitad del país en las elecciones presidenciales del próximo 7 de octubre, barrió con el rating del horario “prime time” del lunes pasado, sino que, encabezó la agenda política del oficialismo y la oposición en los días siguientes.

O sea que, hasta la noche del viernes, o la mañana del sábado, podían oírse en casas, lugares de trabajos, buses, universidades, busetas, calles, metros, y plazas públicas discusiones sobre quién había ganado y las tendencias hacía dónde se inclinarán las preferencias de las próximas semanas o meses dada la eficacia de este o aquel participante.

Feed-back que revela que, basta que la oposición democrática ponga sobre el tablero propuestas creativas, originales y de enorme potencial centrifugador, para que el país en conjunto se mantenga atento a su evolución y resultados.

Las primarias se establecieron, a este respecto, en un marco conceptual paradigmático, pues, no solo no se esperarían en una situación política polarizada donde los riesgos de división y escisión siempre están presentes, sino que, viniendo de la otra parte, de los “no democráticos” la orden de que el candidato es único y ya está decidido, entonces el riesgo de ir a las presidenciales con varios candidatos frente a un unificador, le arruga el alma hasta a los más optimistas.

Pero no fueron obstáculos que detuvieron a la oposición en su decisión de poner a prueba una vez más su formación y talante democráticos, en demostrar frente al país que es la alternativa real a un régimen que en 13 años no pudo salir del túnel del autoritarismo, el militarismo y el mesianismo y por ningún motivo quiere entender que el mundo ya no admite, ni a generales fuera de sus cuarteles, ni a fundamentalistas fuera de sus lugares de culto, idolatría y oración, ni a superhéroes ni semidioses en otra realidad que no sea la de las películas de ficción, juegos de computadoras y comics.

Cuarteles, iglesias, mezquitas, pagodas, sinagogas, púlpitos altares, o fábricas de imágenes e historietas, cuyo funcionamiento debe estar normado por disciplinas dictadas, unas veces por las tradiciones de la profesión, otras por verdades reveladas sustentadas en la fe, y otras por el sentido común de la economía y el comercio, pero jamás en actividades políticas que, en cuanto tales, no pueden estar alimentadas sino por las diferencias, los disensos y lo entrópico, que jamás llegan a ser uniformes, si bien deben realizarse en la diversidad.

El debate entre los candidatos de los partidos opositores a las primarias a celebrarse el 12 de febrero próximo fue una excelente demostración de ello, pues no solo lucieron diferentes en cuanto a ideas, proyectos y empaques, sino que se encontraron en el ideal de que Venezuela debe salir del túnel por donde la conduce después de 13 años el último autócrata amasado y horneado en un cuartel del continente.

Una figura goyesca e impresentable por lo demás, fuera del vehículo y del paisaje, encaramado quien sabe si en el capot, el techo o la maleta para llamar la atención, o como uno de esos espantapájaros que de vez en cuando asustan en los recodos de los caminos, más bien concebido para viajar en aquella “Máquina del Tiempo” que concibió H.G. Wells, y que bien pudo dejarlo estacionado para siempre en la Rusia de “todo el poder para los soviets”, o en la China de la Revolución Cultural Proletaria.

Pero está ahí, y con antecedentes no tan lejanos, puesto que se le pueden conseguir réplicas (o más bien modelos) en la Cuba de los hermanos Castro, el Irán de Ahmadinejad, la Bielorrusia de Lukashenko, la Siria del Bashar al Asad, el Zimbawue de Robert Mugabe y la Corea de Kim Jong-ill.

Estaba ahí la noche del debate, minutos antes de que comenzara, en sus habituales cadenas de radio y televisión y seguro que con la detestable astucia de boicotearlo con aquello de que “yo estuve primero”, pero más bien para visualizarle a los venezolanos la idea de lo que significaría dejar al país en manos de un presidente desgastado, enfermo, repetitivo y mellado por los años, en vez de entregárselo a algunos de aquellos pretendientes jóvenes en su mayoría, exitosos en sus gestiones públicas y con ideas frescas, actualizadas y en sentido inverso a las que expresaba el retrorrevolucionario Chávez.

Voy a referirme a una sola: la promesa de todos los candidatos opositores de que no se postularán para otro mandato y concluirían sus períodos al fin de los 6 años que pauta la Constitución.

Chávez, por su lado, andaba repitiendo minutos antes de que será el ÚNICO presidente de los venezolanos hasta el 2021, o quizá hasta el 2031, o el 2040.

O sea, que este reyezuelo decimonónico que ya se ha engullido 13 años de nuestro historia, aspira a continuar su hartazgo y festín, con absoluto desprecio por las nuevas generaciones de venezolanos que tienen que ser necesariamente más aptas, dotadas y capaces que él y los candidatos que estuvieron en el debate de la oposición, pero a las que el teniente coronel quiere cerrarles todas las vías de realización y superación, pues él, y solo él, y por la sola razón de la fuerza y los cañones, decidió tiranizar a Venezuela hasta que la biología se lo permita y pueda, por derecho dinástico, legársela a sus herederos.

En definitiva, que las cartas están echadas frente al país y los electores: una Venezuela para carcamanes que creen que la solución de los problemas tiene algo que ver con caudillos, montoneras y altares para adorar al héroe redentor; y otra, cuya preocupación básica es recuperar los 13 años perdidos e insertarse en un mundo global donde la democracia, la sociedad del conocimiento, la revolución tecnológica y la economía competitiva y de mercado sean las vías fundamentales para adentrarnos en el siglo XXI.

Los ejemplos de China e India en Asia, de África del Sur en África, de los países excomunistas de Europa del Este en Europa, y de Chile, Brasil, Uruguay, Perú y Colombia en América Latina son pruebas contundentes de hacia qué punto titilan las luces que señalan el camino de la libertad, la democracia, la igualdad y la prosperidad.


Por último, quiero agradecerles a la MUD, a la UCAB, a sus profesores y estudiantes, pero sobre todo, a los candidatos a las primarias: María Corina Machado, Pablo Pérez, Diego Arria, Henrique Capriles Radondski y a Leopoldo López, por la demostración que dieron al pueblo de Venezuela de que “hay otro país” y será el ganador en la inmensidad del presente y del porvenir.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Las primarias como antesala al fin del chavismo. Artículo de Manuel Malaver


Manuel Malaver
noticierodigital.com


Hubo un tiempo (años 2001-2003), cuando la oposición venezolana fue saludada en el exterior “como la mejor oposición del mundo”. Y otro, (2004-2006), cuando pudo ser etiquetada “como la peor”.

Diferencia que, en el primer caso, fue marcada por una creciente, cuantiosa e inagotable movilización de calle, y en el segundo, por un regreso a la tranquilidad familiar que permitió que se perdiera todo lo que había ganado, y que Chávez recobrara todo lo que había perdido.

La movilización de los “años dorados”, en efecto, no se acompañó con las políticas democráticas que prepararan la derrota de la autocracia en las presidenciales del 2006, sino que más bien, fue fragmentada en brotes y estallidos que, al desafiar a Chávez en el terreno en que mejor podía y sabía defenderse, la violencia, tenían que conducir a la derrota.

Inscribo el “11 de Abril” y “el Paro Petrolero” del 2002, así como el “Referendo Revocatorio del 2004, y el llamado a “la abstención en las parlamentarias de finales del 2005”, en estas impaciencias que, milagrosamente, no significaron que el chavismo se entronizara en el poder en una duración monstruosa tipo Corea del Norte o la Cuba de los hermanos Castro.

Entretanto, Chávez y los suyos, aprovechaban el tiempo de la “indignación” oposicionista para recuperar entre los más pobres los puntos que había perdido durante los años en que, incluso, salió momentáneamente del poder, y con agresivas políticas sociales que una veces llamó “misiones”, y otras “simples traslados de recursos líquidos a los sectores más vulnerables de la población”, volvió a recuperar los porcentajes de popularidad que tuvo cuando comenzó su mandato (un 70 por ciento).

Pero las peores consecuencias de los errores de los demócratas, no se vieron sino cuando procedió a “limpiar” la FAN de oficiales militares institucionalistas, llevó a cabo una escabechina en PDVSA que despidió a 25 mil trabajadores no afectos al régimen, fue controlando, lenta pero implacablemente, medios audiovisuales privados independientes que hasta hacía poco lo habían adversado, y convirtiendo en herramientas de la autocracia a los poderes públicos (CNE, TSJ, AN, Fiscalía y Contraloría General de la República) que desde entonces pasaron a ser sus “paredones de fusilamiento legales” para ir reduciendo, minimizando y desapareciendo a la oposición.

También puso fin a la libre convertibilidad del bolívar con un férreo control de cambio, y variables como los precios y los costos de producción pasaron a ser instrumentos políticos para ahogar el capitalismo privado e imponer el estatal.

O sea que, todo lo que en un sentido ortodoxo no podía llamarse sino un sistema comunista “en tránsito”, o “desovación” que, con el control de la economía a través de la fijación de los precios, la manipulación de los mercados y los límites a la propiedad, no podía sino derivar en un totalizante predominio político con cuyo empuje la luz de la oposición se fuera apagando.

No sucedió así, sin embargo, y ya para el 3 de diciembre del 2006, cuando se realizan las elecciones presidenciales que debían decidir si Chávez era reelecto o entregaba el poder a otro venezolano, el candidato de la oposición, Manuel Rosales, se alzó con casi el 45 por ciento de los votos.

Siguió otra batalla electoral, la del “Referendo para la Reforma Constitucional” del 3 de diciembre de 2007, y aquí si el gobierno (y aún la oposición) se llevaron una mayúscula sorpresa: el “NO” opositor (50,65 por ciento), derrotó al “SI” del oficialismo (49, 34 por ciento).

Y siguió el arrollamiento en las elecciones para gobernadores y alcaldes del 23 noviembre del 2008, con la oposición constituyéndose en mayoría electoral al barrer en casi todas las alcaldías de Área Metropolitana de Caracas, y ganando en 6 de los estados más poblados del país (los que constituyen casi el 60 del patrón electoral); y quitándole la mayoría calificada al chavismo en la Asamblea Nacional en las parlamentarias del 26 de septiembre del año pasado, aumentando, por esa vía, sus ventajas y reduciendo las del gobierno, para darle un cambio de rumbo al país en las elecciones presidenciales del año próximo.

Es, para graficarlo en términos lúdicos, la partida electoral que la oposición inicia con las mejores posibilidades de imponerse, y no solo porque se repetirá la tendencia de recuperación democrática que viene dándose desde el 2006, sino porque se enfrenta a un chavismo obeso, agrio, desgastado, cansado, rancio, caduco y sin otro mensaje para el electorado que la destrucción a que ha conducido a Venezuela después de 13 años de socialismo chavista, petrolero y saudita.

Un país sin servicio eléctrico regular, con autopistas, carreteras y caminos vecinales colapsados, sin agua y con un mar de basura que inunda calles, frentes y hasta el interior de los hogares, sin escuelas ni centros de salud funcionales, inflación del 35 por ciento anual, desabastecimiento, con una inseguridad personal que cobra más de 20 mil víctimas al año, corrupción creciente, generalizada e impune, narcotráfico sin control y punta de lanza de la delincuencia organizada y aliado de estados y grupos políticos calificados por la comunidad internacional “como fallidos y terroristas”.

Para colmo, con el que fue su comandante en jefe, guía máximo y conductor supremo, vapuleado por una salud en deterioro creciente e irrecuperable, agrietado, y más allá de lo que pueda pensar y desear, despidiéndose de los tiempos que dilapidó jugando al “heroecito” y tratando de imponerle al país un sistema político y económico anacrónico, inviable e inútil.

Del otro lado, de la oposición democrática, cuatro jóvenes, con promedio de edades que no traspasa los 45 años, con experiencias como funcionarios públicos electivos y exitosos, o como María Corina Machado, curtida en una gestión pública que le ganó un sitial en el corazón de Venezuela como directora-fundadora de SÚMATE; y todos con enorme vocación social, probados en su solidaridad con los más vulnerables y los que menos tienen, y dispuestos a rescatarlos del infierno de dádivas, caridad parroquial y pensiones a cambio de votos, en que los ha hundido Chávez.

Son cuatro: Enrique Capriles Radonski, Pablo Pérez, María Corina Machado y Leopoldo López, y que, si la legalidad me lo permitiera, podría votar por todos, aunque claro, lo haré por uno.

Pero podría ser por la visión estructurada que del futuro del país maneja, Enrique Capriles Radonski, su manera de acercarse a la misma, sin petulancia ni soberbia, sino más bien pensando en un esfuerzo donde él no sería sino otro obrero.

O la franqueza de brazos abiertos y sin trabas de Pablo Pérez, impaciente por compartir sus experiencias como alcalde de Maracaibo y Gobernador del Zulia y recibirlas de otro, de origen intrínsecamente popular y como tal angustiado de que sus políticas lleguen a los sectores de los cuales proviene, sin barniz intelectual ni de cualquier otra hipostasión y dejando siempre la impresión de que, no solo es un buen tercio para compartir un cafecito colocado, sino también para hacerlo, sembrarlo, cosecharlo y molerlo.

María Corina Machado, mi amiga, con quien, incluso, peleé en el programa de noticias de la mañana de la irreemplazable RCTV que conducía, Luisana Ríos, al otro día de conocerse los resultados de las parlamentarias del 26 de septiembre del año pasado donde arrasó, cuando me reclamó que no la había apoyado, que la había dejado sola, y no era que no la había apoyado, sino que dije que me parecía difícil, sino imposible, que ganara por su solo prestigio, derrotando a las maquinarias de “Primero Justicia”, “AD”, “UNT” y la en ciernes “Voluntad Popular”…!Y lo hizo!.

Y Leopoldo López, a quien he perdido de vista en los últimos tiempos, sin duda que por los meses que pasó en el exterior defendiendo su causa de la inhabilitación inconstitucional que le ha impuesto el gobierno y que tiene todas las credenciales para convertirse el 12 de febrero próximo, no solo en una sorpresa para el gobierno, sino para toda la oposición.

Cuatro líderes democráticos que como tales, se someten al veredicto de que sea el pueblo quien los postule para las presidenciales, que ya han dicho que no quieren nada con la reelección, que gobernaran con y para toda Venezuela y siguiendo los paradigmas, conceptos y principios del tiempo que les tocó vivir y no de filosofías sacadas de los baúles del siglo XIX.

Y en frente, una atmósfera no distinta al laboratorio del doctor Frankestein, y donde con artilugios seudocientíficos y menjurjes, rezos y milagros de la peor brujería, tratan de mantener a flote una realidad que ya murió y solo espera porque se le dé cristiana sepultura.

¡Paz a sus restos!