domingo, 19 de agosto de 2012

El reto del contendor. Artículo de Luis Vicente León

Si el final estuviera cantado, ¿para qué elevar la temperatura de las campañas en el último mes?

LUIS VICENTE LEÓN

En Twitter: @luisvicenteleon

EL UNIVERSAL

La semana pasada comentamos que en septiembre la campaña presidencial entra en el clímax. Es la etapa crucial, cuando la atención del país se centra en lo que los candidatos hacen y dicen y es cuando se pueden producir cambios bruscos en las tendencias electorales. Los electores tienen en esta fecha una alta sensibilidad, distinta a la convencional. Es como ese momento en el que luego de pasar mucho rato controlándote en un tráfico, con unas ganas horribles de ir al baño, finalmente llegas a tu casa, paras el carro y corres al ascensor. Desde ahí hasta llegar a tu destino final puede pasar cualquier cosa. Esa es una etapa corta pero crucial, en la que todo puede pasar.

Los candidatos tienen en este período su máxima (y última) oportunidad de crecer o voltear tendencias, a la vez que corren los mayores riesgos de perder sus ventajas o profundizar su desventaja.

Los lineal pensantes dirán: ambiguo, ¡estás diciendo que puede pasar cualquier cosa!

Pues exactamente eso estoy diciendo, pero a diferencia de lo que piensan los simplistas, esta es una información determinante para la estrategia política.

Con la excepción de los casos donde los candidatos llegan al clímax con una diferencia gigante, que solo puede ser resuelta por un milagro, los candidatos tiran el resto al final de la contienda en términos de recursos, publicidad, contacto directo, entrevistas, anuncios, promesas, propuestas, rumores, escándalos, entre otras. Lo hacen porque están esperando producir cambios. Si el final estuviera cantado, ¿para qué elevar la temperatura de las campañas en el último mes? ¿Por qué se mueven los cuadros políticos a la calle? ¿Con qué objetivo se realizan los eventos de cierre? ¿Qué buscan pidiendo encuestas con frecuencia casi diaria? Obvio. Saben que el mercado se puede mover... y necesitan empujarlo y monitorearlo. Los únicos que creen que el futuro está definido previamente y nada puede cambiar la trama prevista son los linealpensantes... y algunos escritores de novelas rosa, valga la redundancia.

Ahora bien, la posibilidad de éxito de un candidato en esta fase no está definida siempre por la casualidad o la suerte, aunque eso también se ha visto (se conoce como el cisne negro). La mayoría de las veces los cambios finales han sido provocados y el más interesado es aquel candidato que, sin estar en la primera posición, mantiene viva su opción de triunfo.

Los favoritos no siempre ganan, pero algo importante tiene que pasar para que no sea así. Es como una carrera de Fórmula 1. Al dar la partida, el corredor que había quedado primero en las carreras de preclasificación sale en la mejor posición. Eso no significa que va a ganar necesariamente, pero sí que toma la delantera al arranque y su trabajo más importante es evitar que lo pasen quienes vienen atrás, cerca o lejos. Eso le exige movimientos de bloqueo al contendor, pero evidentemente sus riesgos son menores, a menos que los otros lo lleve al extremo. El retador en cambio tiene que tirarse por la banda; necesita acelerar en curva peligrosa; no puede evitar movimientos bruscos que pongan en peligro sus cauchos, porque si toma una ruta conservadora o si se confunde creyendo que va adelante sin estarlo, aun haciendo una carrera preciosa, va a llegar a la meta después del primero, aunque sea por milésimas de segundos y entonces hay que pasar al análisis de si el resultado es malo o peor.

¡Ups! Se me acabó el espacio y no puedo compartir hoy algunos ejemplos de lo que podrían ser movimientos arriesgados de ese tipo, pero quizás esto me permita describir cosas que ya habrán pasado en vez de dedicarme a realizar hipótesis abstractas. Hasta entonces.

Luisvicenteleon@gmail.com @luisvicenteleon

No hay comentarios.:

Publicar un comentario