domingo, 23 de octubre de 2011

¿Quién es el propio?. Artículo de Luís Vicente León

No hay diferencia entre lo que busca una adolescente en su pareja y lo que busca la gente en su líder

LUIS VICENTE LEÓN
En Twitter: @luisvicenteleon
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Me han preguntado eso tantas veces en estos 20 años trabajando con encuestas, que ya debería tener una respuesta concreta. Pero la verdad es que, a la luz de las diferencias entre lo que la gente ha dicho que es su ideal y lo que ha hecho, sólo sabemos que no hay consistencia entre la verbalización y la materialización en términos de votos.

Las respuestas de la población a esta pregunta recuerdan las prefabricadas por una quinceañera interrogada por su padre, al regreso de una fiesta, sobre las características de su hombre ideal: "Ay, papá, tú si tienes cosas: bueno, que sea trabajador, inteligente, preparado, honesto, familiar, buenmozo, con valores y de buena familia". "Caray, mija. Tú si estás clarita", le dice el papá yéndose a la cama orgulloso de la labor cumplida. El rollo arranca después, cuando la niña llega con el primer novio a la casa. Un esperpento, primitivo, chabacano, gritón, ordinario, sin oficio, comemocos y prepotente.

Cuando el papá lo ve, se aparta con la niña y le susurra: "¿Mira, mi vida, no podías conseguirte alguien que tuviera aunque sea UNA de las características que me describiste de tu pareja ideal?". "Ah no, papá, éste es el que me da nota".

Nota, esa es la palabra mágica.

Puede tratar de prohibir la relación: va a perder. Puede intentar persuadirla de su error: no le va a parar. Puede amenazarla con desheredarla: se volverá hippie. Puede tratar de pulir al susodicho en una operación Pigmalión: es más probable que termine él con 3 piercings en la lengua antes que acomodar al espécimen. No, no, no. Lo que queda en este caso es armarse de paciencia, prepararse tipo maratón, ir a misa a echar una rezadita pidiendo a Dios que le devuelva a la muchachita el criterio perdido, mientras tratas de entender qué significa ese sentimiento que ella llamó "nota" y así poder echarle una manito a otro galán que triangule las emociones que alborotan sus hormonas quinceañeras con la racionalidad que requerirá ella misma para llegar con éxito a la madurez.

No serán encuestas las que ayudarán a entender ese significado, sino el análisis estratégico de su comportamiento de selección y conexión.

No hay receta que permita resolver el acertijo, pero si hay algo en las investigaciones políticas que podría ayudar. Más allá de las particularidades de cada quinceañera, la evidencia indica que el componente principal de esa "nota" se encuentra en la "frescura" del galán.

Pero, ¿con qué se come eso de frescura? Los germánicos, de donde viene la palabra, la describían como una mezcla perfecta de juventud, agilidad y viveza. Como indica José Antonio Marina en su Elogio y Refutación del Ingenio, lo fresco tiene la prestancia de lo no usado, de lo que renace continuamente sin estancarse, ni envejecer, ni convertirse en rutina. Es espontaneidad sin resabios. Es firmeza y resolución. Pero lo más importante, la frescura tiene que ser divertida.

En mi opinión, no hay diferencia entre lo que busca una adolescente (y también las mayorcitas) en su pareja y lo que busca la gente en su líder. Puede que a veces su selección nos parezca inadecuada y en efecto el resultado sea desastroso, pero es obvio que a ella, que en definitiva es la protagonista, le da "nota" y les aseguro que eso no se combate con reprimendas, castigos, ni propuestas de cambio hacia lo aburrido, sino con la presentación de alternativas renovadoras, inteligentes, diferentes y divertidas. Las últimas mediciones sobre las primarias de la oposición empiezan a darnos luces sobre la relación entre las muchachas y los galanes alternativos y, por los nombres que ahí aparecen, parece que el propio comienza a aparecer... Pero de eso hablaremos en una próxima oportunidad.

luisvicenteleon@gmail.com

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