Ocultar quien financió el trabajo es una amoralidad, sobre todo cuando lo hace un Estado bellaco
CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ
En Twitter: @carlosraulher
ElUniversal
El sistematizador en el siglo XX de los estudios estadísticos es nada menos que Albert Einstein en colaboración con Satyendra Bose. Lo hicieron para el estudio de las partículas subatómicas, que no se pueden ver, pesar, medir, -negación de cualquier objeto de la ciencia fáctica-, sólo intuir a partir de repeticiones de fenómenos generales en los experimentos. De allí su frase: "la estadística es lo que sabemos cuando no sabemos nada".
Sabemos que ignoramos el universo de la sociedad. Las supuestas verdades son demasiado ambiguas para la certidumbre. Es conocido el ejemplo del "pavo de Russell". Para ralentizar la fe en la verdad de los números, escribió que "observando la realidad por cientos de días, un pavo concluye que los humanos están para alimentarlo y protegerlo.
(... ) Pero un día llega la Navidad". A veces una encuesta la desmienten posteriores resultados electorales, lo que no es necesariamente que se haya equivocado, sino un cambio en la opinión o la simulación de preferencias de los electores, como ocurre en los autoritarismos, donde encuestados temen y mienten. Ortega derrotaba a Chamorro por 20 puntos una semana antes de las elecciones que ella ganó. Noriega arrasaba en el referéndum que perdió de calle.
Es necio pedir a alguna acción humana un certificado de infalibilidad, y si "se equivocan" o "aciertan" no es el tema central. Lo que si hay exigir es capacidad y honradez. Las encuestas honradas trabajan conforme a normas técnicas y éticas, mientras otras son "operaciones" de maletín de aventureros y arribistas, mercachifles de resultados, que a veces medios de comunicación toman de buena fe.
Un grave problema es la tentación profetista de ciertos encuestadores, más bien líderes vocacionales, sujetos de una curiosa metamorfosis en expertos políticos, de allí en creadores de opinión, para culminar, el peor de los mundos, caricaturas de dirigentes. Quieren orientar la marcha de las cosas, desde la garita de un "saber profundo", como los pitagóricos, venerados porque decían conocer los arcanos matemáticos del universo, inaccesibles para los demás mortales. Pero las encuestas las paga alguien.
En Venezuela tenemos el padecimiento. Y es que por la desaprensión colectiva, ciertos especímenes evolucionaron en la secuencia: encuestadores, analistas, asesores, conductores de la opinión, políticos y finalmente, algunos, magnates. Una profusión de encuestadores en los medios dictamina sobre estrategias políticas, para lo que no están calificados.
Igual "analistas políticos" empíricos, sin formación teórica ni rigor académico, repetidores de chismes y obviedades, y diversos líderes aficionados que desconocen desde la A del oficio, emocionales, radicales e infantiles. La influencia de tales personajes explica muchas de las desgracias actuales. El estado natural de los políticos de oficio es resolver situaciones sin conflicto, mientras el amateurismo no puede dominar su estridencia radical.
Lo que indican los datos no son fatalidades para obedecer. El hombre "se sale con la suya", derrota las circunstancias. Schopenhauer plantea que sobre todo está la voluntad. No hay obstáculos insalvables a la voluntad unida a la pasión y la razón. La vida humana es la lucha para derrotarlos y Prometeo, el libertador del alma humana del poder de los dioses, no claudicó.
La máxima expresión de la voluntad es la política. En circunstancias duras es acción, decisión dramática, apremiante, condicionada por otros actores que juegan en el mismo terreno. Lo peor es la traición, pasarse al enemigo por resentimientos o 30 monedas.
Si el trabajo está integralmente bien concebido: cuestionario, muestra, supervisión del trabajo de campo, procesamiento de los datos, y se culmina honradamente, aporta información útil para examinar la realidad, señalar tendencias y comportamientos mayoritarios y minoritarios.
En la ficha técnica una encuesta debe decir quién la pagó. Insólito que el presidente de una encuestadora reconozca que "recibe donaciones" del gobierno y que otro, profesional de clase media hace quince años, hoy pueda comprar una casa de tres millones de dólares.
Las encuestadoras serias en todas partes son empresas impersonales. Trabajan para individuos o empresas que necesitan estudios de entorno en la toma de decisiones. Si el cliente da a conocerlos, allá él. Es suya. Ocultar quien financió el trabajo es una grave amoralidad, sobre todo cuando descubrimos que en la oscuridad lo hace un Estado bellaco que corrompe instituciones y grupos sociales.
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sábado, 26 de mayo de 2012
sábado, 29 de octubre de 2011
Pablo Pueblo. Artículo de Carlos Raúl Hernández
Le corresponde a Pérez seducir las bases populares de la "revolución"
CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ
En Twitter: @carlosraulher
eluniversal.com
Los 36 dirigentes nacionales y 24 secretarios generales de Acción Democrática, evaluaron estudios de opinión, movilizaciones en el país y decidieron apoyar al gobernador Pablo Pérez en las primarias. En alianza con UNT e independientes, con una estrategia adecuada, sería la base para el arranque de una izquierda democrática, modernizadora y popular que dé solidez al debate electoral, hasta ahora bastante flácido. Sin partidos políticos que pongan la cara, no habrá estabilidad para un gobierno alternativo. El antipartidismo es, entre otras cosas, un recurso de caudillos vocacionales que quieren hacer lo que les da la gana. El partido político moderno, inventado por la socialdemocracia, es un mecanismo de control de los "iluminati".
El PSUV luce fuerte pese a todo, porque su pueblo se siente protagonista de un proceso histórico, una "revolución". El gobierno se puede equivocar, pero la revolución está por encima de los errores. Hay que competirle en ese terreno y presentar una alternativa trascendente con la misma fuerza simbólica. Durante gran parte del período democrático eso significaba la democracia para los venezolanos, independientemente de buenos o malos gobiernos. Eso eran AD y Copei hasta los desgraciados incidentes que defenestraron al líder más popular del sistema en 1993 y con él, al sistema mismo. No basta con proponer extraordinarias medidas de gobierno para derrotar una ilusión. Hay que crear otra.
Pablo Pérez es un dirigente triunfador, un gobernador modelo, carismático, joven, de fácil entrada con los sectores populares. Ojalá se proyecte como el estadista que encarne una idea inobjetable en el país y en el mundo: la democracia social, que deja atrás un cementerio de vejestorios ideológicos, como las oposiciones imaginarias capitalismo vs. comunismo, reformismo vs. revolución, libertad vs. justicia y demás tonterías subsidiarias. Nadie está en desacuerdo: la democracia del siglo XXI es y tiene que ser social. Le corresponde a Pérez seducir las bases populares de la "revolución" y devolverlas a la democracia social.
Algunos sectores identifican la insistencia en lo social con populismo, demagogia, estatismo, confiscaciones, "antiimperialismo", violencia, improductividad, control de cambios y precios, miseria. Y tienen razón. El radicalismo condujo al continente por varias décadas trágicas. "Progresismo" es una palabra tóxica y los reclamos plebeyos pueden oler a Perón, Castro, Velasco, Ortega, Torres, Torrijos y toda clase de criminales, terminators, e inútiles. Hoy ejercen ese papel corrosivo los dinosaurios de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua.
A partir de los 80 se produjo una transubstanciación. Felipe González, Clinton y Blair, Mitterrand, Cardoso y Lula, Fernández, CAP, Sánchez de Losada, Bachelet, hasta llegar a Torrijos (hijo) y Alan García, aggiornaron la idea de democracia social. Gracias a ellos ahora sus componentes inseparables son democracia representativa, globalización, superación efectiva de la pobreza con joint venture entre el Estado, inversión privada y el estímulo a la propiedad, descentralización, cambio tecnológico y reforma educativa.
Romper con viejos mitos del Welfare State le permitió a Clinton ser el mejor presidente de EEUU en el siglo XX. Colocó su país (ya Reagan había dado el empuje inicial) a la cabeza del mundo. Durante su gestión se crearon 20 millones de empleos y nace la Sociedad de la Información. González hizo el equivalente, e incorpora España a Europa. Esa renovación conceptual de la democracia social se ha frenado porque hoy Obama, Zapatero, Papandreu, Soares y otros, no han sabido ni podido realizar los cambios necesarios y tienen al mundo convertido en un enredo. El centro europeo, la socialdemocracia y la democracia cristiana, han permitido que los problemas se amontonen hasta llegar a las lamentables circunstancias que tenga que resolvérselos Merkel. Las grandes referencias pasaron ahora a Latinoamérica: Brasil, Chile, Uruguay, Colombia, Perú, demuestran que ser de izquierda no significa automáticamente ser tarado, pese a los esfuerzos en contrario desde Venezuela.
Pérez con AD, UNT y otras fuerzas, puede plantear al país cómo entrar al Siglo XXI, retomar el carril de la historia del que lo sacaron en estas dos décadas. Betancourt se identificó con su idea existencial, la democracia y quienes votaron por él, por eso lo hicieron. Leoni con "la pacificación", Caldera en 1968 con "el cambio", Carlos Andrés Pérez fue la modernización: ¿qué será Pablo Pérez?
CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ
En Twitter: @carlosraulher
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Los 36 dirigentes nacionales y 24 secretarios generales de Acción Democrática, evaluaron estudios de opinión, movilizaciones en el país y decidieron apoyar al gobernador Pablo Pérez en las primarias. En alianza con UNT e independientes, con una estrategia adecuada, sería la base para el arranque de una izquierda democrática, modernizadora y popular que dé solidez al debate electoral, hasta ahora bastante flácido. Sin partidos políticos que pongan la cara, no habrá estabilidad para un gobierno alternativo. El antipartidismo es, entre otras cosas, un recurso de caudillos vocacionales que quieren hacer lo que les da la gana. El partido político moderno, inventado por la socialdemocracia, es un mecanismo de control de los "iluminati".
El PSUV luce fuerte pese a todo, porque su pueblo se siente protagonista de un proceso histórico, una "revolución". El gobierno se puede equivocar, pero la revolución está por encima de los errores. Hay que competirle en ese terreno y presentar una alternativa trascendente con la misma fuerza simbólica. Durante gran parte del período democrático eso significaba la democracia para los venezolanos, independientemente de buenos o malos gobiernos. Eso eran AD y Copei hasta los desgraciados incidentes que defenestraron al líder más popular del sistema en 1993 y con él, al sistema mismo. No basta con proponer extraordinarias medidas de gobierno para derrotar una ilusión. Hay que crear otra.
Pablo Pérez es un dirigente triunfador, un gobernador modelo, carismático, joven, de fácil entrada con los sectores populares. Ojalá se proyecte como el estadista que encarne una idea inobjetable en el país y en el mundo: la democracia social, que deja atrás un cementerio de vejestorios ideológicos, como las oposiciones imaginarias capitalismo vs. comunismo, reformismo vs. revolución, libertad vs. justicia y demás tonterías subsidiarias. Nadie está en desacuerdo: la democracia del siglo XXI es y tiene que ser social. Le corresponde a Pérez seducir las bases populares de la "revolución" y devolverlas a la democracia social.
Algunos sectores identifican la insistencia en lo social con populismo, demagogia, estatismo, confiscaciones, "antiimperialismo", violencia, improductividad, control de cambios y precios, miseria. Y tienen razón. El radicalismo condujo al continente por varias décadas trágicas. "Progresismo" es una palabra tóxica y los reclamos plebeyos pueden oler a Perón, Castro, Velasco, Ortega, Torres, Torrijos y toda clase de criminales, terminators, e inútiles. Hoy ejercen ese papel corrosivo los dinosaurios de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua.
A partir de los 80 se produjo una transubstanciación. Felipe González, Clinton y Blair, Mitterrand, Cardoso y Lula, Fernández, CAP, Sánchez de Losada, Bachelet, hasta llegar a Torrijos (hijo) y Alan García, aggiornaron la idea de democracia social. Gracias a ellos ahora sus componentes inseparables son democracia representativa, globalización, superación efectiva de la pobreza con joint venture entre el Estado, inversión privada y el estímulo a la propiedad, descentralización, cambio tecnológico y reforma educativa.
Romper con viejos mitos del Welfare State le permitió a Clinton ser el mejor presidente de EEUU en el siglo XX. Colocó su país (ya Reagan había dado el empuje inicial) a la cabeza del mundo. Durante su gestión se crearon 20 millones de empleos y nace la Sociedad de la Información. González hizo el equivalente, e incorpora España a Europa. Esa renovación conceptual de la democracia social se ha frenado porque hoy Obama, Zapatero, Papandreu, Soares y otros, no han sabido ni podido realizar los cambios necesarios y tienen al mundo convertido en un enredo. El centro europeo, la socialdemocracia y la democracia cristiana, han permitido que los problemas se amontonen hasta llegar a las lamentables circunstancias que tenga que resolvérselos Merkel. Las grandes referencias pasaron ahora a Latinoamérica: Brasil, Chile, Uruguay, Colombia, Perú, demuestran que ser de izquierda no significa automáticamente ser tarado, pese a los esfuerzos en contrario desde Venezuela.
Pérez con AD, UNT y otras fuerzas, puede plantear al país cómo entrar al Siglo XXI, retomar el carril de la historia del que lo sacaron en estas dos décadas. Betancourt se identificó con su idea existencial, la democracia y quienes votaron por él, por eso lo hicieron. Leoni con "la pacificación", Caldera en 1968 con "el cambio", Carlos Andrés Pérez fue la modernización: ¿qué será Pablo Pérez?
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