domingo, 29 de enero de 2012

¿Por quién votar en las primarias?. Artículo de Karl Krispin

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Karl Krispin
lapatilla.com/



En 1999 pertenecí a los 300 mil venezolanos que le dijeron no a la constituyente. Eso no hacía falta en un país jalonado entre casi 30 cartas magnas : “líricos catálogos de felicidad colectiva” según Plinio Apuleyo Mendoza. La última fue más lejos: adjetivó la venezolanidad bajo el bolivarianismo y dejó abierta la posibilidad del gobierno eterno. Algunos señalan que el tratamiento a los derechos humanos de nuestra Constitución es único en el planeta. Pregúntenle a Iván Simonovis o a la jueza Afiuni qué piensan sobre esa frase de agenda. Si nos hubiésemos opuesto con el libreto de la historia a la constituyente, mucho habríamos evitado. Hoy tenemos unas primarias en puertas y cuesta creer que haya que recordar que votemos porque hay descreídos y holgazanes a quienes les vale madre quien gobierne. Si fuese por los que se dan de baja, este sería ya el país de los Soviets. A veces los desganados han venido de los propios partidos políticos como cuando se consagró la estupidez de no votar en las legislativas. Ojalá el inventario de los errores de estos años, cometidos por la oposición, nos sirva de algo.

Los candidatos a las elecciones primarias otorgan optimismo. Uno de ellos enfrentará al Supremo. Llegue quien llegue a la presidencia, debería pensarse en reformar la Constitución para volver a nuestro nombre original de República de Venezuela y prohibir absolutamente toda reelección. Este voto primario debe servir también para democratizar todos los partidos políticos venezolanos. No se puede salir a vender la democracia si no se comienza por casa.

No resulta fácil la hora y por ello no entiendo a los inactivos. Se nos está yendo de las manos el país. Apenas tenemos minutos para escoger el futuro. Conozco a María Corina Machado hace muchos años. Sé de dónde viene, la madera que la ha labrado. Con toda certeza quiere que esto sea un mejor país. Pero más allá de la declaración cándida, porque las promesas envuelven universos enteros, lo hace con la convicción de que sólo el capitalismo salva. Y de esto nadie se había atrevido a hablar por temor a la palabra. Con el coraje de no tranzarse “frente a los casi todos” (la frase es del poeta Juan Ramón Jiménez) es la candidata con la mayor coherencia de ideas que he visto en muchos años. Rescata lo negado: edificar con ética un capitalismo popular. Desde el 18 de octubre de 1945 aquí de lo que se habla es del Estado y su poder retrechero.

A quienes se les haga la boca agua ante el populismo y la repartición dicharachera, les recomiendo que se olviden de las primarias y voten por el candidato del oficialismo. No cambien si tienen al propio. Quienes no asistan a la votación primaria, estarán cohonestando con el régimen. El pueblo eligió lo inexacto porque ofreció una lotería eventual, el número de un porvenir luminoso. En 1998 los partidos y la clase media se suicidaron en primavera ante una impostura que invocaba los milagros de Macondo. Se arruinó al país, se lo endeudó por generaciones y se empezó a regar la voz de que seríamos socialistas. Para colmo de males, buscaron a unos ancianos uniformados mascando el agua en Cuba para obsequiarles el país. Frente lo anterior, hay buenas perspectivas. El 48% de la población laboral es informal: un auspicioso grupo de emprendedores que no necesita alucinar con “Aló Presidente” sino que sale a trabajar en la madrugada para su supervivencia. Lo privado será la clave del crecimiento y habrá que superar la cultura parasitaria.

Sólo la libertad de empresa, capitalismo, estado de Derecho y un Gobierno que comience a cerrar brechas y a incluir, son las vías para desmontar la actual mojiganga. Me permito recomendar votar por María Corina Machado, de quien sé que jamás traicionará las aspiraciones de la sociedad libre.

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