El discurso de Capriles, bajo la lupa de Fernando Mires
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Tuve la oportunidad de conversar con el politólogo chileno Fernando Mires a propósito de su artículo titulado “El discurso de Capriles” publicado recientemente.
Líneas que son convenientes repasar ya que en ellas Mires afirma que Capriles logró unificar dos dimensiones: la lucha por las libertades democráticas y la lucha por la justicia social. Además, agrega que Capriles es más que una candidatura, ya que representa un movimiento político social.
A continuación reproduzco la entrevista publicada en ExitosFM y audio: “El discurso de Capriles”
Nelson Bocaranda recibió a Fernando Mires, politólogo y sociólogo chileno, quien compartió su visión acerca del actual escenario político del país.
Autor de numerosos artículos y libros sobre filosofía política, política internacional y ciencias sociales, entre ellos: El orden de caos, La revolución que nadie soñó y El malestar en la barbarie. Actualmente es profesor en Política Internacional en la Universidad de Oldenburg, Alemania.
Este profesor ha seguido de cerca toda la campaña política de cara a las elecciones del 7 de Octubre y tiene la impresión de que la candidatura de Henrique Capriles Radonski es un “movimiento político social con características nacionales, democráticas y populares”.
Aseguró que la postulación del abanderado de la oposición ha desatado una fuerza “incontenible”, difícil de poner en número, y agregó que en la oposición hay más gente de izquierda que en el propio chavismo.
Mires comparó el discurso social de Capriles con el de Lula da Silva o Michelle Bachelet y reveló que lo nuevo en su forma de hacer campaña es que habla del interior a la ciudad, cuando otros políticos lo hacen al revés, y la voz no llega con tal fuerza.
En relación a la forma de hablar del candidato de la oposición, fuertemente criticada por los seguidores del presidente, afirmó que “ha mejora su dicción política” y que las metas propuestas son reales. Comentó que la política vive de la brevedad, de frases cortas, y todo aquel que insiste en “largas parrafadas” está fallando políticamente.
Finalizó con un consejo para los venezolanos: “hay que mantener el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad”
Escuche el análisis completo por el Circuito Éxitos.
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martes, 14 de agosto de 2012
viernes, 3 de agosto de 2012
Las encuestas de la lógica. Artículo de Fernando Mires
Fernando Mires
e-lecciones.net/
Si quien escribe no estuviera informado con cierto detalle del acontecer político de Venezuela, pensaría que Chávez arrasará en las próximas elecciones, repitiendo -según la mayoría de las encuestas- el resultado alcanzado el año 2006, como si desde esa fecha hasta ahora no hubiera pasado nada.Es por lo demás la información predominante en los medios internacionales, los cuales se limitan a reproducir encuestas como si éstas hubieran sido hechas en el país más democrático del mundo. Cómo si en Venezuela, igual que en Holanda o Suiza, los números se ajustaran a cierta lógica. Cómo si en la Venezuela de Chávez nada fuera comprable ni vendible.
Pero si la prensa internacional se diera la molestia de averiguar cómo el gobierno de Chávez se ha apropiado de medios de comunicación, del poder judicial y -sin tener mayoría numérica- del parlamentario, los lectores extranjeros entenderían, como yo entiendo, que la utilización fraudulenta de encuestas cabe estrictamente dentro de la lógica de la -por los chavistas denominada- “guerra asimétrica en contra del imperio”.
Seamos claros: para un gobierno que afronta cada elección de acuerdo a estrictos criterios militares, la manipulación de encuestas forma parte de una táctica destinada a erosionar la moral del “ejército enemigo”. Por lo tanto, lo normal en Venezuela no es que el gobierno utilice a las encuestadoras. Anormal sería si no lo hiciera.
Sin embargo, al ser situada “la brecha” que separa a Chávez y Capriles por sobre el 20%, el gobierno excedió sus propios excesos. Razón por la cual algunas empresas oficialistas han debido achicar en Julio “la brecha” en un 4% menos. Así seguirán haciéndolo hasta llegar a Octubre, cuando endilgarán a Chávez algo así como un 10% por sobre Capriles. Después de las elecciones afirmarán, por supuesto, que ocurrieron “factores imprevisibles y no encuestables”. Tiene razón Ibsen Martínez: las encuestadoras “no pegan una”.
¿Cómo –pregunta Teodoro Petkoff – justo cuando el gobierno se encuentra peor que nunca y la oposición mejor que nunca, las encuestas dan como ganador a Chávez adjudicándole porcentajes tan gigantescos? ¿Cómo puede ser posible si la tendencia de la oposición ha sido desde hace años ascendente y de pronto, sin mediar ningún motivo, desciende abruptamente? Definitivamente, algo huele a podrido. Y no es en Dinamarca.
En Venezuela hay, efectivamente, dos modos de pronosticar. Uno, de acuerdo a la lógica de las encuestas. Otro, de acuerdo a las encuestas de la lógica. Esta última, no es casualidad, es la misma que -de acuerdo a todas las informaciones- se vive en la calle. ¿A quién creer entonces? ¿A las encuestas o a la lógica? Pues bien, tratándose de la Venezuela de hoy –es mi tesis- es imposible creer en las encuestas.
¿Qué dice la lógica y no las encuestas?
La lógica dice que no hay ninguna razón para que el gobierno haya revertido la tendencia que cristalizó en las elecciones parlamentarias del 2010, cuando la oposición alcanzó el 52%. Los empresarios de encuestas argumentarán, sin duda, que en esas elecciones el candidato no era Chávez. Mas, eso no es tan cierto. En todas las elecciones el candidato ha sido Chávez. No ha habido elección en Venezuela a la que Chávez no hubiera otorgado un carácter plebiscitario.
La lógica dice que cuando hay que elegir entre un candidato enfermo y otro sano, las tendencias se dividen. Los que creen en el chavismo como religión, votarán por el “más allá”. Los que creen en la política, votarán por el “más acá”, es decir, por Capriles. Por lo demás, no hay ninguna razón lógica que lleve a concluir que un Chávez enfermo es más carismático que un Chávez sano.
Aceptando incluso que las elecciones más que racionales son emocionales, todos los informes de las grandes demostraciones de masas ocurridos durante la campaña indican que precisamente la emocionalidad, el entusiasmo, el fervor, se observan en la candidatura de Capriles. Luego, si hay una tendencia “nueva” después de las parlamentarias, ésta debería inclinarse más a favor de la oposición que del gobierno.
No se trata por cierto de hacer comparaciones. Sin embargo, es posible constatar que las condiciones en las cuales se desarrollaron las campañas presidenciales anteriores son muy distintas a la que tienen lugar en los tiempos de Capriles. Por de pronto, a diferencia de todas las candidaturas anti-chavistas, la de Capriles es la primera que ha surgido respaldada por un frente político cien por ciento unitario, con un programa común y con una dirección por todos aceptada.
Más aún, Capriles no fue elegido por cúpulas, sino como resultado de concurridas primarias las que le otorgaron altísima mayoría –no vaticinada por ninguna encuestadora, hay que reiterarlo-. Eso quiere decir: la candidatura de Capriles posee una legitimación política que no tiene la de Chávez. Quiere decir, además, que el impulso entusiasta que recogió Capriles en las primarias ha sido reinvertido en su campaña presidencial. Eso se nota incluso en el hecho de que el ayer, en la oposición numeroso, “partido de los abstencionistas”, ha dejado prácticamente de existir. De ahí que los números que dan a Chávez la misma votación que le permitió derrotar a Rosales, sean un insulto a la lógica.
La lógica indica, además, que si Capriles ha sabido llegar a los pueblos y reductos más lejanos, sumará muchísimos votos.
La lógica dice que si Capriles apela a un discurso de reconciliación y no de enfrentamiento -en una ciudadanía cansada de vivir en un clima insoportablemente agresivo- sumará muchísimos votos.
La lógica establece que si Capriles ha arrebatado a Chávez el rol de representar al futuro y no al pasado, sumará muchísimos votos.
La lógica muestra, en fin, que si hay una “brecha” en Venezuela, esa no existe entre Chávez y Capriles, sino en la cabeza de los encuestadores, o mejor dicho: entre los números que confeccionan y los todavía no conocidos que surgirán de esa “realidad–real” que siempre escapa a toda encuesta. Afortunadamente –agrego yo-.
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